Espero que puedan llevar su imaginación a los lugares menos o mas pensados, y no se limiten sobre ningún rincón.
miércoles, 20 de julio de 2022
El bar de la señorita
lunes, 18 de julio de 2022
El juego del saxo
Venían deseándose desde el bar. Se habían mirado en algún momento como sabiendo que buscaban el mismo desenlace. Tuvieron algunos roces. No compartieron palabras, pero sabían que se irían juntos.
Ella le dijo para irse, y él… bajo las escaleras. Escaparon
del lugar directamente al estacionamiento. Abrieron las puertas y acomodaron
los sillones. Si algo se complicó fue solo para darle inicio al momento. Ahora
el escenario era un auto, sobre una calle oscura, en medio de la ciudad. La
ropa de ella, ya no se encontraba tapando su cuerpo. No hicieron falta las
palabras en ningún momento porque todo instantáneamente se tornó a lo tántrico. Después
del reconocimiento previo, se gustaron. A ella la motivaba: lo pervertido, lo
indisimulado. Sabía que quería el jugo de él en cualquiera de sus partes. A él,
se lo veía decidido. Estaba predispuesto esa noche para dárselo. Darle esto que
ella ansiaba y le pedía con su cuerpo.
Accedieron mutuamente a los gemidos, sin pedir permiso,
sin dejar de prestar atención en el otro. Cada cual se posicionaba para dejarse
complacer. Porque cuando el cuerpo se posiciona naturalmente, las palabras no
son reproducidas. Entonces escalas de sinfonías fueron sintonizadas, los volúmenes
se volvieron armónicos, las pieles se fundieron con el mismo aroma. Un aroma
reconocido por ambos. Se amoldaron a la incomodidad de un reducido espacio y lo
supieron aprovechar, ya que con una buena posición, lo demás, se dimensiono
para coordinar el acto.
Ya ella de espaldas, encima de él, acomodo sus piernas
para lograr el cometido. Al final nada costaba.
El mejor de los rituales era ahora su figura ya ensamblaba con la de él, dándole
lugar a sus movimientos de caderas. Ella, como contorsionista, preparaba el
siguiente escenario. Si bien estaba apresurada para encontrarse con él en el
orgasmo, no obstante quería tomárselo con calma. Esta vez la ansiedad no iba a
ganarle al sentir.
Con su danza fue persiguiendo ese fin, pero con total calma,
disfrutando de la situación que le generaba sentir su pene dentro. Siguió actuando
conforme a su anatomía, y lo que esta le pedía. Paso de contorsionista a ser su
bailarina. Ella creaba los escenarios, y con su baile lo mantenía en órbita a él.
Este escenario en donde la entrada no se cobraba, solo se agradecía.
Para ella esto era el juego del saxo. Que quizás más que
un juego es el sonido que transcurre en su cabeza. Un saxo sonando. Su melodía la
lleva, la enciende, para seguir con su accionar. Este saxo que suena según sus
deseos, dejando a libre albedrio lo siguiente. Todos sus caprichos estaban
siendo cumplidos de la mejor manera posible. Él se dejaba cabalgar, sin quejas
y sin preguntas, solo gozaba del momento en donde ni las pequeñas luces que
llegaban a alumbrarlos importunaba.
Después de algún que otro orgasmo vaginal; ella, mientras
él la penetraba por detrás, frotaba con dos de sus dedos derechos, la terminación
nerviosa donde era acumulado todo su potencial, donde contenía un insuperable y
diferente orgasmo final. El, se encontraba en el mismo momento. Donde el
cuerpo sale de su cotidianeidad para explotar en otro estado. No estaban
cansados, solo querían acabar.
Mojo sus dedos. Los volvió a posicionar en su vagina;
frotando adelante y colando los restantes por debajo. El siguió penetrándola,
pero más rápidamente; mientras ella envolvía y empañaba con gemidos los
cristales del auto donde se encontraban. Ni el frio paro este momento en donde
entre cuatro o cinco gemidos finales, le provocaron el clímax. Ambos lo comenzaron, y ambos, con una sincronía, lo terminaron.
domingo, 17 de julio de 2022
No me perdones por nada
Hay personas que no nos merecen, que nos encuentran en un mal momento de nuestras vidas.
viernes, 15 de julio de 2022
Como un Dios
Mi cuerpo me ha hecho sentir tantas cosas que ni mi propia cabeza llego a
soportar. Mi sexo abrió puertas que no pude cerrar.
Mi cuerpo domina mi mente, mi cuerpo destroza mi razón. El morbo encuentra
huecos para entrar, y genera el instante en donde todo desaparece para ser calor, para ser hormonas encarcelándome. Una obligación a la renuncia de pensar.
