Se prendió la pantalla justo a las 21:12,
estaba feliz por motivos personales, pero interiormente, estaba con heridas. Heridas
que se volvían a abrir por el dolor que causaba la desilusión. Había tomado sin
querer, e inconscientemente en realidad, la decisión de no salir a hacer mis
actividades. No sé si tenía que ver con que hace tres días que llovía, que el
Domingo fue el peor día de la semana –cuando es mi día favorito-, o que había empezado
a caer la última gota de la copa que estaba siendo mi mejor amiga, vacía como
yo. Entendí que la situación no me enojaba. Era lo terrible de la desilusión,
ni siquiera podemos protestar porque no es enojo… es tristeza, es realidad.
Los días no fueron buenos, pero podían mejorar.
Otra cosa que me da lástima de ser lo que soy es que el dolor me agrada,
aunque no quiera asumirlo, aunque me cueste ser sincero. Estaba tomando las
decisiones más importantes del año, que viene haciendo lio. Se aproxima un año
en donde me volví un hombre de negocios, un capricorniano, un ser que pone límites, al fin. El viernes había sido espectacular, el sábado se hizo salvaje, el
domingo me rompió.
No quiero ser un ser miserable, egoísta, pero siéndome
sincero entiendo que el egoísmo es necesario. No voy a resignarme a romperme más
y menos por la familia que no pude elegir. Voy a decidir, elegir, imponer,
cerrar cosas. Entiendo de lo malo -eso sí-, sé que gracias a que los míos me
abandonan surge esta importancia de cobijarme bajo este ser solitario que
escribe en bares con cafés, el que rebusca entre la nicotina, la sativa... El que
hace planes solo, porque así no tiene ni la posibilidad de contar con quien desilusionarse
-porque no quiere desilusionarse más-, el ser que encontró en la soledad el
cariño propio, el amor incondicional. El que hoy renuncia a todos estos
placeres porque ama a una mujer que lo hace feliz.
Hoy este ser que siente angustia rompe con los
esquemas, dice que no, lucha contra los actos incomprendidos de las personas, y
no lo siente personal.
Hoy este ser, este lobo estepario, acepta su realidad, finge
demencia, y sigue adelante.