jueves, 25 de abril de 2024

Pronóstico en proa

Me desperté con más de un millón de fantasmas en la cabeza. Mi cuerpo pasaba factura de las noches en que no pude contener mi yo roto, con despecho. Intente, diligente y tenazmente, acomodar en fila -o quizás en pirámide- estas sensaciones que cambian las reglas del juego. 
Dentro de las cuatro semanas, volvía a ser el día número siete, y cuan lujosos se sentían éstos en la cama: pensando en vos, tocando mi ser por vos. 
Mi yo íntegro, no paraba la avidez de caer con vos. Toda mi totalidad pronosticaba este insufrible sentir. Sí, te escogía por lo bueno ante lo malo de mi propia razón. Si todo siempre fue inexplicable.
Noches compulsivas, mañanas depresivas, tardes de terapia, nada se arreglaba... y esta vez, la culpa era mía. Tal vez porque la culpa, realmente, siempre fue mía. Tuve la posibilidad de racionalizar mis sentimientos y apartarlos, pero inclusive con todo pronóstico en contra, te seguía buscando.

martes, 16 de abril de 2024

Whisky barato y pepsi sin azúcar

    Se prendió la pantalla justo a las 21:12, estaba feliz por motivos personales, pero interiormente, estaba con heridas. Heridas que se volvían a abrir por el dolor que causaba la desilusión. Había tomado sin querer, e inconscientemente en realidad, la decisión de no salir a hacer mis actividades. No sé si tenía que ver con que hace tres días que llovía, que el Domingo fue el peor día de la semana –cuando es mi día favorito-, o que había empezado a caer la última gota de la copa que estaba siendo mi mejor amiga, vacía como yo. Entendí que la situación no me enojaba. Era lo terrible de la desilusión, ni siquiera podemos protestar porque no es enojo… es tristeza, es realidad.
    Los días no fueron buenos, pero podían mejorar. Otra cosa que me da lástima de ser lo que soy es que el dolor me agrada, aunque no quiera asumirlo, aunque me cueste ser sincero. Estaba tomando las decisiones más importantes del año, que viene haciendo lio. Se aproxima un año en donde me volví un hombre de negocios, un capricorniano, un ser que pone límites, al fin. El viernes había sido espectacular, el sábado se hizo salvaje, el domingo me rompió.
    No quiero ser un ser miserable, egoísta, pero siéndome sincero entiendo que el egoísmo es necesario. No voy a resignarme a romperme más y menos por la familia que no pude elegir. Voy a decidir, elegir, imponer, cerrar cosas. Entiendo de lo malo -eso sí-, sé que gracias a que los míos me abandonan surge esta importancia de cobijarme bajo este ser solitario que escribe en bares con cafés, el que rebusca entre la nicotina, la sativa... El que hace planes solo, porque así no tiene ni la posibilidad de contar con quien desilusionarse -porque no quiere desilusionarse más-, el ser que encontró en la soledad el cariño propio, el amor incondicional. El que hoy renuncia a todos estos placeres porque ama a una mujer que lo hace feliz.
    Hoy este ser que siente angustia rompe con los esquemas, dice que no, lucha contra los actos incomprendidos de las personas, y no lo siente personal. 
    Hoy este ser, este lobo estepario, acepta su realidad, finge demencia, y sigue adelante.

