Esa tarde se encontraba hamacándose en este sillón de madera que, yo, con ilusiones había instalado con tirantes del techo a la salida de la puerta trasera de la casa de verano, donde pasábamos algunos días. Me había pedido, o como sonó para mi proposición exigido, que lo hiciera. Cuando le surgió esta atracción, lo de un sillón colgante, sentí felicidad. Imagine que por algunos instantes nos pensaba a ambos, nos tenia presente en su mente ahí, en nuestra casa de verano a la que corríamos escapando de la ciudad que nos enloquecía con sus costumbres. Aunque en realidad fueran esas costumbres las que nos hacían querer correr, querer tele-transportarnos por no querernos mas de lo que quisiéramos, de lo que queríamos.
Se hamacaba con esmero como una niña que en pleno descubrimiento se subía a su primer hamaca. Tenia cara de sentirse a gusto, como cuando testeaba esas combinaciones de comidas que nadie cataría. Pensé en lo bella que se veía, y en como me gustaba la elegante forma en que lo hacia. Estaba distraída, con su mirada a lo lejos, posicionando sus ojos al horizonte. Mientras, yo, me carcomía en pensamientos.
La idea de que podía ser mi hija desquiciaba en estas ocasiones mi ya arruinado juicio. Y por mas catastróficos que fueran estos pensamientos, no dejaba de mirarla así. Pese a que no sabia a ciencia cierta como es que la miraba, note que quise mirarla con lujuria, quise que mi designio fuera por el lado de la perversión aunque tuve la dificultad de no lograr hacerlo. Ya no lograba mirarla de esta forma que obligadamente pretendía encaminar. Me estremecía la manera en que todo mi ser se convirtió en inexplicable cuando se trataba de ella. Quizás lo que me asustaba no era verla como lo que podría haber sido, un engendro de mi propia genética. Eso asustaba pero por el contrario, al verla así, me demostraba la fragilidad que sentía por ella.
Me venció. Pero ya no quería acceder a sus suplicas, mas no podía dañarla. Aun cuando para ella ese dolor significara el gesto de amor que necesitaba generar para sentirse querida. Y todo porque yo si la quería. No se si de la manera correcta del deber porque ¿Qué es lo correcto? Si no comprendía siquiera si era amor, lujuria, obsesión, algún deseo real u otro trauma encubierto. Ahora bien... ¿Era amor? Nunca pude responderme esa pregunta recurrente, quizás la respuesta no me interesaba, o quizás nunca fui tan fuerte para aceptarla.
Me sentía arrepentido de cada una de las veces que la había fustigado, inclusive esto hizo que no vuelva a consentir ninguno de sus deseos sexuales, porque aunque como evidencie que a ella no la dañaban, a mi, me hería en lo mas recóndito.
En verdad quería amarla, pero para no distar su presencia debía mantenerme fuerte en este sometimiento de no expresarlo. No dejaba que la quiera bien. No quise quererla entonces. No jugué mas.
Me destrozó el cariño, me volvió una bestia despiadada que cuando buscaba cumplir mis equivocados deseos -sus deseos- terminaba por conseguir que deba enfrentarme, cada vez mas, con mi ser psicópata; este ser que antes de ella no sabia que guardaba.
Ella se empeño, termino por lograrlo, hizo salir a flote mi desquiciamiento en el tiempo que vino hacia mi en beneficio de su propio desprecio. Su desprecio concluyo con mi propio desprecio, por consecuencia, termine por despreciarnos a los dos.
Imagino, y aunque deseo me haya engañado también en esto de pensar, que nunca se quiso de verdad.
Ya por mi lado y con el transcurso del tiempo, comencé a sentir asco de mi manera de ser: una animalia. Desde ese día, no volví a verla, y desde entonces... preferí quedarme con este magnifico recuerdo: Ella, hamacándose como una niña a la que le estremece el viento en la cara, cuando el viento destapando devotamente su vestido, la demostraba queriéndose bien al fin.
Espero que puedan llevar su imaginación a los lugares menos o mas pensados, y no se limiten sobre ningún rincón.