00:53hs
Ya es viernes. No hace frio. Lo espero con ansias. Acá lo único frio es tener que escribir con mis dedos la historia que está creando mi mente, cuando con recuerdos logra que en mi segregue la hormona de la dopamina. Cuando pasando las cero me encuentro en mi cama con algunas imágenes apuñaladoras. Mejor sería si no tuviera los recuerdos, porque sería mejor instaurar uno nuevo. Pero existe esa cama, esa que mi cuerpo ansia tanto.
Una cama, una simple cama en medio de una
habitación. Una habitación de cuatro paredes, paredes que pretendían resguardar
aquellos gemidos. Gemidos de una boca que a la vez susurraba un <<que rico>>. Unos
labios que besaban aquella piel. Piel donde afloraba la transpiración. Una mente hipnotizada de tanto placer. Un placer
generándose en un punto clave, punto clave que, cuando era destapado, no dejaba
de hacer llover. Yo llovía arriba,
abajo, encima. Arriba de sus piernas; por debajo de mis glúteos; por encima de
su pecho.
Dos mentes retorcidas. Dos extremidades deseándose.
Dos dedos que buscaban mi boca, dedos que se conducen como pinceles. Pinceles
que van cargados de pintura. Pintura que
es esparcida con sus tres dedos restantes. Pintura que pintaba mis labios. Sus manos
tocaban mi carne y mis átomos parecían destruirse. Mi cuerpo era Chernóbil a punto de desatar la catástrofe
más colosal de la historia. Sus manos no dejaban de incitarme a este descuido. Yo
en mi rol de planta nuclear retrasando el disturbio.
El disturbio llegaba. El disturbio
siempre encontraba lugar; tarde o temprano ganaba. Era insoportable sentir como
solo se tomaba su tiempo; este tiempo contado secuencialmente. Su búsqueda
retorcidamente era encontrar ese momento seguro. Seguro para él, destructivo
para todo lo demás. Con un descuido mío, acertaba ese momento. Se tornaba inequívoco el minuto para dejarme
en coma. Como el agua y el fuego batiéndose a duelo. Una guerra que desataba
infiernos y tsunamis. Fuego en el interior, mareas en las superficies.
La boca era utilizada en conjunto, para
recorrerme con su lengua, morderme con sus dientes. Yo no podía usar las
cuerdas vocales para gritar porque la vocalización copulatoria equiparaba todo,
esto a causa de que ser fémina me condenaba a los jadeos.
Ahora era el momento de la almohada, esta
entraba como si fuera posición del Kama Sutra. Formaba parte ya que era atrapada
con mis dedos; era penetrada con mi cabeza, mojada con mi saliva. Allí era
cuando me imponía la posición de rezo, con la suerte de que las plegarias eran
respondidas instantáneamente. La cadera empezaba a elevarse formando una
columna vertebral de más centímetros. Su empuje constante pero riguroso iba profundizándose,
era tan profundo que dejaba de ser constante. Dejaba de ser constante porque
comenzaba a variar. Y era tan variable
que terminaba sacando esta contención que generaba la almohada. Afuera la
almohada. Arriba mi cuerpo del suyo.
Las plegarias esbozaban que rasguñe mi
espalda, que me jale del cabello, con fuerza o sin, sin límites por favor. Que use
sus manos en combinación, las dos apretándome debajo de las costillas, donde la
cintura se sienta bien.
Los escenarios son, ahora, donde la luz
principal se posiciona en mojarme más, pero siendo solo el comienzo. Mis genitales
le hablan por mí. En mi último intento les ordeno y ruego que paren, pero que si
se detienen sea solo para volver a iniciar. Ya sintiendo el fuego en alguna
parte que no comprendo para señalar voy mutando, convirtiéndome con la
metamorfosis. Mi cuerpo sintiendo llamas que van bajando, punzando desde mi
interior con este fuego, fuego y electricidad. Electricidad que no deja de progresar,
y que con un poco de más voltios terminaría conmigo en ese, contenido pero
conseguido, grito. Grito que al final triunfa. Desenlace donde mi electrificado
yoni propicia el desmayo.
Él era mi Dios, porque gobernaba todos
mis sentidos.
miércoles, 15 de junio de 2022
La pequeña señorita
Me acerque a pedir una hoja a un extraño del café ya que me olvide la agenda en el suelo del auto, y no pensaba salir con el frio que hace, hasta el estacionamiento donde lo deje –a unas 10 cuadras-. Un momento atrás salí a fumar un cigarrillo en el sol, pero el frio esta tan tremendo por estos lados que no es soportable para mi porque de despistado –o inconsciente- me saque el sobretodo en el auto mientras tomaba un amargo más temprano. Termine acá, escribiendo, todavía me encuentro esperando el café, pero ya sin frio. De repente veo que entra una particular señorita, esta pequeña. Si bien se notaba que era mayor de edad; tenía la contextura de una de entre 19 o 25 años de edad. La forma en que vestía y todos sus artilugios, me hicieron prestarle atención.