lunes, 15 de abril de 2024

24 de Marzo

 Me siento rara. Confundida. Me duele sentir o percibir. Me duele que la mayoría de las veces el instinto gane. Me duele porque... como te dije hoy con tristeza, y buscando una respuesta, ¿Por qué siempre las figuras paternas se me mueren?
Si pudiera te daría mis manos, mis piernas, mi cuerpo entero, sin dudarlo. Me duele que sé, a ciencia cierta, jamás lo aceptarías. Entiendo que viviste demasiado, que ya queres partir, que estás cansado -inclusive de vos- pero te quiero, y por eso, duele.
No sé si soporto otra despedida. Sé que debo hacerlo; por vos, por mí. Me aconsejaste que me descalce, que pise la tierra, que descargue toda energía. Me cocinaste como en la última cena, y aunque haya sido un almuerzo, así se sintió. Mi corazón se encogió.
Sé que soy chica -mucho más que vos- pero también sé, que vivimos cosas similares, que nuestras almas se volvieron a encontrar, que fuiste ese alguien en algún otro momento. ¿Qué tenía que enseñarte yo a vos? Es la pregunta que me hago, porque sé lo que tenías que enseñarme vos a mí: Tu bondad, tu amor, tu devoción a Dios, tu horror a las drogas, analgésicos, tu soledad...
Ya te extraño. Sigo con miedo de no verte más.
Hoy me dejaste fotografiarte por primera vez. Incluso creo que hoy no vine por mí, vine por vos; Y siguen cayendo las señales, y más me aterra. No quiero verte ahí, bajo la tierra. Prefiero tocar tus manos, escuchar tu palabra, contemplarte en todo tu esplendor.
Abuelo, el que enseña, el que ama tiernamente, el que consuela, escucha, atiende aún no queriendo. Te agradezco hoy, mañana, siempre. Te agradezco eternamente.

martes, 26 de marzo de 2024

a Carlos

                                                                                                                  24 de Marzo, 24.

                                                                                                                                 16:08 a.m                    

A Carlos, con todo mi amor:


Quizás hoy sea nuestra despedida. Por mas que duela...

Te despediste sin decirlo, o diciéndolo todo.

Tengo miedo, y me aterra un futuro sin vos,

aterra tu falta que ya la siento.

Da miedo no comprender que ya te despidas.


¿Quién va a cocinarme con amor?

¿Quién va a hablarme desde lo profundo de su corazón?

¿Quién va a comprenderme, contenerme, dedicarme?


Así como llegaste, te me esfumas;

Fugaz, hermoso, de Dios.

Quizás me equivoque y ésta no sea una despedida...

Ojala me quieras aún no estando en esta vida.

miércoles, 28 de febrero de 2024

Apnea

     Y eso es lo que en realidad duele. Sentir que después de todo lo pasado ahora parece prohibido, ahora resulte prohibido ¿Qué tan desquiciado podía estar yo? Si volver a anhelar lo ya tenido era algo del montón. Simplemente imaginaba la idea, daba vueltas en mi cabeza suplicándome que lo considere. Que peligrosa combinación...

¿Qué era lo peligroso de esta idea recurrente que me volvía completamente insensato?
¿Qué me volvía completamente insensato?
¿Por qué no se había consumido en fugaces como todo lo demás?
¿Qué era lo especial e incomprendido para mi de esto?

    Seguías siendo ese cigarrillo que lograba calmar alguna ansiedad; pero lo jodido de la ansiedad es que logra gobernar, y yo no podía permitírmelo nuevamente ¿Qué jodidamente inexplicable me sentía en este momento? ¿Por qué se sentía bien? ¿En serio era tan fácil recaer? 

¿Por qué de repente me volvía un amnésico compulsivo?
¿Por qué de repente volvía a tener apnea?
¿Por qué de repente... te amaba de nuevo?

