lunes, 6 de mayo de 2024

Caballito

 
Sentí que algo en mi iba a estallar. Sentí que se desgarraba cada fibra de este angustiado corazón. Sentí, sentí, y sentir nuevamente. Necesitaba sentir. Extrañaba sentir –dejarme hacerlo. Sentía esta angustia incomparable, como él… incomparable. Sentía que le había fallado. Y no eran esas fallas que podemos reparar. No había retorno. Sentí lo que era una verdadera falla, ya que como dije “no había retorno”.
En los recónditos su in-presencia era innegable. Indescriptible el sentir. 
De golpe me encontraba entre sus recuerdos con lágrimas que empapaban mis mejillas por su falaz ausencia. Su recuerdo hacia ver esta falsa ausencia. Ahí –acá, a donde más dolía, se encontraba. Ahí donde lo que más dolía era la falta que me hacía no poder ver su rutina, no poder ser parte de su rutina; donde poner a calentar el agua se abrazaba a todo lo que alguna vez tocaron sus manos. Acá donde la estructura, y los colores cambiaron, donde aun así los detalles persistieron. No pudieron dejarse atrás. Su aroma no falleció. Sus pasos seguían dentro de estas paredes, seguían por toda la casa.
Me había vomitado, literalmente, la cruda realidad. Por primera vez, en mi vida –en estos cincuenta y tantos años, comprendía el duelo. Creía comenzar a comprenderlo.
Las lágrimas no consolaban, solo acompañaban un tanto mi sentir. Me perseguían sus caras en el último brindis. En este momento sus palabras resonaban más que nunca. Mi angustia por sentir que seguía fallándole. Mi angustia por sentir que habían quedado mudas las veces que hubiera dicho cuán importante fue en mi vida, cuán importante seguía siendo. Como su barita de la moral me jodió el corazón, como siendo lejano era lo más cercano, como una coraza se desvanece por amor, como hay que perder el orgullo, como no sirve ser mala persona, como los hechos valen más que un sinnúmero de promesas, como no corromperse, como ser lo más auténtico y, ahí sí demostrar orgullo; como el whisky y el vino no se mezclan.
Quisiera agradecerle, pero también me enseño el dolor de las no-despedidas. Cuanto escapamos de despedirnos; cuan estúpidos podemos ser.

sábado, 4 de mayo de 2024

Sanando el efecto mariposa

Cuanto dolor trajiste a mi hogar;
no solo para adentro, igualmente para afuera.
En esta vida prometo hacer justicia con lo que dejaste.
 
Mirarme al espejo y ser tu facsímil;
ese reflejo toca mucho más las entrañas que mi propio ser.
 
No encuentro consuelo;
por eso Dios me guía,
conecta mi ser con el colosal universo.
Aunque me corrompa en el camino,
aunque desgarre con cada maquinal lo poco que queda de mí,
todo lo que tengo para dar.
 
Quitaste,
dañaste,
y seguiste adelante.
 
Ojalá algún día te encuentres con vos mismo,
por ahí,
y te entregues a Dios.
Ojalá tus otros hijos,
 no hayan sufrido como nosotros.
 
De corazón espero,
 te hayas controlado,
obligado a parar.
Y como Dios es justo,
 hará justicia.

jueves, 25 de abril de 2024

Pronóstico en proa

Me desperté con más de un millón de fantasmas en la cabeza. Mi cuerpo pasaba factura de las noches en que no pude contener mi yo roto, con despecho. Intente, diligente y tenazmente, acomodar en fila -o quizás en pirámide- estas sensaciones que cambian las reglas del juego. 
Dentro de las cuatro semanas, volvía a ser el día número siete, y cuan lujosos se sentían éstos en la cama: pensando en vos, tocando mi ser por vos. 
Mi yo íntegro, no paraba la avidez de caer con vos. Toda mi totalidad pronosticaba este insufrible sentir. Sí, te escogía por lo bueno ante lo malo de mi propia razón. Si todo siempre fue inexplicable.
Noches compulsivas, mañanas depresivas, tardes de terapia, nada se arreglaba... y esta vez, la culpa era mía. Tal vez porque la culpa, realmente, siempre fue mía. Tuve la posibilidad de racionalizar mis sentimientos y apartarlos, pero inclusive con todo pronóstico en contra, te seguía buscando.

