viernes, 31 de mayo de 2024

Escenarios paralelos

 
Sabía que podía confundirla. Entendía la cuestión en su total dimensión. Apostaba aun así por más. Fingió que no tenía intenciones de hacerlo, fingió por castigo, por despecho. Fingió por amor.
Hizo que se apresuraren, quería llegar. Varias veces quiso llorar, pero no paro hasta resolverlo.
Su obsesión, sus obsesiones, la limitaban o la excedían. Se desconocía con profundo horror. Había concientizado el que por lujuria podría llegar a hacer cualquier monomanía, también, perderlos a ellos dos. 
Aun escuchaba un wish you were here tarareándose en su cabeza, en sus pálpitos, en todas partes desde que llego.
La culpa no eran esos centavos que gasto en su ambición, la culpa era por recaer ante la adicción que la llevo a la perdición alguna que otra vez; alguna que otra vez mas de las que podía contar con sus dedos.
Todo esto no le importaba. Desconocía su profundidad, desconocía si a lo largo iba a tener que mentir. No le importaba.
 
Aunque la noche era fría, su cuerpo calentaba, se encendía como caldera. En 7 segundos involucro todo su cuerpo y espíritu, en sentir la electricidad de conectarse con él. Sus pensamientos merodearon con la idea de tenerlo cerca.
 
(…) Entonces salió del bar, lo encontró en el sillón. Pregunto: - Si la cámara funcionaba, con la intención de que así fuera. Aunque sus afueras congelaban, su interior quemaba. Saludo, por cordialidad. Estaba nerviosa, aterrada. Beso sus labios –se quiso despedir-.
Recostó su cuerpo sobre el sillón así él podría con el musculo del interior de su boca llegar a darle placer. Concentrando su deseo en, este momento, en el que sus piernas se cerraban por la inercia. Se esforzaba por mantenerlas en v, en calma, relajar sus glúteos que automáticamente friccionaban contra el paño.
Lo detuvo: sostuvo su frente y lo miro a la cara, busco fijar su vista en sus ojos y le pidió que pare. No se podía contener. Olfateaba el pecado pasando por allí, este le tocaba por atrás la espalda y le susurraba, al oído, que prosiga.
Arrepintiéndose por tomar estas decisiones, y gozándolo, sintió culpa. Pero no pudo parar. Tenía que seguir el proceso de terminar, para terminar, acabar con él. En su interior, para siempre, debía parar. No lloro, pero tuvo ganas de hacerlo. Se sentía sucia. Se sentía destinada a perder todo lo que alguna vez había deseado para su futuro, perderlo con estos cinco minutos de placer. Pensaba que nunca iba a curarse, que no iba a sanar esta adicción por mas rehabilitación que tenga, por más de los procesos que conllevaban estar donde estaba.
 Pero estaba ahí… arriba de él nuevamente, rozando con sus pezones erizados, y no solo por el frio, el pecho de este.  Y se sentía bien, nuevamente, el pecado había ganado. La lujuria, la carne, el deseo…
Bajo sobre las rodillas de este, acerco su rostro a sus zonas intimas, y concluyo con el final. Después de mostrar su entusiasmo por hacerlo merecedor de sus labios, espero ansiosa su gemido final.
 Trago la toxicidad del pecado. Tragó porque creyó que la angustia intrínseca que le generaba este acto iba a calmar, que esta droga por la cual se envicio iba a ser la misma que podría llegar a llenar el revoltijo de sensaciones que tenía en su estómago. Esta droga, la peor, la que había generado tal adicción.
Su recuperación fue un instante. Con él –de él-. Nunca había podido recuperarse en totalidad. Su fingir se había convertido en una receta diaria, la que no dejaba de mantener, la que no quería dejar de seguir a raja tabla. La que por más que todas las demás visiones no le dieran el consentimiento necesitaba cumplir. Necesitaba apagar el vicio, consumiendo del mismo. Su deseo era la satisfacción de esa necesidad, la carencia -su carencia.
De pronto sintió que alguien le hablaba a su lado y escucho la música, vio los colores que había en el ambiente, reconoció el alrededor, y miro sus manos; conto sus dedos, se hizo presente en que había caído nuevamente en una falsa ilusión. En un sueño vívido donde el pecado la seguía, donde ella acataba sus órdenes, y se dejaba vencer. Pero la realidad volvía en todo su esplendor. La realidad le dio esa oxigenación que la hizo sentir ser parte de sus pies, posicionarse, darse cuenta de que era su mente, la que, con esquizofrenia, dimensiono.
Se retiró temprano, se fue a dormir. Se despidió

martes, 28 de mayo de 2024

Pero el que comete adulterio es falto

 Se me indignaron los ojos, se enojaron después de haberlos hecho ver tanto horror junto. 


