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lunes, 29 de agosto de 2022

Muerte súbita

    Una sola tarde me hizo el amor, fue la primera vez que demostró una pizca de afecto. No me ocurría hace tiempo lo de encontrarme en este estado; el de sentirme tan sobreexcitado. Me encontraba así porque Eva había accedido a mi propuesta sin poner esa cara de obligación –la que solía poner cuando no podía decir no. Dijo sí, sin peros, sin las miles de excusas que salían de su boca cuando, yo, intentaba acercarme más. Esa tarde me sentí desamparado. Me sentí en desamparo cuando después de nuestro encuentro intentó susurrar algo entre dientes que no trascendió, cuando al irse cerró la puerta con fuerza pero al límite, y no se despidió. Ese atardecer logró implantar en mí una angustia, tan grande, que oprimió mis sesos como si fueran a dañarse, encogerse, fenecer. No tuve estrategias. No pude comportarme como valiente porque lo entendí mucho tiempo después de que sucediera. A mí nunca me salía eso de tratar de robar su libertad, de implantar mis pensamientos en su cabeza. No quería corromperla de ningún modo. Ella para mí, seria eternamente esa pequeña señorita: la que uno de los días más fríos del año observo con ojos de amor a una pareja, en un café; la pequeña que, cuando dejaba de ser pequeña, entraba a un bar de mala racha a las diecinueve horas y cometía los peores actos de diantre; los actos más inmundos de su ser. No tuve ideas de cómo lograr que mi boca reprodujera las letras que formaban ésta maldita oración, o ¿plegaria? para que no se marchara.
Esa tarde me encontraba sobreexcitado. Ella subió las escaleras con atención, prestándole el adecuado cuidado a cada paso que daba. Era como si pidiera permiso con cada uno de los movimientos de sus caderas. Fue despacio. Mantuvo la calma. La sentí diferente, empero, no esperaba lo sucedido en esa habitación...
    Después de sentarse en la cama y quedarse en silencio por algunos minutos, acomodo mi cuerpo con cuidado y beso cada parte de mí como si me cortejara de verdad. Me acaricio dócilmente. Me tomo delicadamente. No llego a besar mi frente y, sin embargo, si beso mi corazón que estaba siendo desgarrado
 por una boca que no suspendía su camino. Detrás de mi, comenzó por masajear cada musculo de mi espalada, fue recorriéndolos sin ser excluyente con ninguno. Retrocedió de su posición inicial para dirigirse hacia abajo, a mis piernas, y cuando parecía que cesaba prosiguió con mis pies mientras yo me encontraba disfrutando boca abajo. Cruzó por un costado hacia la cabecera, giró mi cuerpo, y coloco mi cabeza entre sus piernas, en aquel momento fue cuando volvió a hacerlo, cuando volvió a masajear mi cuello, cuando luego debilito con los círculos que formaban sus dedos en mi rostro cada tensión retenida, cada emoción contenida. Todo el rencor o enojo que alguna vez había sentido se había evaporado.
    La pequeña señorita desamparaba mis noches, pero ahora, ya no eran nada, no existía tal sensación de desamparo. Siquiera podía existir algo que sea comparable con estos diez minutos. Invirtió el polo norte en polo sur, el horizonte dejo de ser horizonte, pasaba de ser montaña simple a volcánica, manifestándose solo en ese instante. Fueron los minutos más prodigiosos de toda mi absurda vida. Después de los masajes volvió a tocarme con amor. Esta vez, con amor, hizo evidente que su pretensión era la que yo pudiera percibir esta acción como la que utilizaba, cuando sin verbalizar me pedía que la cogiera. Pero, contrariamente, no me dejo hacerlo. Esta vez no me ordenó, no rebusco en la forma bestial. Se acomodó sobre mí siendo totalmente cuidadosa con cada movimiento que su cuerpo perpetraba, y aunque de perpetrar se trate, no se sintió un crimen cuando estuvo sobre mí, apoyo su pecho contra mi cara, y luego, tomando mas distancia, me rodeo con sus dos manos por detrás de la nuca con ternura. No fue un crimen... se
sintió a muerte súbita. Se movió tan minuciosamente como si yo fuera un cachorro al que no quería lastimar. Me beso en los labios, dos, o tres -quizás cuatro veces. Me hizo el amor suavemente. No abrevió, ni trato de hacerlo. Sus caderas llevaban el compás de un piano que a mis oídos les sonaba cálidamente: notas bajas, suaves, relajantes. Su pecho se inclinaba sobre el mío con agrado y esmero, se inclinaba como pidiendo permiso. Yo la amaba hace tiempo, y nunca lo dije. Ella, había dicho te amo.