Páginas
domingo, 2 de octubre de 2022
Verano
lunes, 29 de agosto de 2022
Muerte súbita
Esa tarde me encontraba sobreexcitado. Ella subió las escaleras con atención, prestándole el adecuado cuidado a cada paso que daba. Era como si pidiera permiso con cada uno de los movimientos de sus caderas. Fue despacio. Mantuvo la calma. La sentí diferente, empero, no esperaba lo sucedido en esa habitación...
Después de sentarse en la cama y quedarse en silencio por algunos minutos, acomodo mi cuerpo con cuidado y beso cada parte de mí como si me cortejara de verdad. Me acaricio dócilmente. Me tomo delicadamente. No llego a besar mi frente y, sin embargo, si beso mi corazón que estaba siendo desgarrado por una boca que no suspendía su camino. Detrás de mi, comenzó por masajear cada musculo de mi espalada, fue recorriéndolos sin ser excluyente con ninguno. Retrocedió de su posición inicial para dirigirse hacia abajo, a mis piernas, y cuando parecía que cesaba prosiguió con mis pies mientras yo me encontraba disfrutando boca abajo. Cruzó por un costado hacia la cabecera, giró mi cuerpo, y coloco mi cabeza entre sus piernas, en aquel momento fue cuando volvió a hacerlo, cuando volvió a masajear mi cuello, cuando luego debilito con los círculos que formaban sus dedos en mi rostro cada tensión retenida, cada emoción contenida. Todo el rencor o enojo que alguna vez había sentido se había evaporado.
La pequeña señorita desamparaba mis noches, pero ahora, ya no eran nada, no existía tal sensación de desamparo. Siquiera podía existir algo que sea comparable con estos diez minutos. Invirtió el polo norte en polo sur, el horizonte dejo de ser horizonte, pasaba de ser montaña simple a volcánica, manifestándose solo en ese instante. Fueron los minutos más prodigiosos de toda mi absurda vida. Después de los masajes volvió a tocarme con amor. Esta vez, con amor, hizo evidente que su pretensión era la que yo pudiera percibir esta acción como la que utilizaba, cuando sin verbalizar me pedía que la cogiera. Pero, contrariamente, no me dejo hacerlo. Esta vez no me ordenó, no rebusco en la forma bestial. Se acomodó sobre mí siendo totalmente cuidadosa con cada movimiento que su cuerpo perpetraba, y aunque de perpetrar se trate, no se sintió un crimen cuando estuvo sobre mí, apoyo su pecho contra mi cara, y luego, tomando mas distancia, me rodeo con sus dos manos por detrás de la nuca con ternura. No fue un crimen... se sintió a muerte súbita. Se movió tan minuciosamente como si yo fuera un cachorro al que no quería lastimar. Me beso en los labios, dos, o tres -quizás cuatro veces. Me hizo el amor suavemente. No abrevió, ni trato de hacerlo. Sus caderas llevaban el compás de un piano que a mis oídos les sonaba cálidamente: notas bajas, suaves, relajantes. Su pecho se inclinaba sobre el mío con agrado y esmero, se inclinaba como pidiendo permiso. Yo la amaba hace tiempo, y nunca lo dije. Ella, había dicho te amo.
jueves, 25 de agosto de 2022
Farsante
lunes, 22 de agosto de 2022
Fantasia
Nunca estuvo del todo bien.
Ese paisaje que invente, esa burbuja que cree para sentirme mejor, todo eso y más, se desmorona cuando pienso en vos.
Lo cruel que puedo ser por ponerte sobre mi ¿Obsesión quizás? ¿Amor? Tal vez...
Nunca nada se sintió tan real como tu voz al teléfono.
Vos me dejaste y yo aún quiero ir.
¿A donde querré llegar? si en ningún lugar vas a estar.
Todos esos besos que alguna vez me diste, los guardo en el cuerpo porque es donde caben.
Quizás tu forma de ver el mundo me atrajo, y no me dejo escapar
sábado, 20 de agosto de 2022
Agujero negro
Sos mi agujero negro
Me deprimi pensando en vos,
estas ahi cuando tengo momentos a solas.
El mate me gusta pero no sabe igual sin vos.
Quiero un abrazo calentito.
Un beso, a la mañana.
Te quiero, eso pasa... ¿Va a pasar?
Pasa que nada parece solucionarse si no estas vos.
