domingo, 22 de mayo de 2022

Roca sobre el mar

                                                                                                                                   

 

En algún lugar.
(…) lo extrañaba...
 
Sucedía que había hablado de su pequeña historia; y era compartida con tantos detalles; que le parecía como si – en vez de meses- fueran años los que pasaron. Bebiendo un jugo exprimido de limón; en una hamaca colgante, en un lugar hermoso de Corrientes donde todo relucía.
(…) No obstante no podía/lograba sacar de su cabeza a su verdadera realidad con desgracia. Y por desgracia – para su desgracia completa- era su verdadero pecado con aroma dulce. Simplemente despedía el humo de sus pulmones; y hasta el humo le parecía antaño. No conocía el porvenir de estas palabras y de igual manera aparecían en su mente y escritura; como los pájaros cuando salen todos juntos volando a causa de que viene la lluvia. (Siempre escribe sobre los pájaros, los toma muy en cuenta en sus anécdotas).
Venia su llorar; como si fuera una bandada, muy intensamente.
Tenia presente también la sonrisa de aquel como en sueños; lo recordaba a él sonriendo. Recordaba sus malcriadezas porque este sabía bien en que y/o como malcriarla, consentirla. Lo que le producía rechazo con una cuota de ternura – o viceversa- y quizás a la inversa.
Le gustaba igualmente recordarlo así; le gustaba pensar en él siquiera por instantes – y aunque sea solo eso (muy a su pesar)-; aunque daba cuenta que sus ojos lagrimeaban de añoranza, de futuralgia tal vez: de recuerdos en su piel.
Reconocía amarlo internamente, pero no exteriormente… esto le era inadmisible. No lo comentaba; hacia caso omiso porque no tenía el valor suficiente para reconocerse enamorada ante la gente. Esto le costaba, inclusive más que su escritura. Plasmarlo en papel era su condena; aunque no estaba decidida, ni obligada a cumplirla.

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