Esperaba ansiosa
el día de campo, bebiendo un mate semi-amargo que le gustaba en estos días de
sol.
Disfrutaba del
sol como nadie, ya que podía captar que no había retorno de estos días, que nada
podía corromperla; ni sus propios pensamientos…
La esperaba el
inmenso campo, algo que ama con locura, donde se reconoce feliz. Esto la abría
a todos y cada uno de sus placeres, donde más que nada le provocaba este plan. No
quería nada más que unas cuantas horas de sentirse completa; rodeada de
naturaleza, del respirar campestre que llena los pulmones, y de paso
tranquiliza el alma. Sentirse completa; perpleja de lo magnifico que le
generaba lo sencillo. La sencillez le atraía excesivamente, y su mejor plan era
poder relajarse lejos de todo. Más porque era estar desconectada de sus
fantasmas (cabeza).
Esos días verdaderamente
provocaban una catarata de placeres en su cuerpo; su cara gesticulaba sonrisas espontaneas.
Los aromas; le traían recuerdos a su tata fallecido de lo terrenal. Un buen
caballo; que eran especiales en su perspectiva; los caballos eran su animal
favorito por lejos.
Día de cabalgatas,
viendo mandarinas en los arboles; pudiendo tomarlas con sus manos, y,
posteriormente comiéndolas, gajo a gajo.
¡Ella era feliz
en esa simpleza!