domingo, 12 de junio de 2022

Salsa, polenta, y agua.


Todavía pienso en ella;

Y más cuando tengo alguna agenda y bolígrafo encima.

 

Me siento enfermo;

de no sentir su frescura,

me da escalofríos escuchar la música,

 y solo querer hacerle el amor.

 

Me siento enfermo porque el cuerpo no funciona;

mi mente todavía se encarga de traerla devuelta hacia mí.

 

Su cuerpo desnudo sobre el mio;

  su aroma a jabón brasileño,

sus piernas particulares –con las que me podría envolver en la eternidad-

 

Salir de la realidad me parece un hecho imposible;

como pretender que dejase de hacer frio un sábado 11 de Julio en Buenos Aires.

 

El frio polar no vino solo;

con el trajo nieve en mis manos (estas ya no pueden tocar, ni sentir otras).

 

En el bar bailan salsa en pareja (obviamente la costumbre);

y si usted fuera mi pareja de baile,

 no solo le bailaría.

 

En la imaginación puedo hacerle mil cosas;

Y gracias a Dios todavía no me culpan por ello.

Tengo un rollo fotográfico entero de sus gestos, sus extremidades,

asi la recuerdo.

 

No puedo evitar su ternura;

su mágico andar por mis calles.

me transitó hasta que con sus pisadas dejo huellas imborrables.

 

Y si fuera tan fácil,

 como ser algún camino,

solo tendría que pasar nuevamente por allí,

para lograr borrarlas.

 

Y pase…,

la invito a volver a pasar por aquí.

 

lunes, 23 de mayo de 2022

Vulnerable

 Tiempo en su lugar la puso en una posición de sentirse totalmente asustada ante los hombres y las posibilidades. El problema ahora - y si habría algún problema- era que se sentía vulnerable.

miércoles, 18 de mayo de 2022

Despues de Dios

Les dejo por aquí una carta (poema) que escribí estando muy enamorada. Espero les guste:

 

De lo terrenal, de mí para mí, te veo; 

No puedo dejar de observarte,

Entre ese mate y ese rayo de luz (como rayos crepusculares; destellos),

Entrando lento a la mañana,

Empezando a calentar la cara…

Así te siento, observo, y percibo.

 

Si pensar es espectacular,

Sentirse, sentirte…

Me desarmo.

  

¡Mira! Ahí quedaron las colillas olvidadas,

De los besos nocturnos,

Ahí viene el recuerdo y la sonrisa,

Entre ese mate y ese destello,

Estas ahí y sos de acá…

Y ahora estas en mí.

 

Va… cambiando de estado.

Siento de lo pasional, a lo terrenal;

Pero vos estas acá,

Vos conectas mis sentidos con el cuerpo (mi cuerpo)

¿Estás ahí para quererme?

¿Puedo dejarme querer?

No… no lo digas

La moral me juega mal, me juega sucio.

 

Avisa para ponerme mal;

No… no me agarres desprevenida;

Para siéntate: charlemos un rato.

¡Mírame!

Me confundo;

Vos a veces me confundís.

Tengo miedo de escribirte; miedo de pensar.

 

¿Por qué me lo pediste?

No… no lo digas.

¿Podría acaso abrirme un poco más?

Algo te podría decir de más.

 

Hoy pensé y… ayer pensé;

Pensé fugazmente en todo;

Tus manos y tu boca también estuvieron en la reunión.

De esas manos no se puede salir;

Esa boca… (Hago silencio en mi) solo la quiero en mi piel

Pará… mejor dejar esto acá,

El calor está haciendo estragos en mí.

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