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miércoles, 15 de junio de 2022

La pequeña señorita

26 de Mayo/Rosario. 12:09hs
 
Me senté a tomar un café como de costumbre. Estoy en Rosario, y afuera hace frio. Me encanta esta ciudad; siempre que vengo me impresiono como si fuera la primera vez. Amo todo de ella: sus olores, su gente, colores, gustos. Amo el hermoso club de Newells old boys del que soy fanático. Aunque no obstante, escuchando a Freddie Mercury en el café  esta mañana, pensaba en que siempre vengo y nunca había podido ir, ni disfrutar, siquiera ingresar y conocer por dentro al club. Es una de esas cosas que tengo pendiente, y odio lo pendiente: porque sufro de ansiedad. Y la ansiedad genera, o digamos, casi siempre me gobierna. Digo casi siempre… porque en este momento estoy controlado con algunos estímulos externos.
Me acerque a pedir una hoja a un extraño del café ya que me olvide la agenda en el suelo del auto,  y no pensaba salir con el frio que hace, hasta el estacionamiento donde lo deje –a unas 10 cuadras-. Un momento atrás salí a fumar un cigarrillo en el sol, pero el frio esta tan tremendo por estos lados que no es soportable para mi porque de despistado –o inconsciente- me saque el sobretodo en el auto mientras tomaba un amargo más temprano. Termine acá, escribiendo, todavía me encuentro esperando el café, pero ya sin frio. De repente veo que entra una particular señorita, esta pequeña. Si bien se notaba que era mayor de edad; tenía la contextura de una de entre 19 o 25 años de edad. La forma en que vestía y todos sus artilugios, me hicieron prestarle atención.
Llego el café, y que buen café. También en este momento le estoy prestando atención, y observándola... Cuando de repente escuche su conversación con la moza del lugar que le dijo: -Uy discúlpame- a lo que esta le respondió entusiastamente -No, no pasa nada. Muchas gracias. Hace frio ¿no?, sonriendo agrego -Sí, se vino con todo. Bueno hermosa, que lo disfrutes. Entonces la señorita agradeció y termino con un "muy amable". 
El café estaba riquísimo, estaba caliente pero en el punto justo, ni muy caliente como para quemarse, ni muy frio como para no ser disfrutado. Lo había dejado negro, y estaba emocionado por beberlo de a pocos sorbos para que no se acabe. A ella, al igual que a mí, también le trajeron de regalo en el platillo del café, un conejito de pascuas de chocolate. Yo, lo iba a comer -aunque lo detestaba-, me pasa algo parecido con las vitaminas, o medicamentos, odio tomarlos, pero sabemos en cierto punto que si lo hacemos, es porque nos hacen bien. ¿Y por qué lo odiaba entonces? En primer lugar: por su forma ¿Qué tenía que ver un conejo con pascuas? Es algo que no entiendo. Segundo, no era chocolate del amargo, y yo soy fanático del chocolate pero de los que tienen mínimamente sesenta porciento de cacao amargo. Pensaba que comérmelo era un pecado, pero tenía ganas de correr riesgos. Lo iba a comer, porque al final, es como con el futbol -aunque sea muy fanático-, algunas veces te corrompes de pecho frio porque no termina siendo un partido bueno como quizás esperabas. Bien, igualmente termine por decidir no comerlo. Note que ella tampoco lo comió, se ve que no lo quería, ni lo necesitaba. Lo devolvió a su moza. Esta se encontraba sola, y por dentro mío pensaba en porque una mujer se encontraba sola este día, en el mismo lugar que yo. Era hermosa pero no lo demostraba físicamente, era hermosa porque cuando termino su café tuvo el gesto de levantarse y les alcanzarle los utensilios y vajilla, a las chicas del lugar. 
De repente, una pareja ingresa al local, y ella se queda intrigada observándolos, eso de igual forma me llamo la atención. ¿Será porque me sorprendió su hermosura? –Como dije más adelante-. Siempre que estoy escribiendo me distraigo y me surgen preguntas, por ejemplo; ¿Seré tan distraído que olvide mi agenda? y por eso es que estoy escribiendo en un papel regalado que atrás dice <<rendimiento dólares “últimos 12 meses”>> del mes de abril, algo sobre un plazo fijo, no sé muy bien…
Retomando la historia del día: En este momento le sigo prestando atención a la pequeña señorita. Traía una polera mostaza, los labios fucsias, y el pelo recogido en un rodete con un lápiz, lo que me hizo concluir de que también escribía. Pero se notaba que estaba allí sola, viendo a esta pareja porque anhelaba, o añoraba, un poco de esa sustancia, un poco de ese cariño o contención. Por como los miraba se ve -o percibí-, que deseaba sobremanera estar en ese lugar, en pareja sonriendo, y compartiendo una comida un día frio como este. Pero creo –ojala no me equivoque- estaba en soledad por decisión.

