Se me indignaron los ojos, se enojaron después de haberlos hecho ver tanto horror junto.
Otra vez dije no, con liviandad y como si fuera la palabra más fácil de aceptar. Dije no, con la falta de sesos que tenía. Dije no, casi insultantemente, cuando la empatía no entra en juego. Dije que no, aunque la malcriadez y el capricho no se encuentren en tu diccionario.
Fuiste más fuerte que mi propio vicio. Ni mi
narcicismo y egoísmo fueron vencedores en esa competencia, ya que en mi posición contraria a la tuya, vivía perdiendo. Mi yo fue insignificante; pensar en mi
quedo sin lugar en la escala del egocentrismo. Si decirte adiós no hizo falta porque
ni siquiera me habías dado la posibilidad. De nuevo hubo un hasta luego, pero sin el vuelva
pronto.
Convengamos que te había dejado ganar sin darle la importancia porque, en realidad, nunca fue una competencia donde yo haya intentado ganar. Contigo me faltaba todo.
Hoy aquí, sintiéndome de otra manera, idealizando lo que parece ser bueno, queriendo dejar atrás todo... sigo con la misma idea, fija, que me enloquece: pensar en que quiero perder. Perder contra mi cabeza o cuerpo que me inclinan hacia vos. Aunque para ser sincero... no fui buen contrincante desde ningún punto, porque no solo hice trampa, realmente nunca quise que pierdas. Me gusto que ganes, hasta llegar al punto de perder la cordura completamente. Considero que ahora si escuche el sonido del no va más que finaliza las posibilidades en la ruleta, aunque todavía le apueste una ficha, a pesar de haberme prohibido el acceso en la puerta de entrada. Ya no existe la buena fortuna para mí, empero eternamente voy a esperar ese vuelva pronto.
Hoy aquí, sintiéndome de otra manera, idealizando lo que parece ser bueno, queriendo dejar atrás todo... sigo con la misma idea, fija, que me enloquece: pensar en que quiero perder. Perder contra mi cabeza o cuerpo que me inclinan hacia vos. Aunque para ser sincero... no fui buen contrincante desde ningún punto, porque no solo hice trampa, realmente nunca quise que pierdas. Me gusto que ganes, hasta llegar al punto de perder la cordura completamente. Considero que ahora si escuche el sonido del no va más que finaliza las posibilidades en la ruleta, aunque todavía le apueste una ficha, a pesar de haberme prohibido el acceso en la puerta de entrada. Ya no existe la buena fortuna para mí, empero eternamente voy a esperar ese vuelva pronto.
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