HABIA ACORDADO DE IMPREVISTO:
Inmediatamente en
seguida de haber vuelto de ese lugar tan raro al que concurrió, donde la
esperaba un ser extraño; que inclusive le ofreció de prestado un libro de poesía
<<estaciones de tinta negra>>. Gozaba de haberse despedido de éste,
fría y rápidamente. No por temer, sino porque se había encontrado ante una situación
rara. No sabía de buena tinta muy bien porque le pasaba, pero de algún modo no
estaba cómoda.
¿Sería por
haberlo conocido hace dos minutos, o por su gato mimoso con nombre de comida? Claro
que no era nada de ello… Muy en su interior comprendía esta vez, que ya no estaba
dispuesta a estas situaciones. Ya no debía actuar como en su antigüedad sobre
las cosas, y/o hechos que le acontecían. Esta vez debía cuidarse de los demás –de ella misma-.
Como venía relatando:
había acordado por teléfono pero de imprevisto (porque era algo que no había tenido
si quiera imaginado) ir a su café predilecto a merendar su yogur favorito.
Nada le hacía tan
feliz como aprovechar en el invierno: el caminar, e ir a sentarse libre a
escribir: comiendo su leche agria (con granola, frutas de estación y miel),
favorita, y bebiendo su café descafeinado (descafeinado que por obligación había
comenzado a beber hace unos meses atrás).
Café descafeinado – que ironía pensaba- con
leche de almendras.
También pensaba después de todo: que esas eran algunas de
las cosas que la hacían sentirse viva de vez en cuando. Le surgió el
auto-responderse a una pregunta que le hizo una persona amada por ella, un día
antes de esto, y que en ese momento no tuvo la respuesta; por estar deprimida,
por no saber que le pasaba ese día. Pero en este preciso momento sí; si estaba
al tanto. Pensaba en la locura de ver, y de lograr reconocer que por estas infantas
cosas, concluía levantarse siempre ante el día que le tocaba. Porque esto hacia
un poco de justicia a su frase de cabecera
“ser feliz es darse cuenta”;
Frase
que utilizaba bastante de seguido -que había leído en un libro, en algún momento
de su adolescencia-.
A todo lo demás,
el libro de poesía llego en buen momento: Le servía porque tenía un poema sobre
el “desequilibrio” y otro que se llama “guiarme a perderme”.
Su idea – varias veces
en su cabeza rondaba- era inmiscuirse en la escritura de la poesía. La poderosa
y mágica trama de la poesía. El Inconveniente era, que la mayoría de las veces
se auto-exigía hacerlo bien (y si bien tenía escrito - y lo hacía varias veces-
no obstante le parecían “bastantes
pasables”), pero no llegaba a convencerse de ser buena. Entonces había
comprendido cerrando esta página de escritura, de que cuando podía darse cuenta
que era feliz en algunos momentos, lo único que pasaba, es que todo podía estar
solo bien; y que al contrario de la primera ley de Murphy, solo iba a pasar lo
que tenga que pasar, pero en el buen sentido de la vida. Ahora si hablamos de
la segunda ley: ahí si le daba la derecha.