lunes, 15 de abril de 2024

24 de Marzo

 Me siento rara. Confundida. Me duele sentir o percibir. Me duele que la mayoría de las veces el instinto gane. Me duele porque... como te dije hoy con tristeza, y buscando una respuesta, ¿Por qué siempre las figuras paternas se me mueren?
Si pudiera te daría mis manos, mis piernas, mi cuerpo entero, sin dudarlo. Me duele que sé, a ciencia cierta, jamás lo aceptarías. Entiendo que viviste demasiado, que ya queres partir, que estás cansado -inclusive de vos- pero te quiero, y por eso, duele.
No sé si soporto otra despedida. Sé que debo hacerlo; por vos, por mí. Me aconsejaste que me descalce, que pise la tierra, que descargue toda energía. Me cocinaste como en la última cena, y aunque haya sido un almuerzo, así se sintió. Mi corazón se encogió.
Sé que soy chica -mucho más que vos- pero también sé, que vivimos cosas similares, que nuestras almas se volvieron a encontrar, que fuiste ese alguien en algún otro momento. ¿Qué tenía que enseñarte yo a vos? Es la pregunta que me hago, porque sé lo que tenías que enseñarme vos a mí: Tu bondad, tu amor, tu devoción a Dios, tu horror a las drogas, analgésicos, tu soledad...
Ya te extraño. Sigo con miedo de no verte más.
Hoy me dejaste fotografiarte por primera vez. Incluso creo que hoy no vine por mí, vine por vos; Y siguen cayendo las señales, y más me aterra. No quiero verte ahí, bajo la tierra. Prefiero tocar tus manos, escuchar tu palabra, contemplarte en todo tu esplendor.
Abuelo, el que enseña, el que ama tiernamente, el que consuela, escucha, atiende aún no queriendo. Te agradezco hoy, mañana, siempre. Te agradezco eternamente.

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