Espero que puedan llevar su imaginación a los lugares menos o mas pensados, y no se limiten sobre ningún rincón.
jueves, 25 de agosto de 2022
Farsante
lunes, 22 de agosto de 2022
Fantasia
Nunca estuvo del todo bien.
Ese paisaje que invente, esa burbuja que cree para sentirme mejor, todo eso y más, se desmorona cuando pienso en vos.
Lo cruel que puedo ser por ponerte sobre mi ¿Obsesión quizás? ¿Amor? Tal vez...
Nunca nada se sintió tan real como tu voz al teléfono.
Vos me dejaste y yo aún quiero ir.
¿A donde querré llegar? si en ningún lugar vas a estar.
Todos esos besos que alguna vez me diste, los guardo en el cuerpo porque es donde caben.
Quizás tu forma de ver el mundo me atrajo, y no me dejo escapar
sábado, 20 de agosto de 2022
Agujero negro
Sos mi agujero negro
Me deprimi pensando en vos,
estas ahi cuando tengo momentos a solas.
El mate me gusta pero no sabe igual sin vos.
Quiero un abrazo calentito.
Un beso, a la mañana.
Te quiero, eso pasa... ¿Va a pasar?
Pasa que nada parece solucionarse si no estas vos.
Lo que en realidad pasa es que siempre te extraño,
aunque me lo niegue, siempre.
Es que... tu despedida nunca fue despedida.
Siempre que te fuiste, te quedaste.
Partiste mas que el sol al horizonte cuando hay humo alrededor.
Tengo que pensar mas de dos veces.
Quizas me volvi un poco mentirosa.
Vos sos mi color favorito, en este momento.
¿Hasta cuando voy a usarte?
¿Por qué quiero hacerte poesia?
Quiero hacerte cancion
Quiero hacerte
Quiero verte de mañana. A las siete
Quiero la combinacion de tu habitacion, y vos, en un cuadro.
Vos sos un cuadro
Quiero admirarte.
Quiero volver a pintarte.
Tengo problemas para manejar las emociones
¿Quizas deba aceptar?
Aceptar que los vicios nunca fueron vicios, comparados con vos
¿Como puedo pretender encender un cigarrillo, en medio de una tormenta?
Dijo Freud
Sigue doliendo. ¿Busco el dolor? Siento el drama. Me axfisio.
«Si no cambiamos de dirección, podemos terminar donde empezamos»
miércoles, 27 de julio de 2022
No me demandes por daños y perjuicios
Estabas en mis manos otra vez.
Recordaba como tus dedos se marcaban en mis glúteos después de pedirte con
ansias, y sin pena alguna, que repitas el golpe una y otra vez. Aunque
quisiera, nada dolía mientras te pensaba. Mis pezones comenzaban a exigirte. Quería volver a poder exigir que te desvistas lentamente cuando toda mi ropa interior
ya se encontraba lubricada. Codiciaba sacarte
la ropa con desquicio, que está ya no se encuentre puesta era la fantasía a la
que recurría mi mente todo ese tiempo en que mis manos comenzaban a imitar estas
imágenes que se creaban cuando el cuerpo empezaba a encenderse.
Percibir que estaba lubricada era
solo la iniciación. El cuerpo seguía este ritual, el cual no conseguía
procrastinar. No podía, porque era ahí cuando mi mente lograba ponerte la piel
al descubierto, y el cuerpo solo se tumbaba en el lugar que estuviera sin poder
contenerse. No importaba el paisaje que mis ojos estuvieran viendo, solo
importaban esas escenas sensoriales que mi cerebro creaba. Notaba el frio en
mis pies y lo sudorosa que podía volverme, estiraba mi cabello para sentirte
completamente, dejaba que mi temperatura se elevara al máximo para pasar al
siguiente paso. No estaba estructurado, pero de
alguna forma el cuerpo me lo indicaba. Las imágenes iban y venían, los sonidos
de estos pensamientos se podían escuchar tan reales como tenerte
reproduciéndolos. Quería, entre pensamientos, arrodillarme
y con mi lengua reconocer tu pelvis otra vez. Seguía el mapa de tu cuerpo con
exactitud mientras pasaba mi mano derecha por mi entrepierna, mientras con la
restante apretaba uno de mis pechos con la fuerza que lo habrías hecho. Que
ganas de que te vuelvas real, de que estés en carne y hueso detrás de mí.
