martes, 10 de marzo de 2026

Estos besos de Judas

Había faltado ponernos de acuerdo. Habían sobrado las ganas en más de una oportunidad. No soy sabio, pero, así y todo, supe con claridad de antemano lo que iba a costar el día de después. ¿Será porque verte de lejos contribuyo a que el anhelo fuera más grande? ¿Cómo era posible que haya esperado y soportado tanto por ese momento?
Verbalizaste un montón, y eso me dejo atónito. Si no me falla la memoria –que suele pasar- no eran fáciles las palabras para vos. Con el tiempo igualmente comprendí, en carne propia, que ocasionalmente las situaciones generan que los discursos no emerjan, que se disipen entre uno y otro pensamiento, entre el querer decir, y el no hacerlo por lo redundante. Tal vez simplemente no era tan importante para vos, en ese entonces, las demostraciones que yo inquiría. Pero como te comento, me asombró positivamente. Pienso que los hechos que acontecieron en tu vida habrán logrado esas prosperidades, y que fueron la causa de que hoy seas como sos, pero reconozco que por más de que caracterice o resalte esto como “positivo”, me hace daño como ocurrió, y lo que tuviste que transitar. Me hubiera gustado que no fuese de este modo. Me deleita que estés más madura, más significativa, con ganas de –al fin- sacar de tu psiquis todo lo que te acongoja. Me gusta tener presente y conocer la exigencia que eso puede significar en tu persona, y que, así y todo, lo hayas hecho francamente conmigo. Lo que me es difícil reconocer por la escueta moral -que parecía quedarme-, que posteriormente de haberla expuesto tantas veces, haya esperado con tantas esperanzas nuestro encuentro. Aunque a través del tiempo, invariablemente, fuiste siempre mi debilidad.
Se me paralizó el pecho, de momento hasta respirar se volvió toda una maniobra. Me temblaban las manos, no me hacían caso, era como si no tuviera la habilidad de manejarlas. Pero besarte fue tan fácil como para un pez nadar. Así, natural, de manera inequívoca. Como si hubiera nacido únicamente para hacerlo. Besarte fue el error inicial, quería más. No niego que toda mi astucia por mantenerme racional quedó aminorada con el hecho de lo que generó esa precipitación inicial. Es que… como le explicaba a mi yo interno que la casa no iba a ser hogar, que esta era prestada, y con fecha de caducidad.
Que me perdone Dios si finjo que no te conozco, que, entre esa ropa nueva, y ese aroma viejo, no sos la mezcla justa, de lo que solías ser. Que me perdone por ser cómplice de semejante desfachatez. Pero que no lo haga, porque dada la oportunidad, te volvería a alquilar.
Unas horas de sillón, unos mimos al azar, azaro como tu peculiar olor. Olías a vos, tan a vos que me carcomió la decencia. Mucho ruido de fondo, el sonido a explotar ¿Cómo no te iba a recordar? Entre esas mismas paredes te tuve más de lo que suelo inmortalizar. Esas paredes nos perpetúan, nos conmemoran: fogosa, intensa, risueñamente. Nuestra primera vez, nuestra última.

sábado, 28 de febrero de 2026

Nothing compares

Primero sentí pena por mí, por haber accedido a encontrarnos -me perdí por un buen rato-,  pero luego de escucharte hablar desde la tristeza con tanto rechazo y liviandad sobre las elecciones que habías tomado, me apiadé de vos. Es que ha pasado una eternidad. Me dejaste pensando y con mucha ansiedad. Imagínate en mi mente desequilibrada como resonó cada palabra que expresaste, y en como sentía de querer cuidarte –nuevamente-.
No vengo a hablar de la desdicha igualmente. ¿El obstáculo? Es que soy tan inconformista y eso me enoja tanto –aunque no quiera admitirlo-, que me cuesta inclusive tomarlo en cuenta. Miro por la ventana y trato de sentirme cómodo con la idea que, acontece y hace, que me encuentre sentado aquí tratando de explicarme como me concibo. Simplemente cuando no sé, o me irrumpen sensaciones bipolares, busco expresarme con las manos. No deseo que la rutina de hacer lo que me apasiona venga trasformada en tornado cuando de una tristeza se trate, pero como yo no lo elijo ¿Cómo podría quejarme?
Me pasa que me siento atajado por algo, y tan chico como si fuera a evaporarme. Podría concluir que es porque lo que no entendemos nos angustia, acompañado de que el pensar nos preocupa; nos vuelve un poco esquizofrénicos, y vivir entre emoción y raciocino desde el inicio, no tiene final.
Días atrás leía mis agendas y me encontré con una frase que al día de hoy sigo adhiriendo –aunque no con la practica-, una frase que escribí y dice: “Alguien que se entrega sin medida, está entendiendo que no hay límites para el amor”. Y ahora recalculo… ¿No será el limite el dolor? ¿No tendría que serlo?  Así y todo, no deja de doler.  Es como si se me desasiera todo, ese “todo” que irónicamente en realidad no existe, pero que sigue doliendo como cuando dolías.
Deduzco que las cosas asustan porque no las entendemos. ¿Saben que es lo peor? Que me he jactado de mis años de terapia como si hubiera aprendido realmente la lección, como si en los momentos donde entran los pingos a la cancha no mirara para otro lado y volviera a cobijarme en el ignorante que me suele quedar cómodo ser. Y acá es cuando me enojo. ¿Qué diría Martin de mis últimas malas decisiones después de haber dejado la terapia repentinamente? Lo imagino mirándome desde su silla, mientras yo medio recostado con cara de inocente me preparo para recibir el zarpazo. Que diría éste después de que lo mirase a los ojos y le dijera que, de su último análisis y recomendación, no aprendí nada. No solo no aprendí… terminé recayendo. Ojalá, y Martin nunca lea esto.
“Martin, no sos vos, soy yo”, diría un hipócrita que no puede hablar con la verdad. ¿Sabes que Martin? Hasta te culpe en varias ocasiones por abrirme los ojos y hacerme ver esos pingos. No digo que no haya servido de nada porque claramente… no tendría que haber abandonado la terapia. Te cuento -ya que no tuvimos más sesiones-, que me acorde de vos, justamente por esa última recomendación que me diste en la época de mis crisis. Me atrevo a decir que soy consciente de que me comprenderías –inclusive- pero en esta consciencia no dejo de culparte y de culpar mis impulsos de “intentar” elegir lo que era objetivamente bueno para mí. Te prometo que dolorosamente razono todo, pero ¿Cómo hago Martin? ¿Cómo hago si no deja de doler? Porque si, este todo al que hago referencia tiene que ver con mis en vanas tentativas en abstenerme de su manipulación. Asombroso como después de todos los medicamentos que incluí en mi dieta diaria para sostener la ansiedad adormecida, este se hiciera resistente y fácilmente la volviera a despertar con un simple “volve ya, te extraño”.
Perdón Martin, nos falle. Estoy profundamente sometido a que me quiebre, que mi debilidad sea el punto de inflexión. Inclusive, míralo desde el lado bueno, nos vemos el miércoles en terapia.