Lo que en realidad pasa es que siempre te extraño,
aunque me lo niegue, siempre.
Es que... tu despedida nunca fue despedida.
Siempre que te fuiste, te quedaste.
Partiste mas que el sol al horizonte cuando hay humo alrededor.
Tengo que pensar mas de dos veces.
Quizas me volvi un poco mentirosa.
Vos sos mi color favorito, en este momento.
¿Hasta cuando voy a usarte?
¿Por qué quiero hacerte poesia?
Quiero hacerte cancion
Quiero hacerte
Quiero verte de mañana. A las siete
Quiero la combinacion de tu habitacion, y vos, en un cuadro.
Vos sos un cuadro
Quiero admirarte.
Quiero volver a pintarte.
Tengo problemas para manejar las emociones
¿Quizas deba aceptar?
Aceptar que los vicios nunca fueron vicios, comparados con vos
¿Como puedo pretender encender un cigarrillo, en medio de una tormenta?
Dijo Freud
Sigue doliendo. ¿Busco el dolor? Siento el drama. Me axfisio.
«Si no cambiamos de dirección, podemos terminar donde empezamos»
miércoles, 27 de julio de 2022
No me demandes por daños y perjuicios
Estabas en mis manos otra vez.
Recordaba como tus dedos se marcaban en mis glúteos después de pedirte con
ansias, y sin pena alguna, que repitas el golpe una y otra vez. Aunque
quisiera, nada dolía mientras te pensaba. Mis pezones comenzaban a exigirte. Quería volver a poder exigir que te desvistas lentamente cuando toda mi ropa interior
ya se encontraba lubricada. Codiciaba sacarte
la ropa con desquicio, que está ya no se encuentre puesta era la fantasía a la
que recurría mi mente todo ese tiempo en que mis manos comenzaban a imitar estas
imágenes que se creaban cuando el cuerpo empezaba a encenderse.
Percibir que estaba lubricada era
solo la iniciación. El cuerpo seguía este ritual, el cual no conseguía
procrastinar. No podía, porque era ahí cuando mi mente lograba ponerte la piel
al descubierto, y el cuerpo solo se tumbaba en el lugar que estuviera sin poder
contenerse. No importaba el paisaje que mis ojos estuvieran viendo, solo
importaban esas escenas sensoriales que mi cerebro creaba. Notaba el frio en
mis pies y lo sudorosa que podía volverme, estiraba mi cabello para sentirte
completamente, dejaba que mi temperatura se elevara al máximo para pasar al
siguiente paso. No estaba estructurado, pero de
alguna forma el cuerpo me lo indicaba. Las imágenes iban y venían, los sonidos
de estos pensamientos se podían escuchar tan reales como tenerte
reproduciéndolos. Quería, entre pensamientos, arrodillarme
y con mi lengua reconocer tu pelvis otra vez. Seguía el mapa de tu cuerpo con
exactitud mientras pasaba mi mano derecha por mi entrepierna, mientras con la
restante apretaba uno de mis pechos con la fuerza que lo habrías hecho. Que
ganas de que te vuelvas real, de que estés en carne y hueso detrás de mí.
No quise terminar sin sentir tu
penetración, algo que no podía sustituir ni con las millones de imágenes que
pudiera lograr generar. Pero no iba desistir. No podía escapar de mi mente sin lograr
su cometido final. Mi cuerpo giraba y se retorcía, se hamacaba
en mi mano sin prisa, condenándome a precipitar el final.
¿Cómo no ibas a dolerme? si todo mi
cuerpo te clamaba con el mismo dolor, si cada vez que lograba llegar al éxtasis
eras en lo que pensaba. Pero habías decidido robarme hasta los recuerdos -o querías
hacerlo-. No me demandes después de ser vos
quien me daba con golpes lo que pedía. Tus dedos se marcaban en mis glúteos, y
para mí no había mejor placer que ese.
domingo, 24 de julio de 2022
Zapatos de soledad
sábado, 23 de julio de 2022
Eva
Hoy cuando me dirigía a verla, me hallaba enojado. Pensaba realmente en qué era lo que me gustaba de tenerla cerca. Sabía que el problema no era tenerla cerca, sino distante, y quizás el enojo era por sentirme tan privilegiado por momentos de poder estar ahí de vez en cuando, pero siendo consciente de que el papel que jugaba la distancia iba a ser eterno. Estaba en protesta conmigo mismo. Quería hacerle piquete a la magia que ella me generaba cuando con su cuerpo me ordenaba. Era amargo el recordar cuando antiguamente ansiosamente esperaba el momento en que con mis virtudes, lograba que sus gestos fueran de un extremo al otro. Odiaba todo de ella; odiaba como con su inteligencia parecía comprenderlo todo al cien por ciento. Mientras yo, iba dándole tiempo al tiempo, para beneficiarme con su fervor.