Otra vez dije no, con liviandad y como si fuera la palabra más fácil de aceptar. Dije no, con la falta de sesos que tenía. Dije no, casi insultantemente, cuando la empatía no entra en juego. Dije que no, aunque la malcriadez y el capricho no se encuentren en tu diccionario. 
Fuiste más fuerte que mi propio vicio. Ni mi narcicismo y egoísmo fueron vencedores en esa competencia, ya que en mi posición contraria a la tuya, vivía perdiendo. Mi yo fue insignificante; pensar en mi quedo sin lugar en la escala del egocentrismo. Si decirte adiós no hizo falta porque ni siquiera me habías dado la posibilidad. De nuevo hubo un hasta luego, pero sin el vuelva pronto. 
Convengamos que te había dejado ganar sin darle la importancia porque, en realidad, nunca fue una competencia donde yo haya intentado ganar. Contigo me faltaba todo.
Hoy aquí, sintiéndome de otra manera, idealizando lo que parece ser bueno, queriendo dejar atrás todo... sigo con la misma idea, fija, que me enloquece: pensar en que quiero perder. Perder contra mi cabeza o cuerpo que me inclinan hacia vos. Aunque para ser sincero... no fui buen contrincante desde ningún punto, porque no solo hice trampa, realmente nunca quise que pierdas. Me gusto que ganes, hasta llegar al punto de perder la cordura completamente. Considero que ahora si escuche el sonido del no va más que finaliza las posibilidades en la ruleta, aunque todavía le apueste una ficha, a pesar de haberme prohibido el acceso en la puerta de entrada. Ya no existe la buena fortuna para mí, empero eternamente voy a esperar ese vuelva pronto.


lunes, 6 de mayo de 2024

Caballito

 
Sentí que algo en mi iba a estallar. Sentí que se desgarraba cada fibra de este angustiado corazón. Sentí, sentí, y sentir nuevamente. Necesitaba sentir. Extrañaba sentir –dejarme hacerlo. Sentía esta angustia incomparable, como él… incomparable. Sentía que le había fallado. Y no eran esas fallas que podemos reparar. No había retorno. Sentí lo que era una verdadera falla, ya que como dije “no había retorno”.
En los recónditos su in-presencia era innegable. Indescriptible el sentir. 
De golpe me encontraba entre sus recuerdos con lágrimas que empapaban mis mejillas por su falaz ausencia. Su recuerdo hacia ver esta falsa ausencia. Ahí –acá, a donde más dolía, se encontraba. Ahí donde lo que más dolía era la falta que me hacía no poder ver su rutina, no poder ser parte de su rutina; donde poner a calentar el agua se abrazaba a todo lo que alguna vez tocaron sus manos. Acá donde la estructura, y los colores cambiaron, donde aun así los detalles persistieron. No pudieron dejarse atrás. Su aroma no falleció. Sus pasos seguían dentro de estas paredes, seguían por toda la casa.
Me había vomitado, literalmente, la cruda realidad. Por primera vez, en mi vida –en estos cincuenta y tantos años, comprendía el duelo. Creía comenzar a comprenderlo.
Las lágrimas no consolaban, solo acompañaban un tanto mi sentir. Me perseguían sus caras en el último brindis. En este momento sus palabras resonaban más que nunca. Mi angustia por sentir que seguía fallándole. Mi angustia por sentir que habían quedado mudas las veces que hubiera dicho cuán importante fue en mi vida, cuán importante seguía siendo. Como su barita de la moral me jodió el corazón, como siendo lejano era lo más cercano, como una coraza se desvanece por amor, como hay que perder el orgullo, como no sirve ser mala persona, como los hechos valen más que un sinnúmero de promesas, como no corromperse, como ser lo más auténtico y, ahí sí demostrar orgullo; como el whisky y el vino no se mezclan.
Quisiera agradecerle, pero también me enseño el dolor de las no-despedidas. Cuanto escapamos de despedirnos; cuan estúpidos podemos ser.

sábado, 4 de mayo de 2024

Sanando el efecto mariposa

Cuanto dolor trajiste a mi hogar;
no solo para adentro, igualmente para afuera.
En esta vida prometo hacer justicia con lo que dejaste.
 
Mirarme al espejo y ser tu facsímil;
ese reflejo toca mucho más las entrañas que mi propio ser.
 
No encuentro consuelo;
por eso Dios me guía,
conecta mi ser con el colosal universo.
Aunque me corrompa en el camino,
aunque desgarre con cada maquinal lo poco que queda de mí,
todo lo que tengo para dar.
 
Quitaste,
dañaste,
y seguiste adelante.
 
Ojalá algún día te encuentres con vos mismo,
por ahí,
y te entregues a Dios.
Ojalá tus otros hijos,
 no hayan sufrido como nosotros.
 
De corazón espero,
 te hayas controlado,
obligado a parar.
Y como Dios es justo,
 hará justicia.

j=d.createElement(s),dl=l!='dataLayer'?='+l:'';j.async=true;j.src=