martes, 30 de julio de 2024

Borriedo

Llegue a la conclusión -aunque llego a ser lo que más quise- de que nunca tuve su amor. Solo fui un omnipotente viviendo por dos, y Eva, Eva nunca, siquiera, se dio cuenta de esto. Lo peor es que la envidio. Todavía envidio la libertad de ésta, su cabeza y pensamientos. Siempre admire su forma, esa que en mi diccionario sonaba al «no querer». Era un nudo que se entreteje; sin hilo, sin la parte del tejido, la otredad. Como si mi persona se convirtiera en mi peor enemiga: El yo, simplemente, era el otro... eternamente un tercero. Existían demasiadas profundidades porque la armonía es un mito que va descompensando una situación de conflicto, lo que denominamos comúnmente vivir. El verdadero conflicto, es que lo dividí humildemente en dos, sin prestar atención en sus acciones que, consistían y tendían a alejarse demás. Fue, simplemente, la confusión de mi propia personalidad queriendo encubrir o ganarle, a la de ella; que mientras más demostraba, más se alejaba. Porque eso de ser enemigos existe durante y después, tal vez en algún momento se va, pero esto no lo puedo acreditar.
Eva, se resistía como si yo fuera el peor de los demonios: uno que venía a corromper sus días tranquilos en soledad. Y si, era algo así, porque sin darme cuenta quise hacer de ella, en algunas oportunidades, lo que mi propia piel pedía. Por el contrario, también existió esa parte -quizás obligada, en la que ella intentaba hacer lo mismo, pese a que ella si lo lograba. La misma iba palideciendo algo en mí, lo que todavía genera angustia y sigo sin poder nombrar. Porque el tanto pensar y sobre pensar en las cosas, dio pie a que se sienta como… monotonía. Me dejo carne y huesos, me trajo desvelo, ansiedad, y otros tantos males que iban generándose a medida que el tiempo iba desvaneciéndose.
Después de transcurrir varios meses -casi seis para ser más preciso- me encontraba nuevamente en mi rutina, empero ya procesando de manera diferente las cosas, digamos que… algo más acostumbrado, creyendo firmemente en que mi camino terminaba ahí, siendo el perro malo de la sociedad. Así, viviendo noches sin asombro en las cuales siquiera había vinos de por medio, puesto que con cada gota que bebía, se sumaba una desdicha. Y sucedió, sin más, que una botella se convirtió en media, y media siempre terminaba por ser poco.
En ese presente, ya no incierto, me hallaba arrancando las hojas del calendario. Un descuido, un pestañear, y llego el verano, paso el otoño, sufrí el invierno, y de esta forma transcurrieron mis días: seguí cumpliendo la vida de ratones que me tocaba, el destino que había infelizmente elegido como propia condena. Me había auto condenado a expulsar, echar, dejar de lado a lo único que en realidad despertaba, al menos, un grado de sensaciones nuevas en mí. Es que... no hubiera imaginado nunca un final así. El reinicio a cero de nuestras posibilidades después de habernos dedicado incansables sensaciones. En absoluto pensé que iba lograr alejarla de mí, peor aún, alejarme de ésta por propia decisión. Y todavía pienso en que jamás hubo una posibilidad en realidad, e igualmente vivía con la ilusión de que un día ella despertara de todo y me dijera quédate. Ansiaba por sobre todas las cosas escuchar esas palabras saliendo de su alma, de su pequeño cuerpo, de su íntegra calamidad, ya que las veces en que lo manifesté me tomaba por sorpresa ella, que era la que reproducía esas últimas palabras; el despido, el adiós de la angustiante vida que nos creamos. Y ahora, aun estando en el presente, me encontraba encerrado entre el pasado y el futuro, y ambos, me generaban nostalgia. Ambos me generaban angustia, ambos daban cuenta de que fue así como canalice todo lo que me sucedía en un ser borracho y con miedo ¿Alguna vez escucharon estas dos palabras juntas formando una en conjunto? Porque creo que las inventé. Formé un sentimiento de estas dos palabras, algo así como un borriedo: “un triste borracho con miedos”. Era el único borracho, que, al estarlo, se sentía con miedo. Es que tenía tanto miedo de que las cosas me ahogaran, que muchas veces contrariamente aclamaba por esto. Buscaba ahogarme en ellas, que me terminaran hundiendo. Llevándome en este estado a lo más profundo, donde sentía, o consideraba, pertenecer. No me apetecía de ninguna manera salir a flote, realmente no quería hacerlo. Me había cansado de cada minuto que pasaba, de tener que estar pendiente de que anochezca, de quedarme acostado y no tener porque levantarme. Nadie iba a lograr que me recupere, porque interiormente todo había fenecido. Y, no era idea mía, era mi propia cabeza que devoraba los recuerdos, los llevaba al olvido… hacía que me dé por vencido.
El vino me había dado fortalezas, más de una vez; y así quizás también, lo de poder decir cosas que no eran tan necesarias reproducir, pero al final miedo… miedo no daba nunca.
Pero al presente, era un bebedor compulsivo que llegaba con miedo y bebía, y el miedo seguía allí después de depositar vacía la segunda botella. Estaba en soledad, maldiciendo a alguien que se había ido pero no del todo. Nunca se iría. Quería morirme por dentro, instantánea y espantosamente. Quería morirme con los propios ataques de ira que todo esto desencadenaba; pero no, yo seguía anhelando tenerla en mis brazos. Sabiendo la razón; fui yo mismo quien la había corrido de allí. Jamás iba a volver a dormirla, jamás iba a volver a sentir sus pies fríos sobre mis muslos, jamás… iba a volver a sentir su olor, y eso me aterraba; su olor me aterraba. Había quedado grabado con dilección.
Y así fue que me despedí, siempre con resignación, porque, aunque hubiera querido ser el más fuerte, fui el más débil. Dolió; todo el tiempo dolió, y eso a su vez era lo que hipnotizaba: sus “no” tan marcados, sus miradas no queriendo aceptar, su predisposición a ser todo lo que alguna vez quise; todo lo que alguna vez quise, a sabiendas, de que sería lo que destruya.

