Me acerque a pedir una hoja a un extraño del café ya que me olvide la agenda en el suelo del auto, y no pensaba salir con el frio que hace, hasta el estacionamiento donde lo deje –a unas 10 cuadras-. Un momento atrás salí a fumar un cigarrillo en el sol, pero el frio esta tan tremendo por estos lados que no es soportable para mi porque de despistado –o inconsciente- me saque el sobretodo en el auto mientras tomaba un amargo más temprano. Termine acá, escribiendo, todavía me encuentro esperando el café, pero ya sin frio. De repente veo que entra una particular señorita, esta pequeña. Si bien se notaba que era mayor de edad; tenía la contextura de una de entre 19 o 25 años de edad. La forma en que vestía y todos sus artilugios, me hicieron prestarle atención.
Llego el café, y que buen café. También en este momento le estoy prestando atención, y observándola... Cuando de repente escuche su conversación con la moza del lugar que le dijo: -Uy discúlpame- a lo que esta le respondió entusiastamente -No, no pasa nada. Muchas gracias. Hace frio ¿no?, sonriendo agrego -Sí, se vino con todo. Bueno hermosa, que lo disfrutes. Entonces la señorita agradeció y termino con un "muy amable".
El café estaba riquísimo, estaba caliente pero en el punto justo, ni muy caliente como para quemarse, ni muy frio como para no ser disfrutado. Lo había dejado negro, y estaba emocionado por beberlo de a pocos sorbos para que no se acabe. A ella, al igual que a mí, también le trajeron de regalo en el platillo del café, un conejito de pascuas de chocolate. Yo, lo iba a comer -aunque lo detestaba-, me pasa algo parecido con las vitaminas, o medicamentos, odio tomarlos, pero sabemos en cierto punto que si lo hacemos, es porque nos hacen bien. ¿Y por qué lo odiaba entonces? En primer lugar: por su forma ¿Qué tenía que ver un conejo con pascuas? Es algo que no entiendo. Segundo, no era chocolate del amargo, y yo soy fanático del chocolate pero de los que tienen mínimamente sesenta porciento de cacao amargo. Pensaba que comérmelo era un pecado, pero tenía ganas de correr riesgos. Lo iba a comer, porque al final, es como con el futbol -aunque sea muy fanático-, algunas veces te corrompes de pecho frio porque no termina siendo un partido bueno como quizás esperabas. Bien, igualmente termine por decidir no comerlo. Note que ella tampoco lo comió, se ve que no lo quería, ni lo necesitaba. Lo devolvió a su moza. Esta se encontraba sola, y por dentro mío pensaba en porque una mujer se encontraba sola este día, en el mismo lugar que yo. Era hermosa pero no lo demostraba físicamente, era hermosa porque cuando termino su café tuvo el gesto de levantarse y les alcanzarle los utensilios y vajilla, a las chicas del lugar.
De repente, una pareja ingresa al local, y ella se queda intrigada observándolos, eso de igual forma me llamo la atención. ¿Será porque me sorprendió su hermosura? –Como dije más adelante-. Siempre que estoy escribiendo me distraigo y me surgen preguntas, por ejemplo; ¿Seré tan distraído que olvide mi agenda? y por eso es que estoy escribiendo en un papel regalado que atrás dice <<rendimiento dólares “últimos 12 meses”>> del mes de abril, algo sobre un plazo fijo, no sé muy bien…
Retomando la historia del día: En este momento le sigo prestando atención a la pequeña señorita. Traía una polera mostaza, los labios fucsias, y el pelo recogido en un rodete con un lápiz, lo que me hizo concluir de que también escribía. Pero se notaba que estaba allí sola, viendo a esta pareja porque anhelaba, o añoraba, un poco de esa sustancia, un poco de ese cariño o contención. Por como los miraba se ve -o percibí-, que deseaba sobremanera estar en ese lugar, en pareja sonriendo, y compartiendo una comida un día frio como este. Pero creo –ojala no me equivoque- estaba en soledad por decisión.