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martes, 10 de mayo de 2022

Noche especial

    Esa noche era especial. Tenia traumas que la hacían salir de su esquema habitual. Y esta fecha que recordaba, era la peor. Estaba tan dañada que, aunque no lo reconociera, buscaba contención. Pero no cualquier contención. Estaba tan dolida ese domingo: le dolía la vida, su alma, se partía todo su interior, y sangraba al punto de no caberle tanta sangre dentro del cuerpo. 
    La noche era especial, aunque nada tenía que ver con el goce y el placer. La pasaba mal y no lo decía. Quería llorar sin que nadie la abrace. Necesitaba llorar porque entre la sangre acumulada y el resto, no cambian ni las lágrimas en su interior. Tenía un desastre en su departamento, y no pensaba siquiera ordenar porque entendía que nada iba a arreglarla, ni sus obsesiones con la limpieza, ni sus tocs no resueltos, y tampoco usar su cuerpo con algún Juan que la cobije y la duerma después de haberle hecho el amor. Quería mirar para un costado a todo, no hacer caso a nada. No podía hacerlo... Pensaba en todo y en nada a la vez. Pensar también le dolía. Había roto, horas antes, su copa favorita; perdido su auto por un control de alcoholemia. Se acababa de levantar y lo único que quería era quedarse acostada fumando un cigarro de los convertibles, esos que había intercambiado por sus tan amados cigarrillos favoritos. Esto, en conjunto, fueron su despertar ese domingo. Los pájaros cantaban y ella podía escucharlos. Se dejaba llevar por ese sonido para sosegar sus pensamientos. Ya estaba cansada de llorar, no quería hacerlo más. No le solucionaba nada, o eso quería creer. Ya no sentía romperse más, porque cada vez que se rompía dejaba atrás -nuevamente- un pedazo viejo de ilusiones para con su vida. Se hundía tanto, y le era tan cómodo, que de ahí no deseaba volver.


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