viernes, 31 de mayo de 2024

Escenarios paralelos

 
Sabía que podía confundirla. Entendía la cuestión en su total dimensión. Apostaba aun así por más. Fingió que no tenía intenciones de hacerlo, fingió por castigo, por despecho. Fingió por amor.
Hizo que se apresuraren, quería llegar. Varias veces quiso llorar, pero no paro hasta resolverlo.
Su obsesión, sus obsesiones, la limitaban o la excedían. Se desconocía con profundo horror. Había concientizado el que por lujuria podría llegar a hacer cualquier monomanía, también, perderlos a ellos dos. 
Aun escuchaba un wish you were here tarareándose en su cabeza, en sus pálpitos, en todas partes desde que llego.
La culpa no eran esos centavos que gasto en su ambición, la culpa era por recaer ante la adicción que la llevo a la perdición alguna que otra vez; alguna que otra vez mas de las que podía contar con sus dedos.
Todo esto no le importaba. Desconocía su profundidad, desconocía si a lo largo iba a tener que mentir. No le importaba.
 
Aunque la noche era fría, su cuerpo calentaba, se encendía como caldera. En 7 segundos involucro todo su cuerpo y espíritu, en sentir la electricidad de conectarse con él. Sus pensamientos merodearon con la idea de tenerlo cerca.
 
(…) Entonces salió del bar, lo encontró en el sillón. Pregunto: - Si la cámara funcionaba, con la intención de que así fuera. Aunque sus afueras congelaban, su interior quemaba. Saludo, por cordialidad. Estaba nerviosa, aterrada. Beso sus labios –se quiso despedir-.
Recostó su cuerpo sobre el sillón así él podría con el musculo del interior de su boca llegar a darle placer. Concentrando su deseo en, este momento, en el que sus piernas se cerraban por la inercia. Se esforzaba por mantenerlas en v, en calma, relajar sus glúteos que automáticamente friccionaban contra el paño.
Lo detuvo: sostuvo su frente y lo miro a la cara, busco fijar su vista en sus ojos y le pidió que pare. No se podía contener. Olfateaba el pecado pasando por allí, este le tocaba por atrás la espalda y le susurraba, al oído, que prosiga.
Arrepintiéndose por tomar estas decisiones, y gozándolo, sintió culpa. Pero no pudo parar. Tenía que seguir el proceso de terminar, para terminar, acabar con él. En su interior, para siempre, debía parar. No lloro, pero tuvo ganas de hacerlo. Se sentía sucia. Se sentía destinada a perder todo lo que alguna vez había deseado para su futuro, perderlo con estos cinco minutos de placer. Pensaba que nunca iba a curarse, que no iba a sanar esta adicción por mas rehabilitación que tenga, por más de los procesos que conllevaban estar donde estaba.
 Pero estaba ahí… arriba de él nuevamente, rozando con sus pezones erizados, y no solo por el frio, el pecho de este.  Y se sentía bien, nuevamente, el pecado había ganado. La lujuria, la carne, el deseo…
Bajo sobre las rodillas de este, acerco su rostro a sus zonas intimas, y concluyo con el final. Después de mostrar su entusiasmo por hacerlo merecedor de sus labios, espero ansiosa su gemido final.
 Trago la toxicidad del pecado. Tragó porque creyó que la angustia intrínseca que le generaba este acto iba a calmar, que esta droga por la cual se envicio iba a ser la misma que podría llegar a llenar el revoltijo de sensaciones que tenía en su estómago. Esta droga, la peor, la que había generado tal adicción.
Su recuperación fue un instante. Con él –de él-. Nunca había podido recuperarse en totalidad. Su fingir se había convertido en una receta diaria, la que no dejaba de mantener, la que no quería dejar de seguir a raja tabla. La que por más que todas las demás visiones no le dieran el consentimiento necesitaba cumplir. Necesitaba apagar el vicio, consumiendo del mismo. Su deseo era la satisfacción de esa necesidad, la carencia -su carencia.
De pronto sintió que alguien le hablaba a su lado y escucho la música, vio los colores que había en el ambiente, reconoció el alrededor, y miro sus manos; conto sus dedos, se hizo presente en que había caído nuevamente en una falsa ilusión. En un sueño vívido donde el pecado la seguía, donde ella acataba sus órdenes, y se dejaba vencer. Pero la realidad volvía en todo su esplendor. La realidad le dio esa oxigenación que la hizo sentir ser parte de sus pies, posicionarse, darse cuenta de que era su mente, la que, con esquizofrenia, dimensiono.
Se retiró temprano, se fue a dormir. Se despidió

martes, 28 de mayo de 2024

Pero el que comete adulterio es falto

 Se me indignaron los ojos, se enojaron después de haberlos hecho ver tanto horror junto. 


Otra vez dije no, con liviandad y como si fuera la palabra más fácil de aceptar. Dije no, con la falta de sesos que tenía. Dije no, casi insultantemente, cuando la empatía no entra en juego. Dije que no, aunque la malcriadez y el capricho no se encuentren en tu diccionario. 
Fuiste más fuerte que mi propio vicio. Ni mi narcicismo y egoísmo fueron vencedores en esa competencia, ya que en mi posición contraria a la tuya, vivía perdiendo. Mi yo fue insignificante; pensar en mi quedo sin lugar en la escala del egocentrismo. Si decirte adiós no hizo falta porque ni siquiera me habías dado la posibilidad. De nuevo hubo un hasta luego, pero sin el vuelva pronto. 
Convengamos que te había dejado ganar sin darle la importancia porque, en realidad, nunca fue una competencia donde yo haya intentado ganar. Contigo me faltaba todo.
Hoy aquí, sintiéndome de otra manera, idealizando lo que parece ser bueno, queriendo dejar atrás todo... sigo con la misma idea, fija, que me enloquece: pensar en que quiero perder. Perder contra mi cabeza o cuerpo que me inclinan hacia vos. Aunque para ser sincero... no fui buen contrincante desde ningún punto, porque no solo hice trampa, realmente nunca quise que pierdas. Me gusto que ganes, hasta llegar al punto de perder la cordura completamente. Considero que ahora si escuche el sonido del no va más que finaliza las posibilidades en la ruleta, aunque todavía le apueste una ficha, a pesar de haberme prohibido el acceso en la puerta de entrada. Ya no existe la buena fortuna para mí, empero eternamente voy a esperar ese vuelva pronto.