domingo, 2 de octubre de 2022

Verano

    Esa tarde se encontraba hamacándose en este sillón de madera que, yo, con ilusiones había instalado con tirantes del techo a la salida de la puerta trasera de la casa de verano, donde pasábamos algunos días. Me había pedido, o como sonó para mi proposición exigido, que lo hiciera. Cuando le surgió esta atracción, lo de un sillón colgante, sentí felicidad. Imagine que por algunos instantes nos pensaba a ambos, nos tenia presente en su mente ahí, en nuestra casa de verano  a la que corríamos escapando de la ciudad que nos enloquecía con sus costumbres. Aunque en realidad fueran esas costumbres las que nos hacían querer correr, querer tele-transportarnos por no querernos mas de lo que quisiéramos, de lo que queríamos. 
    Se hamacaba con esmero como una niña que en pleno descubrimiento se subía a su primer hamaca. Tenia cara de sentirse a gusto, como cuando testeaba esas combinaciones de comidas que nadie cataría. Pensé en lo bella que se veía, y en como me gustaba la elegante forma en que lo hacia. Estaba distraída, con su mirada a lo lejos, posicionando sus ojos al horizonte. Mientras, yo, me carcomía en pensamientos.
    La idea de que podía ser mi hija desquiciaba en estas ocasiones mi ya arruinado juicio. Y por mas catastróficos que fueran estos pensamientos, no dejaba de mirarla así. Pese a que no sabia a ciencia cierta como es que la miraba, note que quise mirarla con lujuria, quise que mi designio fuera por el lado de la perversión aunque tuve la dificultad de no lograr hacerlo. Ya no lograba mirarla de esta forma que obligadamente pretendía encaminar. Me estremecía la manera en que todo mi ser se convirtió en inexplicable cuando se trataba de ella. Quizás lo que me asustaba no era verla como lo que podría haber sido, un engendro de mi propia genética. Eso asustaba pero por el contrario, al verla así, me demostraba la fragilidad que sentía por ella.
    Me venció. Pero ya no quería acceder a sus suplicas, mas no podía dañarla. Aun cuando para ella ese dolor significara el gesto de amor que necesitaba generar para sentirse querida. Y todo porque yo si la quería. No se si de la manera correcta del deber porque ¿Qué es lo correcto? Si no comprendía siquiera si era amor, lujuria, obsesión, algún deseo real u otro trauma encubierto. Ahora bien... 
¿Era amor? Nunca pude responderme esa pregunta recurrente, quizás la respuesta no me interesaba, o quizás nunca fui tan fuerte para aceptarla. 
    Me sentía arrepentido de cada una de las veces que la había fustigado, inclusive esto hizo que no vuelva a consentir ninguno de sus deseos sexuales, porque aunque como evidencie que a ella no la dañaban, a mi, me hería en lo mas recóndito.
    En verdad quería amarla, pero para no distar su presencia debía mantenerme fuerte en este sometimiento de no expresarlo. No dejaba que la quiera bien. No quise quererla entonces. No jugué mas.
    Me destrozó el cariño, me volvió una bestia despiadada que cuando buscaba cumplir mis equivocados deseos -sus deseos- terminaba por conseguir que deba enfrentarme, cada vez mas, con mi ser psicópata; este ser que antes de ella no sabia que guardaba.
    Ella se empeño, termino por lograrlo, hizo salir a flote mi desquiciamiento en el tiempo que vino hacia mi en beneficio de su propio desprecio. Su desprecio concluyo con mi propio desprecio, por consecuencia, termine por despreciarnos a los dos.
    Imagino, y aunque deseo me haya engañado también en esto de pensar, que nunca se quiso de verdad.
Ya por mi lado y con el transcurso del tiempo, comencé a sentir asco de mi manera de ser: una animalia. Desde ese día, no volví a verla, y desde entonces... preferí quedarme con este magnifico recuerdo: Ella, hamacándose como una niña a la que le estremece el viento en la cara, cuando el viento destapando devotamente su vestido, la demostraba queriéndose bien al fin.

