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sábado, 23 de julio de 2022

Eva

    Me dirigía hacia calle Líbano. Avanzaba hacia allí y pensaba en que ahora no me sudaban las manos cuando iba a verla. A la vuelta de donde quedamos en encontrarnos, se encuentra uno de nuestros lugares favoritos. Esta vez no estaba ansioso, pero sí me encontraba excitado por volverla a ver personalmente. Digo personalmente ya que gracias a las retinas y al núcleo geniculado lateral del tálamo, me la pase condenado al retorno imaginario de lo que había sido nuestro último encuentro.  Volvía todo el tiempo la memoria viva. Volvían los sonidos concebidos. Volvía, exactamente, la imagen de su cara cuando iba relajando el ceño; el mismo que habitualmente fruncía cuando algo la indignaba. Me había pasado estos últimos tres meses en la desgracia, con un gusto amargo que traía su recuerdo.
    Hoy cuando me dirigía a verla, me hallaba enojado. Pensaba realmente en qué era lo que me gustaba de tenerla cerca. Sabía que el problema no era tenerla cerca, sino distante, y quizás el enojo era por sentirme tan privilegiado por momentos de poder estar ahí de vez en cuando, pero siendo consciente de que el papel que jugaba la distancia iba a ser eterno. Estaba en protesta conmigo mismo. Quería hacerle piquete a la magia que ella me generaba cuando con su cuerpo me ordenaba. Era amargo el recordar cuando antiguamente ansiosamente esperaba el momento en que con mis virtudes, lograba que sus gestos fueran de un extremo al otro. Odiaba todo de ella; odiaba como con su inteligencia parecía comprenderlo todo al cien por ciento. Mientras yo, iba dándole tiempo al tiempo, para beneficiarme con su fervor.
    Pobre de mí que le hablaba al oído; pobre de mí cuando la agarraba por la cintura con fuerza, pero sin querer dañarla. Pobre de mí, porque aunque intentara sobremanera apretarla solo en la justa proporción, ella en dos segundos pedía que me excediera; y yo -creyéndome pobre, no llegaba a ser ese alguien que la contrariara ¿Cómo iba a hacerlo? ¿Cómo iba a llevarle la contraria? Si nuevamente cuando la poseía, me admiraba solo de notar como pasaba de calma a intensa. Cuando a las trece, nos encontrábamos en la quince, con la puerta trabada y el aire encendido.
    A mi edad he tenido el agrado, o la suerte, de haber tocado muchos cuerpos, de haber visto muchas caras en situaciones similares, pero ninguna como la de Eva. No puedo explicarles la causa porque simplemente si pudiera poner en palabras su gesto no estaría otra vez, en nuestro mismo lugar. Tal como su nombre la describe, era una tentación de mujer. Era una invitación, o tal vez mi obligación, a pecar. En alguna que otra ocasión, y bajo ciertas circunstancias, me invitaba a residir en su cuerpo  ¿Cómo un ser tan angelical podía hacerme caer en pecado otra vez? ¿Provocarme así, generar esa la intensidad por tenerla? Eva lograba que mi cuerpo desesperadamente quisiera comer del fruto que se encontraba en medio del huerto. Esto, indiscutiblemente, generaba la pequeña señorita, hacía que me sintiera un fracaso como el propio Adán. Y ante mi propio fracaso, ella lograba su resultado. Me convertía como producto de su tentación, en un ser vulnerable a cumplirle. No había remedio de por medio, porque hasta mi mente pasaba a ser la serpiente. Y aunque en todo momento ésta me recalcaba que -comiendo del fruto no iba a morir- yo sabía que luego de este acto, con mis ojos una vez abiertos, conocería el bien y el mal. Un mal al que no quería volver, pero del que tampoco podía escapar.

domingo, 22 de mayo de 2022

Roca sobre el mar

                                                                                                                                   

 

En algún lugar.
(…) lo extrañaba...
 
Sucedía que había hablado de su pequeña historia; y era compartida con tantos detalles; que le parecía como si – en vez de meses- fueran años los que pasaron. Bebiendo un jugo exprimido de limón; en una hamaca colgante, en un lugar hermoso de Corrientes donde todo relucía.
(…) No obstante no podía/lograba sacar de su cabeza a su verdadera realidad con desgracia. Y por desgracia – para su desgracia completa- era su verdadero pecado con aroma dulce. Simplemente despedía el humo de sus pulmones; y hasta el humo le parecía antaño. No conocía el porvenir de estas palabras y de igual manera aparecían en su mente y escritura; como los pájaros cuando salen todos juntos volando a causa de que viene la lluvia. (Siempre escribe sobre los pájaros, los toma muy en cuenta en sus anécdotas).
Venia su llorar; como si fuera una bandada, muy intensamente.
Tenia presente también la sonrisa de aquel como en sueños; lo recordaba a él sonriendo. Recordaba sus malcriadezas porque este sabía bien en que y/o como malcriarla, consentirla. Lo que le producía rechazo con una cuota de ternura – o viceversa- y quizás a la inversa.
Le gustaba igualmente recordarlo así; le gustaba pensar en él siquiera por instantes – y aunque sea solo eso (muy a su pesar)-; aunque daba cuenta que sus ojos lagrimeaban de añoranza, de futuralgia tal vez: de recuerdos en su piel.
Reconocía amarlo internamente, pero no exteriormente… esto le era inadmisible. No lo comentaba; hacia caso omiso porque no tenía el valor suficiente para reconocerse enamorada ante la gente. Esto le costaba, inclusive más que su escritura. Plasmarlo en papel era su condena; aunque no estaba decidida, ni obligada a cumplirla.