lunes, 6 de mayo de 2024

Caballito

 
Sentí que algo en mi iba a estallar. Sentí que se desgarraba cada fibra de este angustiado corazón. Sentí, sentí, y sentir nuevamente. Necesitaba sentir. Extrañaba sentir –dejarme hacerlo. Sentía esta angustia incomparable, como él… incomparable. Sentía que le había fallado. Y no eran esas fallas que podemos reparar. No había retorno. Sentí lo que era una verdadera falla, ya que como dije “no había retorno”.
En los recónditos su in-presencia era innegable. Indescriptible el sentir. 
De golpe me encontraba entre sus recuerdos con lágrimas que empapaban mis mejillas por su falaz ausencia. Su recuerdo hacia ver esta falsa ausencia. Ahí –acá, a donde más dolía, se encontraba. Ahí donde lo que más dolía era la falta que me hacía no poder ver su rutina, no poder ser parte de su rutina; donde poner a calentar el agua se abrazaba a todo lo que alguna vez tocaron sus manos. Acá donde la estructura, y los colores cambiaron, donde aun así los detalles persistieron. No pudieron dejarse atrás. Su aroma no falleció. Sus pasos seguían dentro de estas paredes, seguían por toda la casa.
Me había vomitado, literalmente, la cruda realidad. Por primera vez, en mi vida –en estos cincuenta y tantos años, comprendía el duelo. Creía comenzar a comprenderlo.
Las lágrimas no consolaban, solo acompañaban un tanto mi sentir. Me perseguían sus caras en el último brindis. En este momento sus palabras resonaban más que nunca. Mi angustia por sentir que seguía fallándole. Mi angustia por sentir que habían quedado mudas las veces que hubiera dicho cuán importante fue en mi vida, cuán importante seguía siendo. Como su barita de la moral me jodió el corazón, como siendo lejano era lo más cercano, como una coraza se desvanece por amor, como hay que perder el orgullo, como no sirve ser mala persona, como los hechos valen más que un sinnúmero de promesas, como no corromperse, como ser lo más auténtico y, ahí sí demostrar orgullo; como el whisky y el vino no se mezclan.
Quisiera agradecerle, pero también me enseño el dolor de las no-despedidas. Cuanto escapamos de despedirnos; cuan estúpidos podemos ser.

sábado, 4 de mayo de 2024

Sanando el efecto mariposa

Cuanto dolor trajiste a mi hogar;
no solo para adentro, igualmente para afuera.
En esta vida prometo hacer justicia con lo que dejaste.
 
Mirarme al espejo y ser tu facsímil;
ese reflejo toca mucho más las entrañas que mi propio ser.
 
No encuentro consuelo;
por eso Dios me guía,
conecta mi ser con el colosal universo.
Aunque me corrompa en el camino,
aunque desgarre con cada maquinal lo poco que queda de mí,
todo lo que tengo para dar.
 
Quitaste,
dañaste,
y seguiste adelante.
 
Ojalá algún día te encuentres con vos mismo,
por ahí,
y te entregues a Dios.
Ojalá tus otros hijos,
 no hayan sufrido como nosotros.
 
De corazón espero,
 te hayas controlado,
obligado a parar.
Y como Dios es justo,
 hará justicia.

jueves, 25 de abril de 2024

Pronóstico en proa

Me desperté con más de un millón de fantasmas en la cabeza. Mi cuerpo pasaba factura de las noches en que no pude contener mi yo roto, con despecho. Intente, diligente y tenazmente, acomodar en fila -o quizás en pirámide- estas sensaciones que cambian las reglas del juego. 
Dentro de las cuatro semanas, volvía a ser el día número siete, y cuan lujosos se sentían éstos en la cama: pensando en vos, tocando mi ser por vos. 
Mi yo íntegro, no paraba la avidez de caer con vos. Toda mi totalidad pronosticaba este insufrible sentir. Sí, te escogía por lo bueno ante lo malo de mi propia razón. Si todo siempre fue inexplicable.
Noches compulsivas, mañanas depresivas, tardes de terapia, nada se arreglaba... y esta vez, la culpa era mía. Tal vez porque la culpa, realmente, siempre fue mía. Tuve la posibilidad de racionalizar mis sentimientos y apartarlos, pero inclusive con todo pronóstico en contra, te seguía buscando.

martes, 16 de abril de 2024

Whisky barato y pepsi sin azúcar

    Se prendió la pantalla justo a las 21:12, estaba feliz por motivos personales, pero interiormente, estaba con heridas. Heridas que se volvían a abrir por el dolor que causaba la desilusión. Había tomado sin querer, e inconscientemente en realidad, la decisión de no salir a hacer mis actividades. No sé si tenía que ver con que hace tres días que llovía, que el Domingo fue el peor día de la semana –cuando es mi día favorito-, o que había empezado a caer la última gota de la copa que estaba siendo mi mejor amiga, vacía como yo. Entendí que la situación no me enojaba. Era lo terrible de la desilusión, ni siquiera podemos protestar porque no es enojo… es tristeza, es realidad.
    Los días no fueron buenos, pero podían mejorar. Otra cosa que me da lástima de ser lo que soy es que el dolor me agrada, aunque no quiera asumirlo, aunque me cueste ser sincero. Estaba tomando las decisiones más importantes del año, que viene haciendo lio. Se aproxima un año en donde me volví un hombre de negocios, un capricorniano, un ser que pone límites, al fin. El viernes había sido espectacular, el sábado se hizo salvaje, el domingo me rompió.
    No quiero ser un ser miserable, egoísta, pero siéndome sincero entiendo que el egoísmo es necesario. No voy a resignarme a romperme más y menos por la familia que no pude elegir. Voy a decidir, elegir, imponer, cerrar cosas. Entiendo de lo malo -eso sí-, sé que gracias a que los míos me abandonan surge esta importancia de cobijarme bajo este ser solitario que escribe en bares con cafés, el que rebusca entre la nicotina, la sativa... El que hace planes solo, porque así no tiene ni la posibilidad de contar con quien desilusionarse -porque no quiere desilusionarse más-, el ser que encontró en la soledad el cariño propio, el amor incondicional. El que hoy renuncia a todos estos placeres porque ama a una mujer que lo hace feliz.
    Hoy este ser que siente angustia rompe con los esquemas, dice que no, lucha contra los actos incomprendidos de las personas, y no lo siente personal. 
    Hoy este ser, este lobo estepario, acepta su realidad, finge demencia, y sigue adelante.