No quise terminar sin sentir tu
penetración, algo que no podía sustituir ni con las millones de imágenes que
pudiera lograr generar. Pero no iba desistir. No podía escapar de mi mente sin lograr
su cometido final. Mi cuerpo giraba y se retorcía, se hamacaba
en mi mano sin prisa, condenándome a precipitar el final.
¿Cómo no ibas a dolerme? si todo mi
cuerpo te clamaba con el mismo dolor, si cada vez que lograba llegar al éxtasis
eras en lo que pensaba. Pero habías decidido robarme hasta los recuerdos -o querías
hacerlo-. No me demandes después de ser vos
quien me daba con golpes lo que pedía. Tus dedos se marcaban en mis glúteos, y
para mí no había mejor placer que ese.
domingo, 24 de julio de 2022
Zapatos de soledad
sábado, 23 de julio de 2022
Eva
Hoy cuando me dirigía a verla, me hallaba enojado. Pensaba realmente en qué era lo que me gustaba de tenerla cerca. Sabía que el problema no era tenerla cerca, sino distante, y quizás el enojo era por sentirme tan privilegiado por momentos de poder estar ahí de vez en cuando, pero siendo consciente de que el papel que jugaba la distancia iba a ser eterno. Estaba en protesta conmigo mismo. Quería hacerle piquete a la magia que ella me generaba cuando con su cuerpo me ordenaba. Era amargo el recordar cuando antiguamente ansiosamente esperaba el momento en que con mis virtudes, lograba que sus gestos fueran de un extremo al otro. Odiaba todo de ella; odiaba como con su inteligencia parecía comprenderlo todo al cien por ciento. Mientras yo, iba dándole tiempo al tiempo, para beneficiarme con su fervor.
Pobre de mí que le hablaba al oído; pobre de mí cuando la agarraba por la cintura con fuerza, pero sin querer dañarla. Pobre de mí, porque aunque intentara sobremanera apretarla solo en la justa proporción, ella en dos segundos pedía que me excediera; y yo -creyéndome pobre, no llegaba a ser ese alguien que la contrariara ¿Cómo iba a hacerlo? ¿Cómo iba a llevarle la contraria? Si nuevamente cuando la poseía, me admiraba solo de notar como pasaba de calma a intensa. Cuando a las trece, nos encontrábamos en la quince, con la puerta trabada y el aire encendido.
A mi edad he tenido el agrado, o la suerte, de haber tocado muchos cuerpos, de haber visto muchas caras en situaciones similares, pero ninguna como la de Eva. No puedo explicarles la causa porque simplemente si pudiera poner en palabras su gesto no estaría otra vez, en nuestro mismo lugar. Tal como su nombre la describe, era una tentación de mujer. Era una invitación, o tal vez mi obligación, a pecar. En alguna que otra ocasión, y bajo ciertas circunstancias, me invitaba a residir en su cuerpo ¿Cómo un ser tan angelical podía hacerme caer en pecado otra vez? ¿Provocarme así, generar esa la intensidad por tenerla? Eva lograba que mi cuerpo desesperadamente quisiera comer del fruto que se encontraba en medio del huerto. Esto, indiscutiblemente, generaba la pequeña señorita, hacía que me sintiera un fracaso como el propio Adán. Y ante mi propio fracaso, ella lograba su resultado. Me convertía como producto de su tentación, en un ser vulnerable a cumplirle. No había remedio de por medio, porque hasta mi mente pasaba a ser la serpiente. Y aunque en todo momento ésta me recalcaba que -comiendo del fruto no iba a morir- yo sabía que luego de este acto, con mis ojos una vez abiertos, conocería el bien y el mal. Un mal al que no quería volver, pero del que tampoco podía escapar.