El dolor

¿Por qué deseamos que duela?
vamos ahí...
como pidiendo que nos pongan sal en la herida,
y después...
clamando por una curita que nos repare.

domingo, 12 de junio de 2022

Salsa, polenta, y agua.


Todavía pienso en ella;

Y más cuando tengo alguna agenda y bolígrafo encima.

 

Me siento enfermo;

de no sentir su frescura,

me da escalofríos escuchar la música,

 y solo querer hacerle el amor.

 

Me siento enfermo porque el cuerpo no funciona;

mi mente todavía se encarga de traerla devuelta hacia mí.

 

Su cuerpo desnudo sobre el mio;

  su aroma a jabón brasileño,

sus piernas particulares –con las que me podría envolver en la eternidad-

 

Salir de la realidad me parece un hecho imposible;

como pretender que dejase de hacer frio un sábado 11 de Julio en Buenos Aires.

 

El frio polar no vino solo;

con el trajo nieve en mis manos (estas ya no pueden tocar, ni sentir otras).

 

En el bar bailan salsa en pareja (obviamente la costumbre);

y si usted fuera mi pareja de baile,

 no solo le bailaría.

 

En la imaginación puedo hacerle mil cosas;

Y gracias a Dios todavía no me culpan por ello.

Tengo un rollo fotográfico entero de sus gestos, sus extremidades,

asi la recuerdo.

 

No puedo evitar su ternura;

su mágico andar por mis calles.

me transitó hasta que con sus pisadas dejo huellas imborrables.

 

Y si fuera tan fácil,

 como ser algún camino,

solo tendría que pasar nuevamente por allí,

para lograr borrarlas.

 

Y pase…,

la invito a volver a pasar por aquí.

 

jueves, 2 de junio de 2022

La manzana

Armo escenarios donde algunas situaciones se asemejan; tal vez con la idea de que el momento sea compartido, y no solo genere el pensamiento sobre una persona.
Busco el librar mi mente de recuerdos donde encasillar a “algún/alguna” sea para salir totalmente de esa responsabilidad de sentir ese apego emocional, sentimental.
Comparto mis gustos; mis creencias libremente, para que quien se quede, solo elija entender esa situación, elija si ser parte o no, de unos propios gustos exclusivos.
Acá nada es exclusivo, únicamente eso se da entre dos que buscan ese fin; o que sin buscarlo se da del libre albedrio momentáneo.
Ahí está la elección entre comer o no la manzana prohibida; adquirir el conocimiento, o dejar a un lado esa elección que a veces simplemente se da con el mismo tiempo interpuesto entre dos.
Nada que sea impuesto puede estar bien; en mi parecer; los que imponen no nos dan elección. Porque justamente “imponen”. Elegir en diferente; elijo que me genera el gozo; elijo porque así lo siento. Y si lo siento viene la responsabilidad, al menos en mí, es como que cuando me esta generando este <ser responsable> me transporta a ese lugar en serlo entre lo que elijo y pienso. Pasa que mí actuar, mi "ideal", siendo justo o injusto para los demás; es aplicado para que no cause un daño que deba luego deba ser subsanado, reparado.
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