martes, 16 de abril de 2024

Whisky barato y pepsi sin azúcar

    Se prendió la pantalla justo a las 21:12, estaba feliz por motivos personales, pero interiormente, estaba con heridas. Heridas que se volvían a abrir por el dolor que causaba la desilusión. Había tomado sin querer, e inconscientemente en realidad, la decisión de no salir a hacer mis actividades. No sé si tenía que ver con que hace tres días que llovía, que el Domingo fue el peor día de la semana –cuando es mi día favorito-, o que había empezado a caer la última gota de la copa que estaba siendo mi mejor amiga, vacía como yo. Entendí que la situación no me enojaba. Era lo terrible de la desilusión, ni siquiera podemos protestar porque no es enojo… es tristeza, es realidad.
    Los días no fueron buenos, pero podían mejorar. Otra cosa que me da lástima de ser lo que soy es que el dolor me agrada, aunque no quiera asumirlo, aunque me cueste ser sincero. Estaba tomando las decisiones más importantes del año, que viene haciendo lio. Se aproxima un año en donde me volví un hombre de negocios, un capricorniano, un ser que pone límites, al fin. El viernes había sido espectacular, el sábado se hizo salvaje, el domingo me rompió.
    No quiero ser un ser miserable, egoísta, pero siéndome sincero entiendo que el egoísmo es necesario. No voy a resignarme a romperme más y menos por la familia que no pude elegir. Voy a decidir, elegir, imponer, cerrar cosas. Entiendo de lo malo -eso sí-, sé que gracias a que los míos me abandonan surge esta importancia de cobijarme bajo este ser solitario que escribe en bares con cafés, el que rebusca entre la nicotina, la sativa... El que hace planes solo, porque así no tiene ni la posibilidad de contar con quien desilusionarse -porque no quiere desilusionarse más-, el ser que encontró en la soledad el cariño propio, el amor incondicional. El que hoy renuncia a todos estos placeres porque ama a una mujer que lo hace feliz.
    Hoy este ser que siente angustia rompe con los esquemas, dice que no, lucha contra los actos incomprendidos de las personas, y no lo siente personal. 
    Hoy este ser, este lobo estepario, acepta su realidad, finge demencia, y sigue adelante.

lunes, 15 de abril de 2024

24 de Marzo

 Me siento rara. Confundida. Me duele sentir o percibir. Me duele que la mayoría de las veces el instinto gane. Me duele porque... como te dije hoy con tristeza, y buscando una respuesta, ¿Por qué siempre las figuras paternas se me mueren?
Si pudiera te daría mis manos, mis piernas, mi cuerpo entero, sin dudarlo. Me duele que sé, a ciencia cierta, jamás lo aceptarías. Entiendo que viviste demasiado, que ya queres partir, que estás cansado -inclusive de vos- pero te quiero, y por eso, duele.
No sé si soporto otra despedida. Sé que debo hacerlo; por vos, por mí. Me aconsejaste que me descalce, que pise la tierra, que descargue toda energía. Me cocinaste como en la última cena, y aunque haya sido un almuerzo, así se sintió. Mi corazón se encogió.
Sé que soy chica -mucho más que vos- pero también sé, que vivimos cosas similares, que nuestras almas se volvieron a encontrar, que fuiste ese alguien en algún otro momento. ¿Qué tenía que enseñarte yo a vos? Es la pregunta que me hago, porque sé lo que tenías que enseñarme vos a mí: Tu bondad, tu amor, tu devoción a Dios, tu horror a las drogas, analgésicos, tu soledad...
Ya te extraño. Sigo con miedo de no verte más.
Hoy me dejaste fotografiarte por primera vez. Incluso creo que hoy no vine por mí, vine por vos; Y siguen cayendo las señales, y más me aterra. No quiero verte ahí, bajo la tierra. Prefiero tocar tus manos, escuchar tu palabra, contemplarte en todo tu esplendor.
Abuelo, el que enseña, el que ama tiernamente, el que consuela, escucha, atiende aún no queriendo. Te agradezco hoy, mañana, siempre. Te agradezco eternamente.

martes, 26 de marzo de 2024

a Carlos

                                                                                                                  24 de Marzo, 24.

                                                                                                                                 16:08 a.m                    

A Carlos, con todo mi amor:


Quizás hoy sea nuestra despedida. Por mas que duela...

Te despediste sin decirlo, o diciéndolo todo.

Tengo miedo, y me aterra un futuro sin vos,

aterra tu falta que ya la siento.

Da miedo no comprender que ya te despidas.


¿Quién va a cocinarme con amor?

¿Quién va a hablarme desde lo profundo de su corazón?

¿Quién va a comprenderme, contenerme, dedicarme?


Así como llegaste, te me esfumas;

Fugaz, hermoso, de Dios.

Quizás me equivoque y ésta no sea una despedida...

Ojala me quieras aún no estando en esta vida.

miércoles, 28 de febrero de 2024

Apnea

     Y eso es lo que en realidad duele. Sentir que después de todo lo pasado ahora parece prohibido, ahora resulte prohibido ¿Qué tan desquiciado podía estar yo? Si volver a anhelar lo ya tenido era algo del montón. Simplemente imaginaba la idea, daba vueltas en mi cabeza suplicándome que lo considere. Que peligrosa combinación...

¿Qué era lo peligroso de esta idea recurrente que me volvía completamente insensato?
¿Qué me volvía completamente insensato?
¿Por qué no se había consumido en fugaces como todo lo demás?
¿Qué era lo especial e incomprendido para mi de esto?

    Seguías siendo ese cigarrillo que lograba calmar alguna ansiedad; pero lo jodido de la ansiedad es que logra gobernar, y yo no podía permitírmelo nuevamente ¿Qué jodidamente inexplicable me sentía en este momento? ¿Por qué se sentía bien? ¿En serio era tan fácil recaer? 

¿Por qué de repente me volvía un amnésico compulsivo?
¿Por qué de repente volvía a tener apnea?
¿Por qué de repente... te amaba de nuevo?

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