Espero que puedan llevar su imaginación a los lugares menos o mas pensados, y no se limiten sobre ningún rincón.
jueves, 25 de abril de 2024
Pronóstico en proa
martes, 16 de abril de 2024
Whisky barato y pepsi sin azúcar
Los días no fueron buenos, pero podían mejorar. Otra cosa que me da lástima de ser lo que soy es que el dolor me agrada, aunque no quiera asumirlo, aunque me cueste ser sincero. Estaba tomando las decisiones más importantes del año, que viene haciendo lio. Se aproxima un año en donde me volví un hombre de negocios, un capricorniano, un ser que pone límites, al fin. El viernes había sido espectacular, el sábado se hizo salvaje, el domingo me rompió.
Hoy este ser que siente angustia rompe con los esquemas, dice que no, lucha contra los actos incomprendidos de las personas, y no lo siente personal.
lunes, 15 de abril de 2024
24 de Marzo
Si pudiera te daría mis manos, mis piernas, mi cuerpo entero, sin dudarlo. Me duele que sé, a ciencia cierta, jamás lo aceptarías. Entiendo que viviste demasiado, que ya queres partir, que estás cansado -inclusive de vos- pero te quiero, y por eso, duele.
No sé si soporto otra despedida. Sé que debo hacerlo; por vos, por mí. Me aconsejaste que me descalce, que pise la tierra, que descargue toda energía. Me cocinaste como en la última cena, y aunque haya sido un almuerzo, así se sintió. Mi corazón se encogió.
Sé que soy chica -mucho más que vos- pero también sé, que vivimos cosas similares, que nuestras almas se volvieron a encontrar, que fuiste ese alguien en algún otro momento. ¿Qué tenía que enseñarte yo a vos? Es la pregunta que me hago, porque sé lo que tenías que enseñarme vos a mí: Tu bondad, tu amor, tu devoción a Dios, tu horror a las drogas, analgésicos, tu soledad...
Ya te extraño. Sigo con miedo de no verte más.
Hoy me dejaste fotografiarte por primera vez. Incluso creo que hoy no vine por mí, vine por vos; Y siguen cayendo las señales, y más me aterra. No quiero verte ahí, bajo la tierra. Prefiero tocar tus manos, escuchar tu palabra, contemplarte en todo tu esplendor.
Abuelo, el que enseña, el que ama tiernamente, el que consuela, escucha, atiende aún no queriendo. Te agradezco hoy, mañana, siempre. Te agradezco eternamente.
martes, 26 de marzo de 2024
a Carlos
24 de Marzo, 24.
16:08 a.m
A Carlos, con todo mi amor:
Quizás hoy sea nuestra despedida. Por mas que duela...
Te despediste sin decirlo, o diciéndolo todo.
Tengo miedo, y me aterra un futuro sin vos,
aterra tu falta que ya la siento.
Da miedo no comprender que ya te despidas.
¿Quién va a cocinarme con amor?
¿Quién va a hablarme desde lo profundo de su corazón?
¿Quién va a comprenderme, contenerme, dedicarme?
Así como llegaste, te me esfumas;
Fugaz, hermoso, de Dios.
Quizás me equivoque y ésta no sea una despedida...
Ojala me quieras aún no estando en esta vida.
miércoles, 28 de febrero de 2024
Apnea
Seguías siendo ese cigarrillo que lograba calmar alguna ansiedad; pero lo jodido de la ansiedad es que logra gobernar, y yo no podía permitírmelo nuevamente ¿Qué jodidamente inexplicable me sentía en este momento? ¿Por qué se sentía bien? ¿En serio era tan fácil recaer?
domingo, 2 de octubre de 2022
Verano
Esa tarde se encontraba hamacándose en este sillón de madera que, yo, con ilusiones había instalado con tirantes del techo a la salida de la puerta trasera de la casa de verano, donde pasábamos algunos días. Me había pedido, o como sonó para mi proposición exigido, que lo hiciera. Cuando le surgió esta atracción, lo de un sillón colgante, sentí felicidad. Imagine que por algunos instantes nos pensaba a ambos, nos tenia presente en su mente ahí, en nuestra casa de verano a la que corríamos escapando de la ciudad que nos enloquecía con sus costumbres. Aunque en realidad fueran esas costumbres las que nos hacían querer correr, querer tele-transportarnos por no querernos mas de lo que quisiéramos, de lo que queríamos.
Se hamacaba con esmero como una niña que en pleno descubrimiento se subía a su primer hamaca. Tenia cara de sentirse a gusto, como cuando testeaba esas combinaciones de comidas que nadie cataría. Pensé en lo bella que se veía, y en como me gustaba la elegante forma en que lo hacia. Estaba distraída, con su mirada a lo lejos, posicionando sus ojos al horizonte. Mientras, yo, me carcomía en pensamientos.
La idea de que podía ser mi hija desquiciaba en estas ocasiones mi ya arruinado juicio. Y por mas catastróficos que fueran estos pensamientos, no dejaba de mirarla así. Pese a que no sabia a ciencia cierta como es que la miraba, note que quise mirarla con lujuria, quise que mi designio fuera por el lado de la perversión aunque tuve la dificultad de no lograr hacerlo. Ya no lograba mirarla de esta forma que obligadamente pretendía encaminar. Me estremecía la manera en que todo mi ser se convirtió en inexplicable cuando se trataba de ella. Quizás lo que me asustaba no era verla como lo que podría haber sido, un engendro de mi propia genética. Eso asustaba pero por el contrario, al verla así, me demostraba la fragilidad que sentía por ella.