lunes, 29 de agosto de 2022

Muerte súbita

    Una sola tarde me hizo el amor, fue la primera vez que demostró una pizca de afecto. No me ocurría hace tiempo lo de encontrarme en este estado; el de sentirme tan sobreexcitado. Me encontraba así porque Eva había accedido a mi propuesta sin poner esa cara de obligación –la que solía poner cuando no podía decir no. Dijo sí, sin peros, sin las miles de excusas que salían de su boca cuando, yo, intentaba acercarme más. Esa tarde me sentí desamparado. Me sentí en desamparo cuando después de nuestro encuentro intentó susurrar algo entre dientes que no trascendió, cuando al irse cerró la puerta con fuerza pero al límite, y no se despidió. Ese atardecer logró implantar en mí una angustia, tan grande, que oprimió mis sesos como si fueran a dañarse, encogerse, fenecer. No tuve estrategias. No pude comportarme como valiente porque lo entendí mucho tiempo después de que sucediera. A mí nunca me salía eso de tratar de robar su libertad, de implantar mis pensamientos en su cabeza. No quería corromperla de ningún modo. Ella para mí, seria eternamente esa pequeña señorita: la que uno de los días más fríos del año observo con ojos de amor a una pareja, en un café; la pequeña que, cuando dejaba de ser pequeña, entraba a un bar de mala racha a las diecinueve horas y cometía los peores actos de diantre; los actos más inmundos de su ser. No tuve ideas de cómo lograr que mi boca reprodujera las letras que formaban ésta maldita oración, o ¿plegaria? para que no se marchara.
Esa tarde me encontraba sobreexcitado. Ella subió las escaleras con atención, prestándole el adecuado cuidado a cada paso que daba. Era como si pidiera permiso con cada uno de los movimientos de sus caderas. Fue despacio. Mantuvo la calma. La sentí diferente, empero, no esperaba lo sucedido en esa habitación...
    Después de sentarse en la cama y quedarse en silencio por algunos minutos, acomodo mi cuerpo con cuidado y beso cada parte de mí como si me cortejara de verdad. Me acaricio dócilmente. Me tomo delicadamente. No llego a besar mi frente y, sin embargo, si beso mi corazón que estaba siendo desgarrado
 por una boca que no suspendía su camino. Detrás de mi, comenzó por masajear cada musculo de mi espalada, fue recorriéndolos sin ser excluyente con ninguno. Retrocedió de su posición inicial para dirigirse hacia abajo, a mis piernas, y cuando parecía que cesaba prosiguió con mis pies mientras yo me encontraba disfrutando boca abajo. Cruzó por un costado hacia la cabecera, giró mi cuerpo, y coloco mi cabeza entre sus piernas, en aquel momento fue cuando volvió a hacerlo, cuando volvió a masajear mi cuello, cuando luego debilito con los círculos que formaban sus dedos en mi rostro cada tensión retenida, cada emoción contenida. Todo el rencor o enojo que alguna vez había sentido se había evaporado.
    La pequeña señorita desamparaba mis noches, pero ahora, ya no eran nada, no existía tal sensación de desamparo. Siquiera podía existir algo que sea comparable con estos diez minutos. Invirtió el polo norte en polo sur, el horizonte dejo de ser horizonte, pasaba de ser montaña simple a volcánica, manifestándose solo en ese instante. Fueron los minutos más prodigiosos de toda mi absurda vida. Después de los masajes volvió a tocarme con amor. Esta vez, con amor, hizo evidente que su pretensión era la que yo pudiera percibir esta acción como la que utilizaba, cuando sin verbalizar me pedía que la cogiera. Pero, contrariamente, no me dejo hacerlo. Esta vez no me ordenó, no rebusco en la forma bestial. Se acomodó sobre mí siendo totalmente cuidadosa con cada movimiento que su cuerpo perpetraba, y aunque de perpetrar se trate, no se sintió un crimen cuando estuvo sobre mí, apoyo su pecho contra mi cara, y luego, tomando mas distancia, me rodeo con sus dos manos por detrás de la nuca con ternura. No fue un crimen... se
sintió a muerte súbita. Se movió tan minuciosamente como si yo fuera un cachorro al que no quería lastimar. Me beso en los labios, dos, o tres -quizás cuatro veces. Me hizo el amor suavemente. No abrevió, ni trato de hacerlo. Sus caderas llevaban el compás de un piano que a mis oídos les sonaba cálidamente: notas bajas, suaves, relajantes. Su pecho se inclinaba sobre el mío con agrado y esmero, se inclinaba como pidiendo permiso. Yo la amaba hace tiempo, y nunca lo dije. Ella, había dicho te amo.
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