Estabas en mis manos otra vez.
Recordaba como tus dedos se marcaban en mis glúteos después de pedirte con
ansias, y sin pena alguna, que repitas el golpe una y otra vez. Aunque
quisiera, nada dolía mientras te pensaba. Mis pezones comenzaban a exigirte. Quería volver a poder exigir que te desvistas lentamente cuando toda mi ropa interior
ya se encontraba lubricada. Codiciaba sacarte
la ropa con desquicio, que está ya no se encuentre puesta era la fantasía a la
que recurría mi mente todo ese tiempo en que mis manos comenzaban a imitar estas
imágenes que se creaban cuando el cuerpo empezaba a encenderse.
Percibir que estaba lubricada era
solo la iniciación. El cuerpo seguía este ritual, el cual no conseguía
procrastinar. No podía, porque era ahí cuando mi mente lograba ponerte la piel
al descubierto, y el cuerpo solo se tumbaba en el lugar que estuviera sin poder
contenerse. No importaba el paisaje que mis ojos estuvieran viendo, solo
importaban esas escenas sensoriales que mi cerebro creaba. Notaba el frio en
mis pies y lo sudorosa que podía volverme, estiraba mi cabello para sentirte
completamente, dejaba que mi temperatura se elevara al máximo para pasar al
siguiente paso. No estaba estructurado, pero de
alguna forma el cuerpo me lo indicaba. Las imágenes iban y venían, los sonidos
de estos pensamientos se podían escuchar tan reales como tenerte
reproduciéndolos. Quería, entre pensamientos, arrodillarme
y con mi lengua reconocer tu pelvis otra vez. Seguía el mapa de tu cuerpo con
exactitud mientras pasaba mi mano derecha por mi entrepierna, mientras con la
restante apretaba uno de mis pechos con la fuerza que lo habrías hecho. Que
ganas de que te vuelvas real, de que estés en carne y hueso detrás de mí.
No quise terminar sin sentir tu
penetración, algo que no podía sustituir ni con las millones de imágenes que
pudiera lograr generar. Pero no iba desistir. No podía escapar de mi mente sin lograr
su cometido final. Mi cuerpo giraba y se retorcía, se hamacaba
en mi mano sin prisa, condenándome a precipitar el final.
¿Cómo no ibas a dolerme? si todo mi
cuerpo te clamaba con el mismo dolor, si cada vez que lograba llegar al éxtasis
eras en lo que pensaba. Pero habías decidido robarme hasta los recuerdos -o querías
hacerlo-. No me demandes después de ser vos
quien me daba con golpes lo que pedía. Tus dedos se marcaban en mis glúteos, y
para mí no había mejor placer que ese.
Espero que puedan llevar su imaginación a los lugares menos o mas pensados, y no se limiten sobre ningún rincón.
Páginas
▼
No hay comentarios:
Publicar un comentario