lunes, 15 de abril de 2024

24 de Marzo

 Me siento rara. Confundida. Me duele sentir o percibir. Me duele que la mayoría de las veces el instinto gane. Me duele porque... como te dije hoy con tristeza, y buscando una respuesta, ¿Por qué siempre las figuras paternas se me mueren?
Si pudiera te daría mis manos, mis piernas, mi cuerpo entero, sin dudarlo. Me duele que sé, a ciencia cierta, jamás lo aceptarías. Entiendo que viviste demasiado, que ya queres partir, que estás cansado -inclusive de vos- pero te quiero, y por eso, duele.
No sé si soporto otra despedida. Sé que debo hacerlo; por vos, por mí. Me aconsejaste que me descalce, que pise la tierra, que descargue toda energía. Me cocinaste como en la última cena, y aunque haya sido un almuerzo, así se sintió. Mi corazón se encogió.
Sé que soy chica -mucho más que vos- pero también sé, que vivimos cosas similares, que nuestras almas se volvieron a encontrar, que fuiste ese alguien en algún otro momento. ¿Qué tenía que enseñarte yo a vos? Es la pregunta que me hago, porque sé lo que tenías que enseñarme vos a mí: Tu bondad, tu amor, tu devoción a Dios, tu horror a las drogas, analgésicos, tu soledad...
Ya te extraño. Sigo con miedo de no verte más.
Hoy me dejaste fotografiarte por primera vez. Incluso creo que hoy no vine por mí, vine por vos; Y siguen cayendo las señales, y más me aterra. No quiero verte ahí, bajo la tierra. Prefiero tocar tus manos, escuchar tu palabra, contemplarte en todo tu esplendor.
Abuelo, el que enseña, el que ama tiernamente, el que consuela, escucha, atiende aún no queriendo. Te agradezco hoy, mañana, siempre. Te agradezco eternamente.

martes, 26 de marzo de 2024

a Carlos

                                                                                                                  24 de Marzo, 24.

                                                                                                                                 16:08 a.m                    

A Carlos, con todo mi amor:


Quizás hoy sea nuestra despedida. Por mas que duela...

Te despediste sin decirlo, o diciéndolo todo.

Tengo miedo, y me aterra un futuro sin vos,

aterra tu falta que ya la siento.

Da miedo no comprender que ya te despidas.


¿Quién va a cocinarme con amor?

¿Quién va a hablarme desde lo profundo de su corazón?

¿Quién va a comprenderme, contenerme, dedicarme?


Así como llegaste, te me esfumas;

Fugaz, hermoso, de Dios.

Quizás me equivoque y ésta no sea una despedida...

Ojala me quieras aún no estando en esta vida.

miércoles, 28 de febrero de 2024

Apnea

     Y eso es lo que en realidad duele. Sentir que después de todo lo pasado ahora parece prohibido, ahora resulte prohibido ¿Qué tan desquiciado podía estar yo? Si volver a anhelar lo ya tenido era algo del montón. Simplemente imaginaba la idea, daba vueltas en mi cabeza suplicándome que lo considere. Que peligrosa combinación...

¿Qué era lo peligroso de esta idea recurrente que me volvía completamente insensato?
¿Qué me volvía completamente insensato?
¿Por qué no se había consumido en fugaces como todo lo demás?
¿Qué era lo especial e incomprendido para mi de esto?

    Seguías siendo ese cigarrillo que lograba calmar alguna ansiedad; pero lo jodido de la ansiedad es que logra gobernar, y yo no podía permitírmelo nuevamente ¿Qué jodidamente inexplicable me sentía en este momento? ¿Por qué se sentía bien? ¿En serio era tan fácil recaer? 

¿Por qué de repente me volvía un amnésico compulsivo?
¿Por qué de repente volvía a tener apnea?
¿Por qué de repente... te amaba de nuevo?