viernes, 20 de mayo de 2022

Simpleza

 

Esperaba ansiosa el día de campo, bebiendo un mate semi-amargo que le gustaba en estos días de sol.

Disfrutaba del sol como nadie, ya que podía captar que no había retorno de estos días, que nada podía corromperla; ni sus propios pensamientos…

La esperaba el inmenso campo, algo que ama con locura, donde se reconoce feliz. Esto la abría a todos y cada uno de sus placeres, donde más que nada le provocaba este plan. No quería nada más que unas cuantas horas de sentirse completa; rodeada de naturaleza, del respirar campestre que llena los pulmones, y de paso tranquiliza el alma. Sentirse completa; perpleja de lo magnifico que le generaba lo sencillo. La sencillez le atraía excesivamente, y su mejor plan era poder relajarse lejos de todo. Más porque era estar desconectada de sus fantasmas (cabeza).

Esos días verdaderamente provocaban una catarata de placeres en su cuerpo; su cara gesticulaba sonrisas espontaneas. Los aromas; le traían recuerdos a su tata fallecido de lo terrenal. Un buen caballo; que eran especiales en su perspectiva; los caballos eran su animal favorito por lejos.

Día de cabalgatas, viendo mandarinas en los arboles; pudiendo tomarlas con sus manos, y, posteriormente comiéndolas, gajo a gajo.

¡Ella era feliz en esa simpleza!

lunes, 16 de mayo de 2022

Luaz

HABIA ACORDADO DE IMPREVISTO:

Inmediatamente en seguida de haber vuelto de ese lugar tan raro al que concurrió, donde la esperaba un ser extraño; que inclusive le ofreció de prestado un libro de poesía <<estaciones de tinta negra>>. Gozaba de haberse despedido de éste, fría y rápidamente. No por temer, sino porque se había encontrado ante una situación rara. No sabía de buena tinta muy bien porque le pasaba, pero de algún modo no estaba cómoda.

¿Sería por haberlo conocido hace dos minutos, o por su gato mimoso con nombre de comida? Claro que no era nada de ello… Muy en su interior comprendía esta vez, que ya no estaba dispuesta a estas situaciones. Ya no debía actuar como en su antigüedad sobre las cosas, y/o  hechos que le acontecían. Esta vez debía cuidarse de los demás –de ella misma-.

Como venía relatando: había acordado por teléfono pero de imprevisto (porque era algo que no había tenido si quiera imaginado) ir a su café predilecto a merendar su yogur favorito.

Nada le hacía tan feliz como aprovechar en el invierno: el caminar, e ir a sentarse libre a escribir: comiendo su leche agria (con granola, frutas de estación y miel), favorita, y bebiendo su café descafeinado (descafeinado que por obligación había comenzado a beber hace unos meses atrás).

Café descafeinado – que ironía pensaba- con leche de almendras.
También pensaba después de todo: que esas eran algunas de las cosas que la hacían sentirse viva de vez en cuando. Le surgió el auto-responderse a una pregunta que le hizo una persona amada por ella, un día antes de esto, y que en ese momento no tuvo la respuesta; por estar deprimida, por no saber que le pasaba ese día. Pero en este preciso momento sí; si estaba al tanto. Pensaba en la locura de ver, y de lograr reconocer que por estas infantas cosas, concluía levantarse siempre ante el día que le tocaba. Porque esto hacia un poco de justicia a su frase de cabecera 

“ser feliz es darse cuenta”;

Frase que utilizaba bastante de seguido -que había leído en un libro, en algún momento de su adolescencia-.

A todo lo demás, el libro de poesía llego en buen momento:  Le servía porque tenía un poema sobre el “desequilibrio” y otro que se llama “guiarme a perderme”. 

