La pequeña señorita

 26 de Mayo/Rosario. 12:09hs
 
Me senté a tomar un café como de costumbre. Estoy en Rosario, y afuera hace frio. Me encanta esta ciudad; siempre que vengo me impresiono como si fuera la primera vez. Amo todo: sus olores, su gente, colores, gustos. Amo el hermoso club de Newells old boys del que soy fanático. Aunque no obstante, escuchando a Freddie Mercury en el café  esta mañana, pensaba en que siempre vengo y nunca había podido ir, ni disfrutar, siquiera ingresar y conocer por dentro al club. Es algo que tengo pendiente, y odio lo pendiente: porque sufro de ansiedad. Y la ansiedad genera -o digamos- casi siempre me gobierna, y casi siempre digo… porque en este momento estoy controlado con algunos estímulos externos.
Me acerque a pedir una hoja a un extraño del café, porque me olvide la agenda en el suelo del auto, y no pensaba salir con el frio que hace hasta el estacionamiento donde lo deje –a unas 10 cuadras-. Salí a fumar un cigarrillo en el sol, pero el frio esta tan tremendo por estos lados que no es soportable, ya que de despistado –o inconsciente- me saque el sobretodo en el auto mientras tomaba un buen amargo más temprano. Termine acá, escribiendo, todavía me encuentro esperando el café pero ya sin frio. Cuando de repente veo que entra una particular señorita, esta pequeña: porque si bien se notaba que era mayor de edad; tenía la contextura de una de entre 19 o 25 años de edad; la forma en que vestía, y todos sus artilugios me hicieron prestarle atención.
Llego el café, y que buen café. También en este momento le estoy prestando atención y observándola... Cuando de repente escuche su conversación con la moza del lugar:
-Uy discúlpame.
-Nooo, no pasa nada. Muchas gracias. Hace frio ¿no?
-Sí, se vino con todo. Bueno hermosa, que lo disfrutes.
-Gracias, muy amable.
El café estaba riquísimo, estaba caliente pero en el punto justo, ni muy caliente como para quemarse, ni muy frio como para no ser disfrutado. Lo había dejado negro, y estaba emocionado por beberlo de a pocos sorbos para que no se acabe. A ella, al igual que a mí, también le trajeron de regalo en el platillo del café, un conejito de pascuas de chocolate. Y yo, lo iba a comer -aunque lo detestaba-. Me pasa algo parecido con las vitaminas, o medicamentos, odio tomarlos, pero sabemos en cierto punto que si lo hacemos, es porque nos hacen bien. ¿Y por qué lo odiaba? Primero, por su forma… ¿que tenía que ver un conejo con pascuas? Es algo que no entiendo. Segundo, era chocolate, y no del amargo, y yo soy fanático del chocolate pero de los que tienen 60% de cacao amargo. Pensaba que comérmelo era un pecado, pero tenía ganas de correr riesgos. Lo iba a comer, porque al final, es como con el futbol, aunque sea muy fanático, algunas veces te corrompes porque no termina siendo en el “momento quizás” de lo que esperabas. Bien, igualmente termine por decidir no comerlo.
Ahora bien… ella tampoco lo comió, se ve que no lo quería, ni lo necesitaba. Lo devolvió a su moza. Se encontraba sola y yo pensaba en por que una mujer se encontraba sola este día, en el mismo lugar que yo. Era hermosa pero no lo demostraba físicamente, era hermosa porque cuando termino su café, se levantó y les alcanzo los utensilios y vajilla a las chicas del lugar. Como si entendiera el trabajo de ser mozo/a.
De repente, una pareja ingresa al local, y ella se queda casi boba observándolos, eso de igual forma me llamo la atención. ¿Será porque me sorprendió su hermosura? –Como dije más adelante-.Siempre que estoy escribiendo me distraigo y me surgen preguntas, por ejemplo esta de: ¿Seré tan distraído que olvide mi agenda? y por eso es que estoy escribiendo en un papel regalado que atrás dice <rendimiento dólares “últimos 12 meses”> con mes de Abril, algo sobre un plazo fijo, no sé muy bien…
Retomando la historia del día: En este momento le sigo prestando atención a la pequeña señorita. Traía una polera mostaza, los labios fucsias, y el pelo recogido en un rodete con un lápiz –así que llegue a la conclusión de que también escribía-. Pero se notaba que estaba allí sola, viendo a esta pareja porque anhelaba o añoraba un poco de esa sustancia, un poco de ese cariño o contención. Por como los miraba se ve -o percibí-, que deseaba sobre manera estar en ese lugar, en pareja sonriendo, y compartiendo una merienda un día frio como este. Pero creo –ojala no me equivoque- estaba en soledad por decisión.

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