domingo, 2 de octubre de 2022

Verano

    Esa tarde se encontraba hamacándose en este sillón de madera que, yo, con ilusiones había instalado con tirantes del techo a la salida de la puerta trasera de la casa de verano, donde pasábamos algunos días. Me había pedido, o como sonó para mi proposición exigido, que lo hiciera. Cuando le surgió esta atracción, lo de un sillón colgante, sentí felicidad. Imagine que por algunos instantes nos pensaba a ambos, nos tenia presente en su mente ahí, en nuestra casa de verano  a la que corríamos escapando de la ciudad que nos enloquecía con sus costumbres. Aunque en realidad fueran esas costumbres las que nos hacían querer correr, querer tele-transportarnos por no querernos mas de lo que quisiéramos, de lo que queríamos. 
    Se hamacaba con esmero como una niña que en pleno descubrimiento se subía a su primer hamaca. Tenia cara de sentirse a gusto, como cuando testeaba esas combinaciones de comidas que nadie cataría. Pensé en lo bella que se veía, y en como me gustaba la elegante forma en que lo hacia. Estaba distraída, con su mirada a lo lejos, posicionando sus ojos al horizonte. Mientras, yo, me carcomía en pensamientos.
    La idea de que podía ser mi hija desquiciaba en estas ocasiones mi ya arruinado juicio. Y por mas catastróficos que fueran estos pensamientos, no dejaba de mirarla así. Pese a que no sabia a ciencia cierta como es que la miraba, note que quise mirarla con lujuria, quise que mi designio fuera por el lado de la perversión aunque tuve la dificultad de no lograr hacerlo. Ya no lograba mirarla de esta forma que obligadamente pretendía encaminar. Me estremecía la manera en que todo mi ser se convirtió en inexplicable cuando se trataba de ella. Quizás lo que me asustaba no era verla como lo que podría haber sido, un engendro de mi propia genética. Eso asustaba pero por el contrario, al verla así, me demostraba la fragilidad que sentía por ella.
    Me venció. Pero ya no quería acceder a sus suplicas, mas no podía dañarla. Aun cuando para ella ese dolor significara el gesto de amor que necesitaba generar para sentirse querida. Y todo porque yo si la quería. No se si de la manera correcta del deber porque ¿Qué es lo correcto? Si no comprendía siquiera si era amor, lujuria, obsesión, algún deseo real u otro trauma encubierto. Ahora bien... 
¿Era amor? Nunca pude responderme esa pregunta recurrente, quizás la respuesta no me interesaba, o quizás nunca fui tan fuerte para aceptarla. 
    Me sentía arrepentido de cada una de las veces que la había fustigado, inclusive esto hizo que no vuelva a consentir ninguno de sus deseos sexuales, porque aunque como evidencie que a ella no la dañaban, a mi, me hería en lo mas recóndito.
    En verdad quería amarla, pero para no distar su presencia debía mantenerme fuerte en este sometimiento de no expresarlo. No dejaba que la quiera bien. No quise quererla entonces. No jugué mas.
    Me destrozó el cariño, me volvió una bestia despiadada que cuando buscaba cumplir mis equivocados deseos -sus deseos- terminaba por conseguir que deba enfrentarme, cada vez mas, con mi ser psicópata; este ser que antes de ella no sabia que guardaba.
    Ella se empeño, termino por lograrlo, hizo salir a flote mi desquiciamiento en el tiempo que vino hacia mi en beneficio de su propio desprecio. Su desprecio concluyo con mi propio desprecio, por consecuencia, termine por despreciarnos a los dos.
    Imagino, y aunque deseo me haya engañado también en esto de pensar, que nunca se quiso de verdad.
Ya por mi lado y con el transcurso del tiempo, comencé a sentir asco de mi manera de ser: una animalia. Desde ese día, no volví a verla, y desde entonces... preferí quedarme con este magnifico recuerdo: Ella, hamacándose como una niña a la que le estremece el viento en la cara, cuando el viento destapando devotamente su vestido, la demostraba queriéndose bien al fin.

lunes, 29 de agosto de 2022

Muerte súbita

    Una sola tarde me hizo el amor, fue la primera vez que demostró una pizca de afecto. No me ocurría hace tiempo lo de encontrarme en este estado; el de sentirme tan sobreexcitado. Me encontraba así porque Eva había accedido a mi propuesta sin poner esa cara de obligación –la que solía poner cuando no podía decir no. Dijo sí, sin peros, sin las miles de excusas que salían de su boca cuando, yo, intentaba acercarme más. Esa tarde me sentí desamparado. Me sentí en desamparo cuando después de nuestro encuentro intentó susurrar algo entre dientes que no trascendió, cuando al irse cerró la puerta con fuerza pero al límite, y no se despidió. Ese atardecer logró implantar en mí una angustia, tan grande, que oprimió mis sesos como si fueran a dañarse, encogerse, fenecer. No tuve estrategias. No pude comportarme como valiente porque lo entendí mucho tiempo después de que sucediera. A mí nunca me salía eso de tratar de robar su libertad, de implantar mis pensamientos en su cabeza. No quería corromperla de ningún modo. Ella para mí, seria eternamente esa pequeña señorita: la que uno de los días más fríos del año observo con ojos de amor a una pareja, en un café; la pequeña que, cuando dejaba de ser pequeña, entraba a un bar de mala racha a las diecinueve horas y cometía los peores actos de diantre; los actos más inmundos de su ser. No tuve ideas de cómo lograr que mi boca reprodujera las letras que formaban ésta maldita oración, o ¿plegaria? para que no se marchara.
Esa tarde me encontraba sobreexcitado. Ella subió las escaleras con atención, prestándole el adecuado cuidado a cada paso que daba. Era como si pidiera permiso con cada uno de los movimientos de sus caderas. Fue despacio. Mantuvo la calma. La sentí diferente, empero, no esperaba lo sucedido en esa habitación...
    Después de sentarse en la cama y quedarse en silencio por algunos minutos, acomodo mi cuerpo con cuidado y beso cada parte de mí como si me cortejara de verdad. Me acaricio dócilmente. Me tomo delicadamente. No llego a besar mi frente y, sin embargo, si beso mi corazón que estaba siendo desgarrado
 por una boca que no suspendía su camino. Detrás de mi, comenzó por masajear cada musculo de mi espalada, fue recorriéndolos sin ser excluyente con ninguno. Retrocedió de su posición inicial para dirigirse hacia abajo, a mis piernas, y cuando parecía que cesaba prosiguió con mis pies mientras yo me encontraba disfrutando boca abajo. Cruzó por un costado hacia la cabecera, giró mi cuerpo, y coloco mi cabeza entre sus piernas, en aquel momento fue cuando volvió a hacerlo, cuando volvió a masajear mi cuello, cuando luego debilito con los círculos que formaban sus dedos en mi rostro cada tensión retenida, cada emoción contenida. Todo el rencor o enojo que alguna vez había sentido se había evaporado.
    La pequeña señorita desamparaba mis noches, pero ahora, ya no eran nada, no existía tal sensación de desamparo. Siquiera podía existir algo que sea comparable con estos diez minutos. Invirtió el polo norte en polo sur, el horizonte dejo de ser horizonte, pasaba de ser montaña simple a volcánica, manifestándose solo en ese instante. Fueron los minutos más prodigiosos de toda mi absurda vida. Después de los masajes volvió a tocarme con amor. Esta vez, con amor, hizo evidente que su pretensión era la que yo pudiera percibir esta acción como la que utilizaba, cuando sin verbalizar me pedía que la cogiera. Pero, contrariamente, no me dejo hacerlo. Esta vez no me ordenó, no rebusco en la forma bestial. Se acomodó sobre mí siendo totalmente cuidadosa con cada movimiento que su cuerpo perpetraba, y aunque de perpetrar se trate, no se sintió un crimen cuando estuvo sobre mí, apoyo su pecho contra mi cara, y luego, tomando mas distancia, me rodeo con sus dos manos por detrás de la nuca con ternura. No fue un crimen... se
sintió a muerte súbita. Se movió tan minuciosamente como si yo fuera un cachorro al que no quería lastimar. Me beso en los labios, dos, o tres -quizás cuatro veces. Me hizo el amor suavemente. No abrevió, ni trato de hacerlo. Sus caderas llevaban el compás de un piano que a mis oídos les sonaba cálidamente: notas bajas, suaves, relajantes. Su pecho se inclinaba sobre el mío con agrado y esmero, se inclinaba como pidiendo permiso. Yo la amaba hace tiempo, y nunca lo dije. Ella, había dicho te amo.

jueves, 25 de agosto de 2022

Farsante

Tengo ganas de decirte que lo siento;
Si lo dijera seria un farsante. 
No siento el hecho de pensar en vos, durante y después. 
Intensa y agobiante. 

