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lunes, 18 de julio de 2022

El juego del saxo

Venían deseándose desde el bar. Se habían mirado en algún momento como sabiendo que buscaban el mismo desenlace. Tuvieron algunos roces. No compartieron palabras, pero sabían que se irían juntos.

Ella le dijo para irse, y él… bajo las escaleras. Escaparon del lugar directamente al estacionamiento. Abrieron las puertas y acomodaron los sillones. Si algo se complicó fue solo para darle inicio al momento. Ahora el escenario era un auto, sobre una calle oscura, en medio de la ciudad. La ropa de ella, ya no se encontraba tapando su cuerpo. No hicieron falta las palabras en ningún momento porque todo instantáneamente se tornó a lo tántrico. Después del reconocimiento previo, se gustaron. A ella la motivaba: lo pervertido, lo indisimulado. Sabía que quería el jugo de él en cualquiera de sus partes. A él, se lo veía decidido. Estaba predispuesto esa noche para dárselo. Darle esto que ella ansiaba y le pedía con su cuerpo.

Accedieron mutuamente a los gemidos, sin pedir permiso, sin dejar de prestar atención en el otro. Cada cual se posicionaba para dejarse complacer. Porque cuando el cuerpo se posiciona naturalmente, las palabras no son reproducidas. Entonces escalas de sinfonías fueron sintonizadas, los volúmenes se volvieron armónicos, las pieles se fundieron con el mismo aroma. Un aroma reconocido por ambos. Se amoldaron a la incomodidad de un reducido espacio y lo supieron aprovechar, ya que con una buena posición, lo demás, se dimensiono para coordinar el acto.

Ya ella de espaldas, encima de él, acomodo sus piernas para lograr el cometido.  Al final nada costaba. El mejor de los rituales era ahora su figura ya ensamblaba con la de él, dándole lugar a sus movimientos de caderas. Ella, como contorsionista, preparaba el siguiente escenario. Si bien estaba apresurada para encontrarse con él en el orgasmo, no obstante quería tomárselo con calma. Esta vez la ansiedad no iba a ganarle al sentir.

Con su danza fue persiguiendo ese fin, pero con total calma, disfrutando de la situación que le generaba sentir su pene dentro. Siguió actuando conforme a su anatomía, y lo que esta le pedía. Paso de contorsionista a ser su bailarina. Ella creaba los escenarios, y con su baile lo mantenía en órbita a él. Este escenario en donde la entrada no se cobraba, solo se agradecía.

Para ella esto era el juego del saxo. Que quizás más que un juego es el sonido que transcurre en su cabeza. Un saxo sonando. Su melodía la lleva, la enciende, para seguir con su accionar. Este saxo que suena según sus deseos, dejando a libre albedrio lo siguiente. Todos sus caprichos estaban siendo cumplidos de la mejor manera posible. Él se dejaba cabalgar, sin quejas y sin preguntas, solo gozaba del momento en donde ni las pequeñas luces que llegaban a alumbrarlos importunaba.  

Después de algún que otro orgasmo vaginal; ella, mientras él la penetraba por detrás, frotaba con dos de sus dedos derechos, la terminación nerviosa donde era acumulado todo su potencial, donde contenía un insuperable y diferente orgasmo final. El, se encontraba en el mismo momento. Donde el cuerpo sale de su cotidianeidad para explotar en otro estado. No estaban cansados, solo querían acabar.

Mojo sus dedos. Los volvió a posicionar en su vagina; frotando adelante y colando los restantes por debajo. El siguió penetrándola, pero más rápidamente; mientras ella envolvía y empañaba con gemidos los cristales del auto donde se encontraban. Ni el frio paro este momento en donde entre cuatro o cinco gemidos finales, le provocaron el clímax. Ambos lo comenzaron, y ambos, con una sincronía, lo terminaron.

miércoles, 11 de mayo de 2022

22 de Abril, 2022

22 de abril, 2022.

                                                 Sábado/ sin Otoño.

 

 

No se asusten. Yo quiero vivir, pero me cuesta respirar.

Hoy me duele la vida más –quizás- que en otro momento.

Desprenderme de mis bebes me va a terminar destruyendo el corazón.

No entiendan. No ayuden; porque no lo soporto. No lo rechazo, solo no lo entiendo.

Me cuesta aceptar que se preocupen. Me cuesta verlos destruidos por mí.

Siempre pelee porque no me vieran así; vulnerable, sin fuerzas…

Intente, les juro que intente hacer todo lo que estuvo a mi alcance: para "repararme". Pero ya no puedo.

Gracias a Dios que me mostro el camino; gracias a Dios y a la gente que me acompaño en estos momentos. Solo a ellos les debo: fortaleza; sacrificio.
Gracias Dios por siempre hacer salir el sol y hacer cantar a los pájaros; porque mientras haya vida en el universo, va haber vida en mí.

Las despedidas son eso…. Despedidas.
Y aunque cueste hoy; ya no costarán.

Deseo ser feliz infinitamente, y para eso: necesito que sean felices ustedes.

No los puedo ver más tristes; no los puedo ver más con cara de velorio porque esto no lo es. Y si lo fuera; no sería eterno. Donde hay una “muerte” solo existe para mí un NUEVO RENACER.

Los quiero.

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