Llego el café, y que buen café. También en este momento le estoy prestando atención, y observándola... Cuando de repente escuche su conversación con la moza del lugar que le dijo: -Uy discúlpame- a lo que esta le respondió entusiastamente -No, no pasa nada. Muchas gracias. Hace frio ¿no?, sonriendo agrego -Sí, se vino con todo. Bueno hermosa, que lo disfrutes. Entonces la señorita agradeció y termino con un "muy amable".
El café estaba riquísimo, estaba caliente pero en el punto justo, ni muy caliente como para quemarse, ni muy frio como para no ser disfrutado. Lo había dejado negro, y estaba emocionado por beberlo de a pocos sorbos para que no se acabe. A ella, al igual que a mí, también le trajeron de regalo en el platillo del café, un conejito de pascuas de chocolate. Yo, lo iba a comer -aunque lo detestaba-, me pasa algo parecido con las vitaminas, o medicamentos, odio tomarlos, pero sabemos en cierto punto que si lo hacemos, es porque nos hacen bien. ¿Y por qué lo odiaba entonces? En primer lugar: por su forma ¿Qué tenía que ver un conejo con pascuas? Es algo que no entiendo. Segundo, no era chocolate del amargo, y yo soy fanático del chocolate pero de los que tienen mínimamente sesenta porciento de cacao amargo. Pensaba que comérmelo era un pecado, pero tenía ganas de correr riesgos. Lo iba a comer, porque al final, es como con el futbol -aunque sea muy fanático-, algunas veces te corrompes de pecho frio porque no termina siendo un partido bueno como quizás esperabas. Bien, igualmente termine por decidir no comerlo. Note que ella tampoco lo comió, se ve que no lo quería, ni lo necesitaba. Lo devolvió a su moza. Esta se encontraba sola, y por dentro mío pensaba en porque una mujer se encontraba sola este día, en el mismo lugar que yo. Era hermosa pero no lo demostraba físicamente, era hermosa porque cuando termino su café tuvo el gesto de levantarse y les alcanzarle los utensilios y vajilla, a las chicas del lugar.
De repente, una pareja ingresa al local, y ella se queda intrigada observándolos, eso de igual forma me llamo la atención. ¿Será porque me sorprendió su hermosura? –Como dije más adelante-. Siempre que estoy escribiendo me distraigo y me surgen preguntas, por ejemplo; ¿Seré tan distraído que olvide mi agenda? y por eso es que estoy escribiendo en un papel regalado que atrás dice <<rendimiento dólares “últimos 12 meses”>> del mes de abril, algo sobre un plazo fijo, no sé muy bien…
Retomando la historia del día: En este momento le sigo prestando atención a la pequeña señorita. Traía una polera mostaza, los labios fucsias, y el pelo recogido en un rodete con un lápiz, lo que me hizo concluir de que también escribía. Pero se notaba que estaba allí sola, viendo a esta pareja porque anhelaba, o añoraba, un poco de esa sustancia, un poco de ese cariño o contención. Por como los miraba se ve -o percibí-, que deseaba sobremanera estar en ese lugar, en pareja sonriendo, y compartiendo una comida un día frio como este. Pero creo –ojala no me equivoque- estaba en soledad por decisión.
El dolor
domingo, 12 de junio de 2022
Salsa, polenta, y agua.
Todavía pienso en ella;
Y más cuando tengo alguna agenda y bolígrafo encima.
Me siento enfermo;
de no sentir su frescura,
me da escalofríos escuchar la música,
y solo querer hacerle el amor.
Me siento enfermo porque el cuerpo no funciona;
mi mente todavía se encarga de traerla devuelta hacia mí.
Su cuerpo desnudo sobre el mio;
su aroma a jabón brasileño,
sus piernas particulares –con las que me podría envolver en la eternidad-
Salir de la realidad me parece un hecho imposible;
como pretender que dejase de hacer frio un sábado 11 de Julio en Buenos Aires.
El frio polar no vino solo;
con el trajo nieve en mis manos (estas ya no pueden tocar, ni sentir otras).
En el bar bailan salsa en pareja (obviamente la costumbre);
y si usted fuera mi pareja de baile,
no solo le bailaría.
En la imaginación puedo hacerle mil cosas;
Y gracias a Dios todavía no me culpan por ello.
Tengo un rollo fotográfico entero de sus gestos, sus extremidades,
asi la recuerdo.
No puedo evitar su ternura;
su mágico andar por mis calles.
me transitó hasta que con sus pisadas dejo huellas imborrables.
Y si fuera tan fácil,
como ser algún camino,
solo tendría que pasar nuevamente por allí,
para lograr borrarlas.
Y pase…,
la invito a volver a pasar por aquí.