Un día; en la escalera de la entrada del hotel, todxs nos juntamos por la lluvia.
Con diferentes fines o por diferentes cosas; pero aun así nos encontrábamos reunidos un grupo de personas. Alguno como yo –la mayoría- prendiendo el primer cigarrillo del día; disfrutando de este vicio. Otros, esperando que los busquen; por ahí… ya yéndose.
No hay un fin en común,
no está nada instituido.
Me puse a pensar:
¿Por qué anoche se me dio vueltas un poco el rumbo, la vida?
Pero como a mi
vida la dirijo yo; tengo quizás que aprender a encarar las cosas de otra forma.
No quiero –ya no acepto- que decidan nada por mí. Voy a decidirlo yo. Y aunque
cueste lo que cueste, y aunque sea para mejor o peor; yo soy quien lo quiere resolver.
Ya me
acostumbraron, me enviciaron de rupturas, de armar interiormente un
rompecabezas semi-armado (con piezas pérdidas en cada lugar de la casa) donde quizás
las piezas de ningún modo las encuentre. Quizás quedara así, roto siempre…
Me alejo, salgo
de la comodidad que me da tu persona; que me da ese objeto cuadrado que soles
tener con control. Ya no deseo estar ahí.
No me busques
porque ya no me encontras. Ya no me tenes. Y te quiero –lastimosamente- pero
sumisa nunca más.
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