domingo, 17 de julio de 2022

No me perdones por nada

Hay personas que no nos merecen, que nos encuentran en un mal momento de nuestras vidas.

    Cuando te vi por primera vez todo de mi te quiso, como algo totalmente inefable que buscaba probar tu sabor, conocer de que estabas hecho. Despertaste en mí un universo entero de posibles –aunque dentro de ese mismo frenesí contuviera mis penas-. La consciencia siempre jugo una mala pasada, porque implicaba mucho más de lo que algún día quizás llegues a comprender. Este último tiempo daba pena, hería profundamente todo ese esplendor de costumbres que habíamos generado entre los dos. Intente de sobremanera no utilizar la última palabra, no ser la que encuentre consuelo en la soledad, ni mucho menos dañar lo que alguna vez creíste que sabias de mí. Quizás entre mis idas y vueltas solo desgastaba mas esos borrones y cuentas nuevas que me obligaba a aceptar. 
    Tratar de comprender cuando todo se desvanece fue/es el caos y el insomnio de incansables noches, en la que juagabas el papel principal en mi obra, y no es que me considere artista, pero el consumir de tu esencia fue llenarme de sol y dejarme llover más de una vez.
    Esta vez si cumple su propósito la culpa, entra cada momento en que pasas por mi cabeza y segrega tan rápidamente hacia el vacío, hueco e incompleto lugar, en la anatomía, que solía encontrarse mi corazón. Y ahora estarás pensando: ¿de que corazón habla? si vos no tenes corazón, o al menos busco el consuelo de creer de algún modo que se en lo que estás pensando, porque el compartir me genero eso, el auto-convencerme de la idea de que supe quizás lo que pensabas en algunos momentos. Lamento decirte que ya no creo en nada, ya no se nada…
    No se si te escribo para decir que lo siento, o para tratar de justificar mis actos en una absurda carta que ni siquiera creo enviarte. Yo se que no me queda el lugar de víctima – no me queda por ningún lado-. No fui capaz de hacerle justicia a lo nuestro, a las emociones, ni sentimientos que generas. Me perdí en la idea de que nunca iba a ser lo que merecías porque aunque vos no tengas ni una posibilidad de entender con qué fantasmas luchaba, percibías de efecto rebote todo lo que solía llamar "miserias".
    Quiero serte sincera, aunque no sirva de nada, y contarte que hace unos días atrás, deje de percibirnos y si bien podría hacer el intento en explicártelo, con alguno de mis ejemplos de los que tantas veces tuviste que aceptar o resignarte a escuchar, pero no puedo y vos me entendes. No tuve idea, con vos las ideas nunca fueron suficientes como para mirarte y lograr decir algo con lo que en un abrir y cerrar de ojos aparentes comprenderme. Pero tu espalda me va a agradecer algún día. Disfruto tanto el estar con vos, que a veces se me olvida que no quiero estar con vos. 
    Tantas noches mirando la luna juntos, y esta vez, contrariamente, los dos mirándola separados, porque en esta vuelta de tuerca que ya casi no gira, existen de por medio -y ya no la luna- la cuestión tan esencial del sentir.
Si tuviera la certeza te diría que lo probaría todo una vez más; otra vez te estaría mintiendo. A veces debemos explicarnos a nosotros mismos lo que nos cuesta el lastimar, porque aunque tengas miles de razones más para quedarte donde te aprietan los zapatos del corazón, se te anuda con resignación en el pecho y garganta un interior e infelizmente “no puedo”. Un no puedo que quedo entre dientes alguna que otra noche donde el placer te lleva al éxtasis, donde pensar no se coloca en posición de exigirse. Un no puedo de los que tantas veces postergaste por no caer en la simple cobardía de lastimar o ser sincera.
    No puedo imaginarme que estás pensando ahora, ni las tantas cosas que seguramente están pasando por tu cabeza; tampoco me queda esa valentía en suponer. Sin embargo pase por esta situación ya tantas veces que puedo tomar precisión de cuál es la posición en la que estas. No quiero adelantarme en decir, como ya dije, que estoy suponiendo. No obstante fueron incontables las noches en las que en mi sien iban y venían pronósticos de las distintas especies y clases en cómo iba a concluir lo nuestro. Si, lo tenía injustamente estudiado. Quizás decir que lo tenía estudiado suena a que en algún momento entre esos pensamientos lo planifique, y quiero decirte a vos que de nada sirven los pensamientos, los planes, las miles de posibilidades e ideas que pelean por el puesto para ser lo más cercano a lo real, porque inclusive no somos ni la mitad de lo que pensamos. Vuelvo a esa sensación de saber que ni aunque “lo haya planificado” esto se asemejaría a lo que gritaba mi interior.
    Esta historia que arde entre las entrañas, que te cocina por dentro, fue lo que mas se acercó a lo que sentí. Se que lo vas a entender -aunque me digas que no entendes nada- fue tan natural, estuvo por sobre todo -inclusive sobre mi misma-. Llevaba días y noches buscando una solución a eso que me iba carcomiendo por dentro y que, inclusive, en un chasquido de dedos desaparece, se esfuma como si nunca hubiera estado ahí. Te vuelve un ser incomprendido. El rebuscar entre los escombros de lo que quedo en obra tan solo un motivo para poder declinar tu postura. 
    Dame la llama que prendía, junta de todo el bosque algo que me vuelva a encender. Dame tiempo. Déjame recorrer con mis propios sentidos las agujas de mi reloj. No me perdones por nada, no esperaba que así suceda. Nunca entenderías que no eras vos, que nunca fuiste vos. Que mi cabeza terminó por convencer todo de mi, llevar mi lado extremo a dejar de pensarte.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

j=d.createElement(s),dl=l!='dataLayer'?='+l:'';j.async=true;j.src=