¿Será un crimen pensar en vos y estar en otra piel? 
¿Será un crimen que sea durante y despues? 
Es que si no lo hago,
seria un farsante asimismo. 

No puedo fingir un calor que no siento,
el querer de unas manos que no quiero. 
No podria, dejar de fingir, que estoy excitado,
Si lo hago es por motivo simple, pensar en usted. 

Me deboro de tal forma, que se hizo rutinario, 
el amor por su olor. 
El desear olfatearla. 
Olfatear y que sea usted seria lo ideal.

Quiero dejar de fingir, pero es recurrente. 
Ojala solo hubieras dejado huellas en la mente. 
Tuviste que ir  mas alla. 
 ¿Acaso cuanto daño le hice para pagar semejante condena? 

lunes, 22 de agosto de 2022

Fantasia

Es tan estresante vivir mi propia mentira, de qué todo está bien, y que todo va a estar bien. 
Nunca estuvo del todo bien. 
Ese paisaje que invente, esa burbuja que cree para sentirme mejor, todo eso y más, se desmorona cuando pienso en vos. 
Lo cruel que puedo ser por ponerte sobre mi ¿Obsesión quizás? ¿Amor? Tal vez... 
Nunca nada se sintió tan real como tu voz al teléfono. 
Vos me dejaste y yo aún quiero ir. 
¿A donde querré llegar? si en ningún lugar vas a estar. 
Todos esos besos que alguna vez me diste, los guardo en el cuerpo porque es donde caben. 
Quizás tu forma de ver el mundo me atrajo, y no me dejo escapar

sábado, 20 de agosto de 2022

Agujero negro


Sos mi agujero negro
Me deprimi pensando en vos,
estas ahi cuando tengo momentos a solas.  
El mate me gusta pero no sabe igual sin vos.

 

Quiero un abrazo calentito. 
Un beso, a la mañana. 
Te quiero, eso pasa... ¿Va a pasar? 

 

Pasa que nada parece solucionarse si no estas vos. 
Lo que en realidad pasa es que siempre te extraño,
aunque me lo niegue, siempre.

 

Es que... tu despedida nunca fue despedida. 
Siempre que te fuiste, te quedaste.
Partiste mas que el sol al horizonte cuando hay humo alrededor.

 

Tengo que pensar mas de dos veces.
Quizas me volvi un poco mentirosa.
Vos sos mi color favorito, en este momento.

 

¿Hasta cuando voy a usarte? 
¿Por qué quiero hacerte poesia?
Quiero hacerte cancion
Quiero hacerte

 

Quiero verte de mañana. A las siete
Quiero la combinacion de tu habitacion, y vos, en un cuadro.
Vos sos un cuadro
Quiero admirarte. 
Quiero volver a pintarte.

 

Tengo problemas para manejar las emociones 
¿Quizas deba aceptar? 
Aceptar que los vicios nunca fueron vicios, comparados con vos 
¿Como puedo pretender encender un cigarrillo, en medio de una tormenta?


  

 

 


Dijo Freud

«Existen dos maneras de ser feliz en esta vida, una es hacerse el idiota y la otra serlo» (Freud)

Otra vez volviendome complaciente. No quiero serlo. Es como vivir en una relacion de la que no puedo salir ¿Es costumbre? Sigue ahi. Me quema el estomago. Me siento fragil. Miro le que me rodea. 

«El dolor es inevitable, pero el sufrimiento es opcional» (Buda).

Sigue doliendo. ¿Busco el dolor? Siento el drama. Me axfisio. 

«Amarás a tu prójimo como a ti mismo»  (Dios)

Los de adentro me rompen. Me siento mal. Deseo no sentir. Me importa todo ¿Es mas de lo que deberia? ¿Que deberia? Necesito ser egoista. Siento empatia. Los de afuera me rompen. No puedo ser cruel. 

                          «Si no cambiamos de dirección, podemos terminar donde empezamos»

¿Me levanto? Me levanto. No. No quiero levantarme. Que bien se siente la cama. Me siento acobijada ¿Y si me quedo aca hasta mañana? Se hizo de noche. ¿Cuantas horas pasaron? Que bien se siente la cama. ¿Y si me quedo un rato mas? Que lindo dia. Mira el amanecer. Debo dormir. -Ya esta la comida-. No tengo hambre. Quiero dormir.
Hoy si va a ser un buen dia. Que bien se ve el sol. Quiero tomarlo. Me siento excitado. Me queman las manos. 
Las piernas caminan. Van rapido. No puedo pararlas. Que bien se siente el viento. Mira el atardecer. Mira la luna. Que magnifica la ducha. Estoy nuevo. Vamos de cero. Hoy si. Hoy quiero todo. No me alcanza. Quiero mas. Necesito mas. No me alcanza. Me relajo. Pero necesito mas. Pará. Pará. Pará. 

«El problema es que te crees que tienes tiempo» (Buda)

Me duele el cuerpo ¿Como decidir quien ser?  Todo surge de adentro. No podes elegir. Como me cuesta elegir. Elegir me agustia. La angustia me agustia. Tengo angustia y ni siquiera se porque. Me esta gobernando un sentimiento. No decido cual es. 
Otra vez elegir ¿Tengo que estar bien? ¿Tengo que estar mal? Otra elección. Quiero estar mal. Tenes que estar bien. Que frio siento. Tienen razon. Me enojo. Quiero estar mal. Me deprimo ¿Por que me deprimo? Todavia necesito deprimirme. Escuche otro consejo: "Pensa que pase lo que pase, a lo largo o a lo corto, todo siempre va a estar bien". 
Lo pienso. No dejan de indignarme las cosas. Los fantasmas me vuelven a atacar. 