Su idea – varias veces en su cabeza rondaba- era inmiscuirse en la escritura de la poesía. La poderosa y mágica trama de la poesía. El Inconveniente era, que la mayoría de las veces se auto-exigía hacerlo bien (y si bien tenía escrito - y lo hacía varias veces-  no obstante le parecían “bastantes pasables”), pero no llegaba a convencerse de ser buena. Entonces había comprendido cerrando esta página de escritura, de que cuando podía darse cuenta que era feliz en algunos momentos, lo único que pasaba, es que todo podía estar solo bien; y que al contrario de la primera ley de Murphy, solo iba a pasar lo que tenga que pasar, pero en el buen sentido de la vida. Ahora si hablamos de la segunda ley: ahí si le daba la derecha.


miércoles, 11 de mayo de 2022

22 de Abril, 2022

22 de abril, 2022.

                                                 Sábado/ sin Otoño.

 

 

No se asusten. Yo quiero vivir, pero me cuesta respirar.

Hoy me duele la vida más –quizás- que en otro momento.

Desprenderme de mis bebes me va a terminar destruyendo el corazón.

No entiendan. No ayuden; porque no lo soporto. No lo rechazo, solo no lo entiendo.

Me cuesta aceptar que se preocupen. Me cuesta verlos destruidos por mí.

Siempre pelee porque no me vieran así; vulnerable, sin fuerzas…

Intente, les juro que intente hacer todo lo que estuvo a mi alcance: para "repararme". Pero ya no puedo.

Gracias a Dios que me mostro el camino; gracias a Dios y a la gente que me acompaño en estos momentos. Solo a ellos les debo: fortaleza; sacrificio.
Gracias Dios por siempre hacer salir el sol y hacer cantar a los pájaros; porque mientras haya vida en el universo, va haber vida en mí.

Las despedidas son eso…. Despedidas.
Y aunque cueste hoy; ya no costarán.

Deseo ser feliz infinitamente, y para eso: necesito que sean felices ustedes.

No los puedo ver más tristes; no los puedo ver más con cara de velorio porque esto no lo es. Y si lo fuera; no sería eterno. Donde hay una “muerte” solo existe para mí un NUEVO RENACER.

Los quiero.

martes, 10 de mayo de 2022

El cigarro olvidado

                                                                                                                                      Martes, 19 de Abril. 
12:22


Necesitaba descargar todo lo que sentía, porque sabia que sino la iba a consumir. Era un cigarro prendido, dejado sobre un objeto base. Podría estar en cualquier lugar: en la mesa, en el baño, en la cocina, en un cenicero... y de igual forma iba a consumirse prendido, y no sobre unos labios. Olvidada, dejada por algo quizás -ojala y me equivoque- menos importante. 
Y aunque no deba condenarla haciendo alusión a ser menos que eso, quisiera comparar (y bien saben que no soy de "esos") porque una cosa es ser cigarro y ser dejado sobre un cenicero como Dios manda, y otra muy contradictoria; es dejar ese vicio que nos combina, que nos acompaña en soledad; en una taza de vidrio; sucia, con ceniza vieja, y pedazos de manzana olvidados.

Noche especial

    Esa noche era especial. Tenia traumas que la hacían salir de su esquema habitual. Y esta fecha que recordaba, era la peor. Estaba tan dañada que, aunque no lo reconociera, buscaba contención. Pero no cualquier contención. Estaba tan dolida ese domingo: le dolía la vida, su alma, se partía todo su interior, y sangraba al punto de no caberle tanta sangre dentro del cuerpo. 
    La noche era especial, aunque nada tenía que ver con el goce y el placer. La pasaba mal y no lo decía. Quería llorar sin que nadie la abrace. Necesitaba llorar porque entre la sangre acumulada y el resto, no cambian ni las lágrimas en su interior. Tenía un desastre en su departamento, y no pensaba siquiera ordenar porque entendía que nada iba a arreglarla, ni sus obsesiones con la limpieza, ni sus tocs no resueltos, y tampoco usar su cuerpo con algún Juan que la cobije y la duerma después de haberle hecho el amor. Quería mirar para un costado a todo, no hacer caso a nada. No podía hacerlo... Pensaba en todo y en nada a la vez. Pensar también le dolía. Había roto, horas antes, su copa favorita; perdido su auto por un control de alcoholemia. Se acababa de levantar y lo único que quería era quedarse acostada fumando un cigarro de los convertibles, esos que había intercambiado por sus tan amados cigarrillos favoritos. Esto, en conjunto, fueron su despertar ese domingo. Los pájaros cantaban y ella podía escucharlos. Se dejaba llevar por ese sonido para sosegar sus pensamientos. Ya estaba cansada de llorar, no quería hacerlo más. No le solucionaba nada, o eso quería creer. Ya no sentía romperse más, porque cada vez que se rompía dejaba atrás -nuevamente- un pedazo viejo de ilusiones para con su vida. Se hundía tanto, y le era tan cómodo, que de ahí no deseaba volver.


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