Me venció. Pero ya no quería acceder a sus suplicas, mas no podía dañarla. Aun cuando para ella ese dolor significara el gesto de amor que necesitaba generar para sentirse querida. Y todo porque yo si la quería. No se si de la manera correcta del deber porque ¿Qué es lo correcto? Si no comprendía siquiera si era amor, lujuria, obsesión, algún deseo real u otro trauma encubierto. Ahora bien... ¿Era amor? Nunca pude responderme esa pregunta recurrente, quizás la respuesta no me interesaba, o quizás nunca fui tan fuerte para aceptarla.
Me sentía arrepentido de cada una de las veces que la había fustigado, inclusive esto hizo que no vuelva a consentir ninguno de sus deseos sexuales, porque aunque como evidencie que a ella no la dañaban, a mi, me hería en lo mas recóndito.
En verdad quería amarla, pero para no distar su presencia debía mantenerme fuerte en este sometimiento de no expresarlo. No dejaba que la quiera bien. No quise quererla entonces. No jugué mas.
Me destrozó el cariño, me volvió una bestia despiadada que cuando buscaba cumplir mis equivocados deseos -sus deseos- terminaba por conseguir que deba enfrentarme, cada vez mas, con mi ser psicópata; este ser que antes de ella no sabia que guardaba.
Ella se empeño, termino por lograrlo, hizo salir a flote mi desquiciamiento en el tiempo que vino hacia mi en beneficio de su propio desprecio. Su desprecio concluyo con mi propio desprecio, por consecuencia, termine por despreciarnos a los dos.
Imagino, y aunque deseo me haya engañado también en esto de pensar, que nunca se quiso de verdad.
Ya por mi lado y con el transcurso del tiempo, comencé a sentir asco de mi manera de ser: una animalia. Desde ese día, no volví a verla, y desde entonces... preferí quedarme con este magnifico recuerdo: Ella, hamacándose como una niña a la que le estremece el viento en la cara, cuando el viento destapando devotamente su vestido, la demostraba queriéndose bien al fin.
lunes, 29 de agosto de 2022
Muerte súbita
Esa tarde me encontraba sobreexcitado. Ella subió las escaleras con atención, prestándole el adecuado cuidado a cada paso que daba. Era como si pidiera permiso con cada uno de los movimientos de sus caderas. Fue despacio. Mantuvo la calma. La sentí diferente, empero, no esperaba lo sucedido en esa habitación...
Después de sentarse en la cama y quedarse en silencio por algunos minutos, acomodo mi cuerpo con cuidado y beso cada parte de mí como si me cortejara de verdad. Me acaricio dócilmente. Me tomo delicadamente. No llego a besar mi frente y, sin embargo, si beso mi corazón que estaba siendo desgarrado por una boca que no suspendía su camino. Detrás de mi, comenzó por masajear cada musculo de mi espalada, fue recorriéndolos sin ser excluyente con ninguno. Retrocedió de su posición inicial para dirigirse hacia abajo, a mis piernas, y cuando parecía que cesaba prosiguió con mis pies mientras yo me encontraba disfrutando boca abajo. Cruzó por un costado hacia la cabecera, giró mi cuerpo, y coloco mi cabeza entre sus piernas, en aquel momento fue cuando volvió a hacerlo, cuando volvió a masajear mi cuello, cuando luego debilito con los círculos que formaban sus dedos en mi rostro cada tensión retenida, cada emoción contenida. Todo el rencor o enojo que alguna vez había sentido se había evaporado.
La pequeña señorita desamparaba mis noches, pero ahora, ya no eran nada, no existía tal sensación de desamparo. Siquiera podía existir algo que sea comparable con estos diez minutos. Invirtió el polo norte en polo sur, el horizonte dejo de ser horizonte, pasaba de ser montaña simple a volcánica, manifestándose solo en ese instante. Fueron los minutos más prodigiosos de toda mi absurda vida. Después de los masajes volvió a tocarme con amor. Esta vez, con amor, hizo evidente que su pretensión era la que yo pudiera percibir esta acción como la que utilizaba, cuando sin verbalizar me pedía que la cogiera. Pero, contrariamente, no me dejo hacerlo. Esta vez no me ordenó, no rebusco en la forma bestial. Se acomodó sobre mí siendo totalmente cuidadosa con cada movimiento que su cuerpo perpetraba, y aunque de perpetrar se trate, no se sintió un crimen cuando estuvo sobre mí, apoyo su pecho contra mi cara, y luego, tomando mas distancia, me rodeo con sus dos manos por detrás de la nuca con ternura. No fue un crimen... se sintió a muerte súbita. Se movió tan minuciosamente como si yo fuera un cachorro al que no quería lastimar. Me beso en los labios, dos, o tres -quizás cuatro veces. Me hizo el amor suavemente. No abrevió, ni trato de hacerlo. Sus caderas llevaban el compás de un piano que a mis oídos les sonaba cálidamente: notas bajas, suaves, relajantes. Su pecho se inclinaba sobre el mío con agrado y esmero, se inclinaba como pidiendo permiso. Yo la amaba hace tiempo, y nunca lo dije. Ella, había dicho te amo.