Pobre de mí que le hablaba al oído; pobre de mí cuando la agarraba por la cintura con fuerza, pero sin querer dañarla. Pobre de mí, porque aunque intentara sobremanera apretarla solo en la justa proporción, ella en dos segundos pedía que me excediera; y yo -creyéndome pobre, no llegaba a ser ese alguien que la contrariara ¿Cómo iba a hacerlo? ¿Cómo iba a llevarle la contraria? Si nuevamente cuando la poseía, me admiraba solo de notar como pasaba de calma a intensa. Cuando a las trece, nos encontrábamos en la quince, con la puerta trabada y el aire encendido.
A mi edad he tenido el agrado, o la suerte, de haber tocado muchos cuerpos, de haber visto muchas caras en situaciones similares, pero ninguna como la de Eva. No puedo explicarles la causa porque simplemente si pudiera poner en palabras su gesto no estaría otra vez, en nuestro mismo lugar. Tal como su nombre la describe, era una tentación de mujer. Era una invitación, o tal vez mi obligación, a pecar. En alguna que otra ocasión, y bajo ciertas circunstancias, me invitaba a residir en su cuerpo ¿Cómo un ser tan angelical podía hacerme caer en pecado otra vez? ¿Provocarme así, generar esa la intensidad por tenerla? Eva lograba que mi cuerpo desesperadamente quisiera comer del fruto que se encontraba en medio del huerto. Esto, indiscutiblemente, generaba la pequeña señorita, hacía que me sintiera un fracaso como el propio Adán. Y ante mi propio fracaso, ella lograba su resultado. Me convertía como producto de su tentación, en un ser vulnerable a cumplirle. No había remedio de por medio, porque hasta mi mente pasaba a ser la serpiente. Y aunque en todo momento ésta me recalcaba que -comiendo del fruto no iba a morir- yo sabía que luego de este acto, con mis ojos una vez abiertos, conocería el bien y el mal. Un mal al que no quería volver, pero del que tampoco podía escapar.
miércoles, 20 de julio de 2022
El bar de la señorita
lunes, 18 de julio de 2022
El juego del saxo
Venían deseándose desde el bar. Se habían mirado en algún momento como sabiendo que buscaban el mismo desenlace. Tuvieron algunos roces. No compartieron palabras, pero sabían que se irían juntos.
Ella le dijo para irse, y él… bajo las escaleras. Escaparon
del lugar directamente al estacionamiento. Abrieron las puertas y acomodaron
los sillones. Si algo se complicó fue solo para darle inicio al momento. Ahora
el escenario era un auto, sobre una calle oscura, en medio de la ciudad. La
ropa de ella, ya no se encontraba tapando su cuerpo. No hicieron falta las
palabras en ningún momento porque todo instantáneamente se tornó a lo tántrico. Después
del reconocimiento previo, se gustaron. A ella la motivaba: lo pervertido, lo
indisimulado. Sabía que quería el jugo de él en cualquiera de sus partes. A él,
se lo veía decidido. Estaba predispuesto esa noche para dárselo. Darle esto que
ella ansiaba y le pedía con su cuerpo.
Accedieron mutuamente a los gemidos, sin pedir permiso,
sin dejar de prestar atención en el otro. Cada cual se posicionaba para dejarse
complacer. Porque cuando el cuerpo se posiciona naturalmente, las palabras no
son reproducidas. Entonces escalas de sinfonías fueron sintonizadas, los volúmenes
se volvieron armónicos, las pieles se fundieron con el mismo aroma. Un aroma
reconocido por ambos. Se amoldaron a la incomodidad de un reducido espacio y lo
supieron aprovechar, ya que con una buena posición, lo demás, se dimensiono
para coordinar el acto.