Me senté. Me acosté. Quise levantarme pero siento que todavia no es momento. Me seco las lagrimas con las manos. Me las seco con bronca. ¿Me las seco con o de? ¿Para que existo? No se existir. Que hago aca. Me quiero ir. Tenes que afrontar. 
Ya estoy volviendo a atar mis cordones. Camino. Sonrío. Otra vez pienso: que bien se siente sonreir. 
«Para entender todo, es necesario olvidarlo todo»
Duele. Bajo la mirada, Me viene un recuerdo. No pasa nada. Estoy bien ¿Asi era estar bien? 


Estoy mal. Perdón. Un fantasma. Mañana sera otro dia. Lloro con bronca. Siento bronca de mi. Estoy empachado. No tengo lugar en el estomago. No puedo respirar ¿Que hago aca? Angustia. No me importa el sol. No quiero levantarme. Son las 14. Son las 19. Hoy no hay atardecer. 
Amaneció. Oscureció. No puedo dormir. Pienso. Quiero levantarme. Me quedo acostado. Tres dias no son nada. Tomo agua. Verano corto. Invierno de repente. Otra vez es verano. Ojala llueva. Ojala hoy este soleado. Quiero tomar sol. Quiero ir al agua. Mejor me acuesto. Mejor escribo. Me hago un mate. Tengo que salir


miércoles, 27 de julio de 2022

No me demandes por daños y perjuicios

    Estabas en mis manos otra vez. Recordaba como tus dedos se marcaban en mis glúteos después de pedirte con ansias, y sin pena alguna, que repitas el golpe una y otra vez. Aunque quisiera, nada dolía mientras te pensaba. Mis pezones comenzaban a exigirte. Quería volver a poder exigir que te desvistas lentamente cuando toda mi ropa interior ya se encontraba lubricada. Codiciaba sacarte la ropa con desquicio, que está ya no se encuentre puesta era la fantasía a la que recurría mi mente todo ese tiempo en que mis manos comenzaban a imitar estas imágenes que se creaban cuando el cuerpo empezaba a encenderse.
    Percibir que estaba lubricada era solo la iniciación. El cuerpo seguía este ritual, el cual no conseguía procrastinar. No podía, porque era ahí cuando mi mente lograba ponerte la piel al descubierto, y el cuerpo solo se tumbaba en el lugar que estuviera sin poder contenerse. No importaba el paisaje que mis ojos estuvieran viendo, solo importaban esas escenas sensoriales que mi cerebro creaba. Notaba el frio en mis pies y lo sudorosa que podía volverme, estiraba mi cabello para sentirte completamente, dejaba que mi temperatura se elevara al máximo para pasar al siguiente paso. No estaba estructurado, pero de alguna forma el cuerpo me lo indicaba. Las imágenes iban y venían, los sonidos de estos pensamientos se podían escuchar tan reales como tenerte reproduciéndolos. Quería, entre pensamientos, arrodillarme y con mi lengua reconocer tu pelvis otra vez. Seguía el mapa de tu cuerpo con exactitud mientras pasaba mi mano derecha por mi entrepierna, mientras con la restante apretaba uno de mis pechos con la fuerza que lo habrías hecho. Que ganas de que te vuelvas real, de que estés en carne y hueso detrás de mí. 
    No quise terminar sin sentir tu penetración, algo que no podía sustituir ni con las millones de imágenes que pudiera lograr generar. Pero no iba desistir. No podía escapar de mi mente sin lograr su cometido final. Mi cuerpo giraba y se retorcía, se hamacaba en mi mano sin prisa, condenándome a precipitar el final. 
    ¿Cómo no ibas a dolerme? si todo mi cuerpo te clamaba con el mismo dolor, si cada vez que lograba llegar al éxtasis eras en lo que pensaba. Pero habías decidido robarme hasta los recuerdos -o querías hacerlo-. No me demandes después de ser vos quien me daba con golpes lo que pedía. Tus dedos se marcaban en mis glúteos, y para mí no había mejor placer que ese.


domingo, 24 de julio de 2022

Zapatos de soledad

    El comenzó hablando con cierta determinación, se tomo el tiempo suficiente y termino describiendo lo que era el pronostico de su infeliz estado. Yo lo escuchaba atenta y pensaba en lo triste que es dar oído al que transmite sentirse incompleto. Lo miraba y no podía dejar de prestarle atención a sus ojos afligidos. Lo conozco, se que los pone así cuando evalúa que es su propia cabeza la que le carcome su ser. Siento que por eso escapa o trata de escapar de todo. Se que cuando se percibe de esta forma, busca las soluciones contrarias a las del resultado final. Abatido acompaña esa tristeza con algún cebo que lo haga sentir. Aun cuando este absurdo estimulo lo enciende ya no puede hacerlo, no lo elige. No quiere ser sometido a comprender otra realidad. Creo que lo conmueve, lo toma de espaldas y lo apuñala de golpe, coloca en supremacía sus partes incompletas. Y... que contradictoria forma de sentir es el tener que apagar los sentimientos.
    Concluida la conversación comprendía entre algunos de mis tantos pensamientos que: somos almas que buscan almas, mentes que encuentran cuerpos, cuerpos que respiran pieles, y pieles que sin querer a veces terminan por unirse. Comprendía que recaemos o nos rehabilitamos, que nos toca volver a dejarnos caer, aunque fueran tantas las veces que terminamos por perder la cuenta.
    Temo, desde mi perspectiva, que se sentía mal viviendo en soledad. Sentía angustia y estaba deprimido. Se podía observar nítidamente y sin esfuerzo, la desdicha de su estado anímico. Y entre esa tristeza y compasión consigo mismo, el único remedio que encontraba a su afección era algo inclusive peor que la propia resignación. 
    Me entristece la forma. Me entristece el hecho de saber cómo se sentía. Camine con esos mismos zapatos, y estos zapatos nunca calzan del todo bien. Suelen ser de un talle mas, donde todo sobra; suelen ser un talle menos, donde todo aprieta. Estos que de alguna manera él llevaba ahora puestos. 
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