Ya ella de espaldas, encima de él, acomodo sus piernas
para lograr el cometido. Al final nada costaba.
El mejor de los rituales era ahora su figura ya ensamblaba con la de él, dándole
lugar a sus movimientos de caderas. Ella, como contorsionista, preparaba el
siguiente escenario. Si bien estaba apresurada para encontrarse con él en el
orgasmo, no obstante quería tomárselo con calma. Esta vez la ansiedad no iba a
ganarle al sentir.
Con su danza fue persiguiendo ese fin, pero con total calma,
disfrutando de la situación que le generaba sentir su pene dentro. Siguió actuando
conforme a su anatomía, y lo que esta le pedía. Paso de contorsionista a ser su
bailarina. Ella creaba los escenarios, y con su baile lo mantenía en órbita a él.
Este escenario en donde la entrada no se cobraba, solo se agradecía.
Para ella esto era el juego del saxo. Que quizás más que
un juego es el sonido que transcurre en su cabeza. Un saxo sonando. Su melodía la
lleva, la enciende, para seguir con su accionar. Este saxo que suena según sus
deseos, dejando a libre albedrio lo siguiente. Todos sus caprichos estaban
siendo cumplidos de la mejor manera posible. Él se dejaba cabalgar, sin quejas
y sin preguntas, solo gozaba del momento en donde ni las pequeñas luces que
llegaban a alumbrarlos importunaba.
Después de algún que otro orgasmo vaginal; ella, mientras
él la penetraba por detrás, frotaba con dos de sus dedos derechos, la terminación
nerviosa donde era acumulado todo su potencial, donde contenía un insuperable y
diferente orgasmo final. El, se encontraba en el mismo momento. Donde el
cuerpo sale de su cotidianeidad para explotar en otro estado. No estaban
cansados, solo querían acabar.
Mojo sus dedos. Los volvió a posicionar en su vagina;
frotando adelante y colando los restantes por debajo. El siguió penetrándola,
pero más rápidamente; mientras ella envolvía y empañaba con gemidos los
cristales del auto donde se encontraban. Ni el frio paro este momento en donde
entre cuatro o cinco gemidos finales, le provocaron el clímax. Ambos lo comenzaron, y ambos, con una sincronía, lo terminaron.
domingo, 17 de julio de 2022
No me perdones por nada
Hay personas que no nos merecen, que nos encuentran en un mal momento de nuestras vidas.
viernes, 15 de julio de 2022
Como un Dios
Mi cuerpo me ha hecho sentir tantas cosas que ni mi propia cabeza llego a
soportar. Mi sexo abrió puertas que no pude cerrar.
Mi cuerpo domina mi mente, mi cuerpo destroza mi razón. El morbo encuentra
huecos para entrar, y genera el instante en donde todo desaparece para ser calor, para ser hormonas encarcelándome. Una obligación a la renuncia de pensar.
00:53hs
Ya es viernes. No hace frio. Lo espero con ansias. Acá lo único frio es tener que escribir con mis dedos la historia que está creando mi mente, cuando con recuerdos logra que en mi segregue la hormona de la dopamina. Cuando pasando las cero me encuentro en mi cama con algunas imágenes apuñaladoras. Mejor sería si no tuviera los recuerdos, porque sería mejor instaurar uno nuevo. Pero existe esa cama, esa que mi cuerpo ansia tanto.
Una cama, una simple cama en medio de una
habitación. Una habitación de cuatro paredes, paredes que pretendían resguardar
aquellos gemidos. Gemidos de una boca que a la vez susurraba un <<que rico>>. Unos
labios que besaban aquella piel. Piel donde afloraba la transpiración. Una mente hipnotizada de tanto placer. Un placer
generándose en un punto clave, punto clave que, cuando era destapado, no dejaba
de hacer llover. Yo llovía arriba,
abajo, encima. Arriba de sus piernas; por debajo de mis glúteos; por encima de
su pecho.
Dos mentes retorcidas. Dos extremidades deseándose.
Dos dedos que buscaban mi boca, dedos que se conducen como pinceles. Pinceles
que van cargados de pintura. Pintura que
es esparcida con sus tres dedos restantes. Pintura que pintaba mis labios. Sus manos
tocaban mi carne y mis átomos parecían destruirse. Mi cuerpo era Chernóbil a punto de desatar la catástrofe
más colosal de la historia. Sus manos no dejaban de incitarme a este descuido. Yo
en mi rol de planta nuclear retrasando el disturbio.
El disturbio llegaba. El disturbio
siempre encontraba lugar; tarde o temprano ganaba. Era insoportable sentir como
solo se tomaba su tiempo; este tiempo contado secuencialmente. Su búsqueda
retorcidamente era encontrar ese momento seguro. Seguro para él, destructivo
para todo lo demás. Con un descuido mío, acertaba ese momento. Se tornaba inequívoco el minuto para dejarme
en coma. Como el agua y el fuego batiéndose a duelo. Una guerra que desataba
infiernos y tsunamis. Fuego en el interior, mareas en las superficies.
La boca era utilizada en conjunto, para
recorrerme con su lengua, morderme con sus dientes. Yo no podía usar las
cuerdas vocales para gritar porque la vocalización copulatoria equiparaba todo,
esto a causa de que ser fémina me condenaba a los jadeos.
Ahora era el momento de la almohada, esta
entraba como si fuera posición del Kama Sutra. Formaba parte ya que era atrapada
con mis dedos; era penetrada con mi cabeza, mojada con mi saliva. Allí era
cuando me imponía la posición de rezo, con la suerte de que las plegarias eran
respondidas instantáneamente. La cadera empezaba a elevarse formando una
columna vertebral de más centímetros. Su empuje constante pero riguroso iba profundizándose,
era tan profundo que dejaba de ser constante. Dejaba de ser constante porque
comenzaba a variar. Y era tan variable
que terminaba sacando esta contención que generaba la almohada. Afuera la
almohada. Arriba mi cuerpo del suyo.
Las plegarias esbozaban que rasguñe mi
espalda, que me jale del cabello, con fuerza o sin, sin límites por favor. Que use
sus manos en combinación, las dos apretándome debajo de las costillas, donde la
cintura se sienta bien.
Los escenarios son, ahora, donde la luz
principal se posiciona en mojarme más, pero siendo solo el comienzo. Mis genitales
le hablan por mí. En mi último intento les ordeno y ruego que paren, pero que si
se detienen sea solo para volver a iniciar. Ya sintiendo el fuego en alguna
parte que no comprendo para señalar voy mutando, convirtiéndome con la
metamorfosis. Mi cuerpo sintiendo llamas que van bajando, punzando desde mi
interior con este fuego, fuego y electricidad. Electricidad que no deja de progresar,
y que con un poco de más voltios terminaría conmigo en ese, contenido pero
conseguido, grito. Grito que al final triunfa. Desenlace donde mi electrificado
yoni propicia el desmayo.
Él era mi Dios, porque gobernaba todos
mis sentidos.
miércoles, 15 de junio de 2022
La pequeña señorita
Me acerque a pedir una hoja a un extraño del café ya que me olvide la agenda en el suelo del auto, y no pensaba salir con el frio que hace, hasta el estacionamiento donde lo deje –a unas 10 cuadras-. Un momento atrás salí a fumar un cigarrillo en el sol, pero el frio esta tan tremendo por estos lados que no es soportable para mi porque de despistado –o inconsciente- me saque el sobretodo en el auto mientras tomaba un amargo más temprano. Termine acá, escribiendo, todavía me encuentro esperando el café, pero ya sin frio. De repente veo que entra una particular señorita, esta pequeña. Si bien se notaba que era mayor de edad; tenía la contextura de una de entre 19 o 25 años de edad. La forma en que vestía y todos sus artilugios, me hicieron prestarle atención.
Llego el café, y que buen café. También en este momento le estoy prestando atención, y observándola... Cuando de repente escuche su conversación con la moza del lugar que le dijo: -Uy discúlpame- a lo que esta le respondió entusiastamente -No, no pasa nada. Muchas gracias. Hace frio ¿no?, sonriendo agrego -Sí, se vino con todo. Bueno hermosa, que lo disfrutes. Entonces la señorita agradeció y termino con un "muy amable".
El café estaba riquísimo, estaba caliente pero en el punto justo, ni muy caliente como para quemarse, ni muy frio como para no ser disfrutado. Lo había dejado negro, y estaba emocionado por beberlo de a pocos sorbos para que no se acabe. A ella, al igual que a mí, también le trajeron de regalo en el platillo del café, un conejito de pascuas de chocolate. Yo, lo iba a comer -aunque lo detestaba-, me pasa algo parecido con las vitaminas, o medicamentos, odio tomarlos, pero sabemos en cierto punto que si lo hacemos, es porque nos hacen bien. ¿Y por qué lo odiaba entonces? En primer lugar: por su forma ¿Qué tenía que ver un conejo con pascuas? Es algo que no entiendo. Segundo, no era chocolate del amargo, y yo soy fanático del chocolate pero de los que tienen mínimamente sesenta porciento de cacao amargo. Pensaba que comérmelo era un pecado, pero tenía ganas de correr riesgos. Lo iba a comer, porque al final, es como con el futbol -aunque sea muy fanático-, algunas veces te corrompes de pecho frio porque no termina siendo un partido bueno como quizás esperabas. Bien, igualmente termine por decidir no comerlo. Note que ella tampoco lo comió, se ve que no lo quería, ni lo necesitaba. Lo devolvió a su moza. Esta se encontraba sola, y por dentro mío pensaba en porque una mujer se encontraba sola este día, en el mismo lugar que yo. Era hermosa pero no lo demostraba físicamente, era hermosa porque cuando termino su café tuvo el gesto de levantarse y les alcanzarle los utensilios y vajilla, a las chicas del lugar.
De repente, una pareja ingresa al local, y ella se queda intrigada observándolos, eso de igual forma me llamo la atención. ¿Será porque me sorprendió su hermosura? –Como dije más adelante-. Siempre que estoy escribiendo me distraigo y me surgen preguntas, por ejemplo; ¿Seré tan distraído que olvide mi agenda? y por eso es que estoy escribiendo en un papel regalado que atrás dice <<rendimiento dólares “últimos 12 meses”>> del mes de abril, algo sobre un plazo fijo, no sé muy bien…
Retomando la historia del día: En este momento le sigo prestando atención a la pequeña señorita. Traía una polera mostaza, los labios fucsias, y el pelo recogido en un rodete con un lápiz, lo que me hizo concluir de que también escribía. Pero se notaba que estaba allí sola, viendo a esta pareja porque anhelaba, o añoraba, un poco de esa sustancia, un poco de ese cariño o contención. Por como los miraba se ve -o percibí-, que deseaba sobremanera estar en ese lugar, en pareja sonriendo, y compartiendo una comida un día frio como este. Pero creo –ojala no me equivoque- estaba en soledad por decisión.
El dolor
domingo, 12 de junio de 2022
Salsa, polenta, y agua.
Todavía pienso en ella;
Y más cuando tengo alguna agenda y bolígrafo encima.
Me siento enfermo;
de no sentir su frescura,
me da escalofríos escuchar la música,
y solo querer hacerle el amor.
Me siento enfermo porque el cuerpo no funciona;
mi mente todavía se encarga de traerla devuelta hacia mí.
Su cuerpo desnudo sobre el mio;
su aroma a jabón brasileño,
sus piernas particulares –con las que me podría envolver en la eternidad-
Salir de la realidad me parece un hecho imposible;
como pretender que dejase de hacer frio un sábado 11 de Julio en Buenos Aires.
El frio polar no vino solo;
con el trajo nieve en mis manos (estas ya no pueden tocar, ni sentir otras).
En el bar bailan salsa en pareja (obviamente la costumbre);
y si usted fuera mi pareja de baile,
no solo le bailaría.
En la imaginación puedo hacerle mil cosas;
Y gracias a Dios todavía no me culpan por ello.
Tengo un rollo fotográfico entero de sus gestos, sus extremidades,
asi la recuerdo.
No puedo evitar su ternura;
su mágico andar por mis calles.
me transitó hasta que con sus pisadas dejo huellas imborrables.
Y si fuera tan fácil,
como ser algún camino,
solo tendría que pasar nuevamente por allí,
para lograr borrarlas.
Y pase…,
la invito a volver a pasar por aquí.